
por Leonardo Moledo
Qué busco en la oscuridad.
Algo que calme el miedo, huele, huela a miedo.
No sé si deberías estar aquí. ¿Te correspondería la tapa de un diario?
El cielo estrellado... da vértigo.
Ni siquiera sé tu nombre. No sé quién sos y no sé nada de tu vida.
Infinitas estrellas... veo un punto que se mueve.
Un punto rojo. Tranquilidad. Un punto rojo.
No sé exactamente dónde estás. Sólo sé que estás
en cualquier hospital
busco, busco-busco rastros de vida, los... los países fabulosos del Preste Juan poco oxígeno sí, se me escapa, se te escapa y todo mi cuerpo se hincha para respirar y todo tu cuerpo esta entregado a la respiración, como si rompiera una escafandra de metal. Las estrellas. Y el Preste Juan. Pónganse a salvo. Cuiden a los niños. Sobrevivan.
En cualquier hospital, en algún sanatorio.
(pausa)
Y que te estás muriendo.
Tagaroo, con gritos de alegría,
agitando las manos a la luz del sol
y un acotus... acostus...
Y que te estás muriendo en este preciso instante.
Una vibración muy pequeña y veloz.
Y que estás muy solo, tan solo como puede estarlo un hombre cuando se va a morir.
¿No merecés estar aquí, vos que sos quien está más solo en el mundo?
Hasta unos instantes te atendieron y te acariciaron, trataron de introducir en tu cuerpo líquidos y medicamentos que te mantuvieran vivo, que sostuvieran por un rato el hálito vital.
Rostros conocidos y queridos se inclinaron sobre vos, y te besaron, sus manos
apretaron las tuyas, pero ahora todo se vuelve borroso, porque el que se va a morir sos vos, y ellos seguirán viviendo.
Hay una barrera total, que no sé atravesar de pronto, son tan extraños, tan lejanos, tan diferentes, y vos estás solo, absolutamente solo ante la nada inexorable que te empieza a atravesar. Ellos están vivos y vos te estás muriendo. No existe una
distancia mayor, no se puede concebir mayor diferencia. Ya no hablarás con nadie, y ya nadie te dirá nada.
El mundo vacío, ...encio silencio, ahora estoy solo ¡silencio! (pausa, silencio absoluto). Se mueven y los veo, brillosamente, se borran...
Silencio absoluto, en el que ningún sonido se transporta. Que el silencio diga lo que tiene que decir, la nada te alcanza con su garra amistosa.
El mundo, sí, ya lo veo, los veo moverse hablar entre ellos en voz baja, mientras yo estoy entregado a la respiración.
Te estás muriendo
De pasearnos a cuerpo. Amanece. Oh, dulce Sol, Ra, Enlil, Febo, Apolo, que tienes arco de plata, que mandas en Micenas, la dorada, y reinas en Argos poderosamente. ¿Por qué no castigas a los aqueos, de doradas grebas y no les haces pagar mis lágrimas con tus flechas? –ya es hora ¡llama al dios de la guerra, y que me rescate como cuando sobre un mundo poblado por temerosas criaturas que apenas osaban alzarse y erguirse, te elevaste por primera vez, trayéndoles alivio tras la larga y peligrosa noche que me invade ahora, la pálida garra de la Nada. Y fuiste capaz de separar. Tratás de respirar, tu miedo está atravesado por el oxígeno, y por lo normal de lo terrible, lo bueno de lo malo, la figura nítida del fondo confuso y borroso del destino el delicado oxígeno, que para mí ahora vale más que las piedras preciosas, el –precioso– reloj del oxígeno que corre implacablemente hasta que su último rastro-se-extinga en mis pulmones. Merecerías esto, estar aquí, figurar entre los héroes, un brillo mortecino y vidrioso, alguien mueve de pasearnos a ¡cuerpo la mano frente a tus ojos y estás solo todos se van, se alejan lo que quisiste quiero querés llamarlos todo se vuelve ya no vidrioso veo