La ortodoxia económica alerta a la sociedad acerca de la tragedia que sobrevendrá tras incurrir en una situación de déficit fiscal y, peor aún, si se financia con emisión monetaria. Este razonamiento resulta falaz. Por detrás de esta argumentación se encuentra la idea de proyectar en el tiempo con el objetivo de demostrar su inconsistencia. Se supone asà que la situación de déficit será persistente, lo que implicarÃa un comportamiento creciente de la emisión monetaria, concluyendo que la misma generará inflación.
El razonamiento descripto ignora completamente que el sostenimiento del gasto público tiene un efecto expansivo sobre la actividad económica, que afecta positivamente a la recaudación futura, revirtiendo la posición deficitaria hacia adelante y sin incurrir en pérdida de empleo.
Resulta importante destacar en este punto la composición del gasto público. En la actualidad, el gasto público nacional presenta como componente principal el correspondiente a las prestaciones de seguridad social, que representan el 45 por ciento del gasto total del Sector Público No Financiero. En segundo lugar se encuentran las transferencias corrientes, tanto al sector público como al privado, con un 28 por ciento, y en tercer lugar, el gasto de consumo y operación, con un 17 por ciento.
De análisis econométricos realizados para la economÃa argentina en los últimos años se desprende que el gasto en servicios sociales tiene el mayor impacto sobre el nivel de actividad, seguido por el gasto primario total y luego por el resto de los componentes. En el caso del gasto social, una variación porcentual en la tasa de variación del mismo genera un incremento de casi 1,25 por ciento en el Producto a lo largo de doce meses. Es decir, la estructura actual del gasto público genera un impacto relevante sobre el nivel de actividad, permitiéndole a la economÃa sostener el cÃrculo virtuoso de preservación del empleo, consumo, inversión y crecimiento.
En un contexto de crisis internacional, que genera desaceleración de la actividad económica doméstica y su consecuente caÃda en la recaudación, es necesario que el Estado como regulador del sistema económico lleve adelante polÃticas económicas contracÃclicas, de manera de amortiguar el impacto del shock, y no polÃticas de ajuste que no generarÃan otra cosa más que potenciar el mismo. En el corto plazo, esta situación puede empujar a la economÃa a un cuadro de déficit fiscal, completamente válido, con el objetivo de sostener el crecimiento. Esta situación de déficit requerirÃa de una fuente de financiamiento en el corto plazo. Años atrás se recurrÃa a los mercados financieros internacionales, condicionando la evolución macroeconómica posterior, y generando una carga por la deuda contraÃda al gasto futuro, quitándole al mismo su carácter productivo y su potencial efecto multiplicador sobre el Producto. En cambio, el modelo económico argentino sostiene hoy una polÃtica de desendeudamiento, que permitió, entre otras cosas, que la composición actual del gasto público sea la descripta, y que se haya reducido sustancialmente la carga por pago de intereses.
Esta situación otorga grados de libertad muy importantes a la economÃa doméstica a la hora de enfrentar la crisis internacional, debido a la baja necesidad de financiamiento en el corto plazo. Esta necesidad puede medirse a partir de la suma del déficit fiscal (después del pago de intereses) y los vencimientos de deuda de corto plazo. Este año la sumatoria de estas dos variables para nuestra economÃa alcanza un 3,5 por ciento del PIB, saldo financiable con adelantos transitorios del Banco Central. PaÃses como Estados Unidos o España presentan valores por encima del 20 por ciento del PIB, que los condiciona a la necesidad ineludible de depender del ánimo de los mercados financieros al momento de decidir sus polÃticas económicas. Esto explica, en parte, la adopción de medidas de ajuste de esos paÃses en un contexto recesivo.
Es importante comprender que, por detrás del fantasma del déficit fiscal y de la emisión monetaria, existen intereses que plantean insistentemente la vÃa del ajuste a pesar de sus sistemáticos fracasos pasados
* Economista de La graN maKro, docente UBA.
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