Los momentos clave

Nora Cortiñas *

“Que los culpables vayan a cárceles comunes”

Hay muchas imágenes que me impactaron en este camino recorrido junto a las Madres. La primera es el momento que me enteré de que se habían llevado a Gustavo. La última vez que lo vi se estaba subiendo a un micro en Mar del Tuyú. Era la Semana Santa de 1977 y la habíamos pasado en familia, aunque en esa reunión faltaba el cuñado de Gustavo, que estaba preso desde 1975. Gustavo y su esposa y Marcelo y su novia se volvieron para Buenos Aires el domingo de Pascua a la tardecita. Nosotros nos quedamos dos días más. Cuando regresamos a casa nos dijeron que Gustavo no había vuelto desde el día anterior y que había habido un operativo. Ahí empezó la lucha.

El segundo recuerdo fuerte es el de la primera vez que fui a la plaza. Fue en los primeros días de mayo de 1977, poco después de que las Madres comenzaron a reunirse. Todavía no daban la vuelta a la pirámide. Estaban paradas cerca del monumento de Belgrano, deliberando cómo podían hacer para entrar en la Casa Rosada. Las caras de las madres son imborrables. Eran caras de tristeza pero a la vez de apuro, apuro por encontrar a los hijos con vida, porque en ese momento no pensábamos que no los íbamos a ver nunca más. Las primeras imágenes de la plaza son de la monja Alice Domon caminando con nosotras, sin su hábito pero con una cruz de madera colgada al cuello, de todas las Madres sentadas en un banco después de las rondas o apuradas porque nos perseguían. También, la cara de Alfredo Astiz del 8 de diciembre de 1977. Nos encontramos con él antes de entrar a la plaza y le dijimos que se vaya, que no viniera más porque era peligroso. Seguramente él se había bajado de un Ford Falcon. Nosotras estábamos terminando de juntar dinero para la solicitada que salió el 10 de diciembre y que les costó la vida a Azucena, Ester, Mari, las monjas francesas y otros compañeros.

En enero de 1978 nos enteramos de que habían aparecido cuerpos en la costa de Santa Teresita y nos imaginábamos que podían ser de las Madres desaparecidas o de alguno de nuestros hijos. Con Pepa Noia y Chela Mignone fuimos a Chascomús para pedirle ayuda a Alfonsín, quien nos dijo que no podía hacer nada y nos derivó a la comisaría de General Lavalle.

Apelamos a la Iglesia. Monseñor Castaña nos recibió en penumbras y nos dijo que los cuerpos hallados en Santa Teresita eran de unos marineros chinos que se emborrachaban, se peleaban y se tiraban por la borda.

Recuperar los cuerpos de las Madres fue, además de dramático, algo mágico. Las tres militaban juntas en la búsqueda de sus hijos e hijas, fueron secuestradas juntas, juntas fueron llevadas a la ESMA, aparecieron juntas y juntas fueron enterradas. La identificación de sus cuerpos significó una respuesta después de 29 años y también fue un mensaje. “Sigan luchando. Estamos acá para demostrar la siniestra y planificada metodología de la dictadura.”

Para los militares la desaparición era el final, pero la historia la estamos escribiendo nosotros, ahora y de otra manera: buscando justicia y buscando la verdad de todos los desaparecidos. No queremos venganza, queremos que todos los culpables vayan a cárceles comunes.

* Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora.

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