Luego de cierta inactividad en los meses previos a las elecciones, la actual administraci贸n se sacudi贸 la modorra y avanz贸 en dos frentes con medidas que adelantan direcciones y ejes de gesti贸n. Estos frentes son el cambiario y el fiscal. Comprender ambos frentes demanda aclaraciones. En lo econ贸mico el modelo kirchnerista nunca fue expl铆cito, sino t谩cito. Nunca existi贸, por ejemplo, algo parecido a un plan de desarrollo. Aunque con lineamientos muy marcados 鈥渆l modelo鈥 fue, antes que nada, resultado del pragmatismo. La materia original fueron las necesidades acuciantes de la salida de una de las peores crisis de la historia econ贸mica argentina. Los lineamientos fueron el crecimiento conducido por la demanda y la recuperaci贸n del empleo y el salario. El resto fue construcci贸n y, en origen, supuso tipo de cambio competitivo, segmentado v铆a retenciones, y desendeudamiento.
Pero en el presente algunas variables muestran signos de agotamiento. Por ejemplo: la puja distributiva gener贸 aumentos del 铆ndice general de precios. Pero la inflaci贸n no ser铆a un problema si no fuese por su interacci贸n con el tipo de cambio. La inflaci贸n tambi茅n se registr贸 en d贸lares. La primera consecuencia fue la m谩s conocida para los casos de revaluaci贸n: la p茅rdida de competitividad. Tras el superd贸lar de la inmediata posconvertibilidad, era esperable una reducci贸n de m谩rgenes, pero la reducci贸n no puede ser infinita. A medida que el d贸lar se hace m谩s barato aparecen algunos problemas. El principal es la 鈥渞estricci贸n externa鈥. Primero el super谩vit de divisas se reduce, luego desaparece y finalmente reaparece el d茅ficit. Si esto 煤ltimo ocurre pueden suceder dos cosas: se evaporan las reservas internacionales o se recurre al endeudamiento externo. Pero conviene no exagerar, por ahora la econom铆a est谩 s贸lo en el primer escal贸n de la restricci贸n: la reducci贸n del super谩vit externo. Esta reducci贸n responde a por lo menos tres razones. La primera es que el abaratamiento del d贸lar alienta las importaciones. La segunda es que reduce la competitividad de las exportaciones, y la tercera es que fomenta la salida de capitales. Esta tiene varias formas. La primera son los ahorristas pas谩ndose a d贸lares en busca de reserva de valor, la segunda es la fuga propiamente dicha y la tercera es que las filiales locales de las multinacionales giran al exterior m谩s utilidades porque sus ganancias en d贸lares son mayores. Estos elementos sirven para comprender las alianzas sociales que se generan a favor de este statu quo.
El sector financiero, las multinacionales y el capital importador se encuentran c贸modos con la revaluaci贸n, mientras que los sectores productores de bienes, en relaci贸n directa con la cantidad de mano de obra empleada, no.
Luego est谩 la dimensi贸n fiscal. Una de las tantas complicaciones con que se encontraron los hacedores de pol铆tica durante la salida de la convertibilidad fue que el grueso de las tarifas de los servicios estaban dolarizadas, no s贸lo por el r茅gimen econ贸mico del 1 a 1, sino contractualmente tras las privatizaciones. Ello motiv贸 dos cosas: en muchos casos la ruptura de aquellos contratos, lo que dio lugar a juicios en el Ciadi, el tribunal arbitral del Banco Mundial (no debe olvidarse que en los 鈥90 se renunci贸 hasta a la soberan铆a jur铆dica), y en segundo lugar a la necesidad de subsidios para mantener el funcionamiento de muchos de estos servicios. Adicionalmente, los subsidios, que tuvieron no pocas desprolijidades (como suele suceder con este tipo de instrumentos en el marco de un aparato de Estado en reconstrucci贸n), cumplieron una doble funci贸n para los consumidores. La primera fue una transferencia extrasalarial para las familias, y la segunda una reducci贸n de costos para las empresas. Las transferencias fueron gasto p煤blico con una orientaci贸n social y estructural muy clara. Dicho de otra manera: el sistema funcionaba como un relojito; por un lado se diferenciaban tipos de cambio en una estructura productiva desequilibrada v铆a retenciones, y por otro, con el ingreso de las retenciones se financiaban transferencias a los consumidores que beneficiaban a la oferta de bienes v铆a menores costos empresarios e incentivaban la demanda al generar ingresos extrasalariales.
Pero la realidad econ贸mica es din谩mica. Por un lado la puja distributiva con revaluaci贸n cambiaria redund贸 en un aumento de la nominalidad de la econom铆a, con deterioro del frente externo, por otro, el aumento de nominalidad con congelamiento tarifario supuso como contrapartida el aumento constante de los subsidios, con deterioro del frente fiscal. No son desastres apocal铆pticos, s贸lo frentes que deben ser atendidos. Las medidas conocidas tras el triunfo en las elecciones apuntan a esas cuestiones.
En el frente cambiario, sin embargo, las medidas parecen trabajar m谩s sobre los efectos que sobre las causas. La primera medida fue terminar con el privilegio de mineras y petroleras para dejar parte o la totalidad de sus divisas de exportaci贸n en el exterior. La segunda, conocida esta semana, fue desalentar la dolarizaci贸n a trav茅s de un monitoreo m谩s estricto sobre la compra de divisas. La llamada fuga de capitales, que en los primeros nueve meses del a帽o sum贸 16.000 millones de d贸lares, se constituy贸 tambi茅n con el pasaje a d贸lares de los 鈥渁horristas鈥. En los primeros tres trimestres quienes compraron divisas fueron, seg煤n inform贸 este diario, 3 millones de personas f铆sicas y jur铆dicas, de las que s贸lo 6000 (el 0,2 por ciento) adquirieron m谩s de 250 mil d贸lares cada uno por un total de 5600 millones (37 por ciento de 鈥渓a fuga鈥). Los n煤meros indican una gran dispersi贸n de los compradores, lo que supone que muchos 鈥渁ctores no especializados鈥 pasaron sus pesos a divisas. Esto fue lo que se quiso comenzar a desalentar. Lo m谩s probable es que se consigan dos cosas, que algunos pocos descarten pasarse a d贸lares y que el pasaje a divisas del dinero del circuito no registrado, se encarezca. No es otra cosa que la conocida historia de la ley seca. En las econom铆as mercantiles, y por ahora no se conocen otras, las restricciones sobre la oferta generan mercados negros. Marginalmente puede esperarse un poco de blanqueo. Son medidas necesarias, que deb铆an tomarse, pero que apenas representan un primer paso. Y por supuesto, no son medidas que atacan el problema de fondo, que es el nivel del tipo de cambio.
En materia de subsidios, la bola creci贸 muy r谩pidamente. De acuerdo con un informe de la Asociaci贸n Argentina de Presupuesto (ASAP), en el Presupuesto 2012 tales subsidios suman 75.273 millones de pesos. De este total, unos 42.000 millones, el 55 por ciento del total, son los subsidios al sector energ茅tico: entre ellos a la generaci贸n el茅ctrica a trav茅s de Cammesa, alrededor de 21.800 millones destinados a mantener la estabilidad tarifaria, y otros 11.600 millones a Enarsa para la importaci贸n de combustibles. En segundo lugar en importancia se encuentran los subsidios al transporte, que representan unos 19.000 millones. Dejando de lado los subsidios para Aerol铆neas Argentinas y Austral, unos 2500 millones, el resto se destinan al poco federal sostenimiento del transporte urbano e interurbano de colectivos y trenes en el 谩rea urbana de Buenos Aires. Las empresas p煤blicas, en tanto, recibir谩n unos 10.000 millones, la mitad ir谩n para AySA, otro de los gastos heredados, junto con Aerol铆neas, de la necesidad de hacerse cargo del ruinoso resultado de muchas privatizaciones.
Las iniciativas anunciadas esta semana apuntan a la reducci贸n de apenas 600 millones de estos subsidios, pero se supone que ser谩n s贸lo un punto de partida y vale notar que afectan a sectores privilegiados que registraron superganancias en los 煤ltimos a帽os, como las empresas extractivas, la actividad financiera y bancaria, casinos y telefon铆a celular, entre otros. La medida va en el camino correcto en tanto qued贸 demostrado que el car谩cter universal de los subsidios a las tarifas energ茅ticas, agua y transporte provocaba no pocas injusticias, empezando por los 600 millones que se borrar谩n a partir de esta semana. Sin embargo, del detalle surge que la eliminaci贸n de otra parte de estos subsidios podr铆a tener efectos estructurales, es decir, multiplicar mayores costos sobre el conjunto de la econom铆a y retirar ingresos extrasalariales de la demanda efectiva. De aqu铆 la necesidad de crear un cuerpo especial que estudie globalmente los efectos de cada poda que se decida en adelante
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