Tyrannosaurus Rex y el crater de la muerte
Walter Alvarez
Drakontos, 200 páginas
Una de las primeras teorÃas sobre la desaparición de las especies extinguidas fue la del catastrofismo, cuyo lÃder, el barón de Cuvier (1769-1832), que, digámoslo al pasar, tenÃa el curioso nombre de Georges Léopold Chrétien Frédéric Dagobert, era el gran paleontólogo de la época y una especie de dictador de la biologÃa de su tiempo, y como si esto fuera poco, partidario acérrimo de la fijeza de las especies. Pero para explicar el hecho indubitable de que efectivamente habÃa especies extinguidas, imaginó catástrofes planetarias que habrÃan terminado con ellas (erupciones volcánicas, terremotos), todo encapsulado en una teorÃa que bien mereció el nombre de catastrofismo. Ya sabemos lo que ocurrió con ella: se disolvió sin dejar rastros en las aguas de la TeorÃa de la Evolución darwiniana, y nadie volvió a acordarse de ella, hasta...
Hasta que el fÃsico norteamericano Luis Alvarez (1911-1988), Premio Nobel de FÃsica 1968, sugirió que la extinción de los dinosaurios, esa horrible y atractiva mezcla de reptiles y gigantes (y otros más chiquitos, que los hubo), no se habÃa producido lentamente según el gradualismo darwiniano, sino que habÃa sido provocada, precisamente, por una catástrofe: un inmenso meteorito que hace 65 millones de años hizo impacto en la Tierra y levantó nubes de polvo que oscurecieron el sol (de donde aquellos reptiles tomaban la energÃa vital) por un largo perÃodo, hasta la completa extinción de los dinosaurios.
Pues bien: la teorÃa (en la que colaboró Walter Alvarez, su hijo) es ahora más o menos universalmente (más o menos, ¿eh?) aceptada, en especial cuando se encontraron rastros del impacto. Es precisamente la búsqueda de esos rastros y sus consecuencias lo que se cuenta en Tyrannosaurus Rex..., la enorme bestia que hace las delicias de Jurassic Park (eran Tyrannosaurus, ¿no?).
Como es de esperar, se trata, o pretende ser, un libro de aventuras cientÃficas, y lo logra en muy gran medida. Como suele ocurrir con este tipo de textos, a veces hay morosidad en los detalles cientÃficos que pueden retrasar la lectura. Pero está muy bien. Se disfruta, en especial con vino tinto, Sauvignon o Cabernet, y a resguardo de que un dinosaurio devore botella y lector.
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