En las décadas de 1940 y 1950 algunos directores de cine europeos que se habÃan exiliado en Estados Unidos –y varios, como Fritz Lang, con antecedentes en el expresionismo– hicieron una serie de pelÃculas rabiosas que mostraron, centradas en la figura del detective privado, una versión desangelada de lo cÃnico y brutal que podÃa ser el mundo. No cualquier mundo: el de las grandes ciudades, con ese asfalto que brillaba bajo luces brumosas, llenas de individualismo y corrupción, de crÃmenes sin resolver que el detective ponÃa al descubierto para nada, para tomarse un whisky y pasar al próximo crimen. Eran tipos recios esos detective del film noir; interpretados por Humphrey Bogart, James Cagney o Glenn Ford, se movÃan como perros solitarios que apenas sucumbÃan al señuelo de la femme fatale, pero que en general no tenÃan más que desprecio y una sonrisa irónica para el ajetreo sin sentido de la raza humana.
Que alguno de esos detectives fuera una mujer era impensable: los personajes femeninos del noir podÃan ser secretarias poco agraciadas, esposas de policÃas sufridas o serpientes venenosas enfundadas en medias de seda que fumaban con sensualidad. No habÃa mucha más opción, en un esquema en el que la mayor fuerza que podÃa tener una mujer era la de la mentira.
Pero cuando en la década del ochenta el dibujante Frank Miller renovó a los superhéroes de la legendaria Marvel Comics sumergiéndolos en el mundo del noir, el género vio nacer como mutantes a estos héroes cada vez más oscuros que ya no sólo colaboraban con la Justicia sino que a veces atravesaban el mismo barrial moralmente ambiguo de aquellos detectives privados que fueron sus abuelos. Jessica Jones, detective privada con superpoderes, pertenece a esa estirpe y fue creada por Brian Michael Bendis, continuador del espÃritu negro de Frank Miller, para la serie Alias, que Marvel Comics publicó a partir del 2001. Como parte de un gran proyecto que incluye varias ficciones instaladas en el universo Marvel de la que ya se estrenó la primera, Daredevil, el personaje llega ahora a la pantalla en una serie de trece capÃtulos que puede verse en Netflix.
Y tiene todo el magnetismo de Krysten Ritter, una actriz tan blanca, de ojos tan grandes, que podrÃa ser la novia cadáver de Tim Burton con casi nada de maquillaje. De hecho fue vampira en la comedia Vamps, de Amy Heckerling, y tuvo un papel secundario como mejor amiga de Amy Adams en Big Eyes de Tim Burton, una que podrÃa haber sido un retrato de Margaret Keane y que Burton puso ahÃ, al costado, como una pintura viviente. Ritter es Jones, y Jones es una detective de campera de cuero, jeans y botas, con poderes especiales no demasiado notorios. Después de un perÃodo turbio en que el villano Kilgrave la dominó mentalmente y le hizo cometer un crimen insoportable, Jessica se puso una agencia para ganarse unos pesos sorprendiendo adúlteros in fraganti. Vive sola en un departamento que nadie se ocupó de decorar, toma whisky barato y está tan en carne viva que no puede soportar a nadie cerca. Además, como considera que Kilgrave la violó mil veces cuando la obligó a tener relaciones usando sus poderes, se siente automáticamente responsable de defender a una chica, Hope (Esperanza) que en el primer capÃtulo aparece después de haber pasado por un sometimiento parecido. La serie gira alrededor del caso Kilgrave, es decir, de la batalla sobrehumana de Jessica para ser dueña de su mente y no dejar que la domine un tipo.
Ahà está Luke también, otro con poderes que Jessica se va a coger cada vez que pueda, y Trish, la única amiga que a duras penas puede mantener una chica tan recia. Parece que después Jessica Jones se casa con Luke y tienen una hija, pero mientras tanto se puede disfrutar con ella de una temporada de sexo, alcohol y amargura, aunque sea bajo la figura de una incursión en el lado oscuro que algún dÃa se podrá encauzar dentro de una familia.
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