Viernes, 18 de octubre de 2002
EN POLITICA, NO GUSTAN LAS FEAS PERO LAS LINDAS TAMPOCO

En España, la candidatura de Trinidad Jiménez (una joven polÃtica del PSOE) a la alcaldÃa de Madrid ha levantado, casi sin quererlo, una pequeña pero significativa polvareda en torno de uno de los temas más viejos de la polÃtica (de sexos): ¿Puede una mujer dedicarse a la polÃtica sin estar obligada a portarse como una buena chica sumisa? ¿Puede una señora inteligente y con trayectoria ser también bonita y sensual? ¿Puede una mujer tener un rol más o menos destacado en la esfera pública sin tener que cumplir con los estereotipos más sexistas y tradicionales para que se le perdone la ofensa? Tal parece que todo el conflicto pasó a mayores cuando Trinidad decidió que el trabajo de los asesores de imagen estará muy bien llevado cuando se trata de los señores, pero que ella no tenÃa por qué abandonar sus pantalones de jean y su campera de cuero sólo para parecer menos peligrosa para sus colegas. El debate, según comentó Vicente Verdú en las páginas del diario español El PaÃs el domingo pasado, "se ha centrado alrededor de la pregunta: '¿No será Trinidad Jiménez demasiado sexy para lucir una prenda de cuero?' (...) si es conveniente que brille, no debe provocar turbación. Los asesores han pensado que es honesta pero es peligrosa; que sabe mucho de relaciones internacionales pero quizá fuera mejor que no supiera tanto", porque esa suerte de glamour urbano que tan bien ha acompañado a la inteligencia de Trinidad hasta ahora en su vida, vendrÃa a ser demasiado. Asà que en eso están: en tratar de hacerla elegir entre ser linda o ser inteligente, y si es posible, que sea un poquito menos inteligente, no vaya a sentirse mal alguno de los señores de corbata que tan acostumbrados están a los foros polÃticos. Y eso por no hablar del electorado.
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