Primer festival internacional de folklore. La Plata. Gaby Kerpel y Los Nocheros. Dos puntas. Dos escenarios. Dos formas –extremas, distintas– de ver o sentir el gĂ©nero. Y sus consecuencias en el llano: 11 de la noche en punto, el sábado, estaba previsto que, como los anteriores dĂas, el escenario principal desactivara luz y sonido para activar –lo mismo– en el alternativo. En el primero, claro, Los Nocheros. En el segundo, claro tambiĂ©n, Kerpel. Once de la noche y los salteños, dulces con el contexto, deciden dos, tres bises: la masa, chocha. El recital se retransmite por la pantalla del alternativo y aquellos que no habĂan conseguido entradas para el principal –agotadas– los escuchan en vivo pero los ven como en el cine. Kerpel cumple: sale puntual, pero Los Nocheros no se van y entonces decide por voto. “¿Prefieren verme a mĂ o a ellos?”: un coro de señoras en Ă©xtasis le vota en contra. Otro, menos populoso y más diverso, a favor. El, consulta, define y finalmente arranca. Breve pero rotunda demostraciĂłn. Recorte. Otra forma de verlo: ser de Los Nocheros es algo asĂ como casarse, tener hijos, comprar un auto, rutinizarse y hacer –casi– todo lo que hacen los que se casan, tienen hijos y se compran un auto. O separarse y hacer –casi– todo lo que hacen los separados: ir a los mismos lugares de diversiĂłn, usar Internet para conocer gente, cantar tontas canciones de amor y volver a la adolescencia.
Ser de Kerpel –o algo parecido– no. Es –casi– como arrojarse al mundo, libre, y ver quĂ© pasa, más allá de cualquier estado emocional. Es bĂşsqueda. Y siempre son más los primeros: cuando los salteños terminan, la enorme mayorĂa enfila hacia casa: el living, la tele y la cama calentita son mejores... más si garĂşa. Los otros, muchos menos, prefieren arrojarse a este mundito en forma de bosque (El anfiteatro del lago y su hermosa naturaleza) y ver más allá del árbol. Riesgo vs. previsibilidad. Folklore en bĂşsqueda vs. folklore melo (melĂłdico-meloso), que resulta insostenible si la idea es entrarle por el lado de la magia. FĂłrmula asegurada vs renovaciĂłn. Kerpel es todo lo segundo: un ermitaño joven amante del gĂ©nero que hace todo sĂłlo. Toca bombo y teclados, canta, trae de casa loops mántricos que le sirven de base, ¡se autofilma! –el show se retransmite por la pantalla de atrás– y reinterpreta chacareras, huaynos y vidalas muy a su forma. Cuelgue ambient que hurga en las raĂces. MĂşsica alucinĂłgena y, por definiciĂłn, no apta para seres con pocas millas de vuelo.
Al hombre le toca en suerte abrir la tercera jornada de la peña elĂ©ctrica, un interesante espacio que la organizaciĂłn del festival –el Instituto cultural de la provincia– puso a disposiciĂłn del folklore no mainstream, por donde ya habĂan pasado, el dĂa anterior, Semilla y Arbolito. Y pasarĂan, despuĂ©s de Kerpel, Doña MarĂa y esos locos lindos de Orozco-Barrientos. Doña MarĂa: excelente sexteto acĂşstico con suficiente entidad para tomar clásicos del folklore latinoamericano (“La jardinera”, Violeta Parra; “Los ejes de mi carreta”, Yupanqui; “Vidala del monte”, anĂłnimo del NOA) licuarlos con rap, dub o power pop segĂşn demande el tema –sin jamás perder el sentido de raĂz– y entregarlos en forma de futuro: chacareras para que bailen los nuevos hippies, vidalas para que evoquen los viejos y fiesta para los sentidos... nuevos y viejos. Y Orozco-Barrientos: embajadores plenipotenciarios de Cuyo. Tonadas y cuecas reanimadas. Odas al vino. Guitarras con talento. Bellas canciones, ni tan “arriesgadas” ni tan aburridas, como “Camino a Maipú”, “Pulpa”, “Celador de sueños” –ésta en especial– o “El vampiro chupador”, y una reformada versiĂłn de “Maturana”, la sublime zamba de Cuchi LeguizamĂłn y su alter ego, Manuel J. Castilla.
Vuelta atrás. Escenario principal. Antes de la lluvia y despuĂ©s de Francisco GimĂ©nez –notable arpista paraguayo– y Yamila Cafrune, Horacio Guarany permanece en escena 40 minutos. Canta –“La villerita”, “Si se calla el cantor”– y divierte. PanzĂłn y barbĂłn. Profunda e histĂłricamente popular. ÂżQuĂ© decir de este hombre, al borde de cumplir 84 años, que se rĂe de sĂ mismo y que arqueĂł ideas o posiciones polĂticas durante 30 años, sin que ello lo desautorice del todo como icono popular? Se rĂe y difunde lo adelantado que está el teatro de Luján que está construyendo para legarles a sus “paisanos”. Se rĂe y le dice a la gente antes del bis: “Masoquistas, sordos, ¡cállese la jeta, hombre!”. Se rĂe y la pega con la lĂłgica simple y sin bemoles que legitima la concreciĂłn de su obsesiĂłn: “Basta de mujeres desnudas en los teatros; son muy lindas en la cama, pero los teatros son para otra cosa: para darle arte a las nuevas generaciones”... faltaban minutos para que Los Nocheros copen el escenario, justo ellos... brazo musical de la revista que Carmen Barbieri, la reina de la taquilla, expuso en el Teatro Atlas de Mar del Plata para casados, separados o solteros previsibles: VedettĂsima.
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