La actuaci贸n es la manifestaci贸n m谩s natural. Brota como una espuma en los berrinches de la infancia, una potencia instintiva para dominar al entorno. Con el crecimiento esa habilidad que nadie puede tener la certeza de haber aprendido, se guarda como una estilete que har谩 su aparici贸n espl茅ndida, luminosa cuando la urgencia de mantener la individualidad en esa copia amorosa que puede ser la familia, requiera de la exageraci贸n, de ese grito forzado para marcar un l铆mite y permitir que se transforme en un relato, en un estilo para contar ese mundo dom茅stico y as铆 vivirlo menos. Porque ser un personaje de los hechos implica caer, perder algo de inteligencia y aqu铆 estamos frente a una dramaturgia donde su protagonista quiere ser la autora de la trama.
Si Los Milagros es un tratado sobre la actuaci贸n no puede prescindir de la novela familiar. Martina asume una narraturgia, como se define a esa escritura teatral donde la peripecia no sucede ante los ojos del p煤blico si no que es relatada por personajes/ narradorxs como si se tratara de situaciones del pasado. En este caso, Agostina Luz L贸pez integra las temporalidades y le da al discurso una impronta de presente. Martina Juncadella encuentra una tonalidad para que su punto de vista no olvide jam谩s el destello caprichoso, la tensi贸n vibrante con su madre y su abuela que est谩n al asecho, dispuestas a quitarle su lugar de narradora y atentas a desplegar sus dotes histri贸nicas. Martina cuenta y de inmediato se implica en la escena sin disimular la artificiosidad, lista para que la actuaci贸n se vea como una radiograf铆a viscosa, como un procedimiento preciosamente arbitrario.
En el texto de Agostina L贸pez no hay justificaciones ni causalidades, entiende que la conducta familiar es pura imaginaci贸n, que entre los recuerdos y los deseos hay una capa demasiado pesada de fantas铆as donde todas esas mujeres van transformando su biograf铆a como se les da la gana. Se alimentan de novelitas televisivas para ser ellas las estrellas y fetiches, como si en todos lados vieran su propia cara, como si estuvieran investidas de todas las vidas posibles y nada pudiera detenerlas en su af谩n de reinventarse.
La amiga de Martina llega como la versi贸n inocente de la malvada en un film de terror. Tiene la voracidad de la extra帽a que quiere ocupar el lugar de la hija y destituirla en su potestad de autora. La chica, que expone teor铆as delirantes sobre la familia, se inserta como la antagonista ideada por la propia Martina y las tres mujeres la alojan y soportan sus rabietas sin conflicto. Si las adolescentes construyen la autor铆a como una madeja de l铆neas de fuerza que se disparan sin anclar en una an茅cdota real, es porque hacen de su palabra algo m谩s aleatorio, menos definitivo, una sonoridad que rebota en las paredes y ellas pueden escuchar y descubrir como si fuera ajena.
La madre y la abuela no se apartan nunca de la representaci贸n que las j贸venes proponen. Su gestualidad delata la matriz como puro efecto. Lo aut茅ntico, la certeza bastante inconsistente de espontaneidad que la realidad conlleva, se demuele como la misma verdad esc茅nica. El teatro es un encantamiento, una convenci贸n que el /la espectadorx acepta. En Los milagros el artilugio se sostiene en una escena realista desprendida de la an茅cdota. Ha llegado el momento de acercarse a la cabeza de sus protagonistas, de encontrar los recursos para que el modo de pensar, de analizar y percibir lo vivido se convierta en teatralidad.
En la obra de Agostina L贸pez las personas fabulan, no son d贸ciles como personajes y la actuaci贸n puesta en un primer plano, se vuelve escritura.
Los milagros, escrita y dirigida por Agostina Luz L贸pez, con las actuaciones de Martina Juncadella, Carla Fonseca, Ernestina Ruggero y Laila Maltz, se presenta de viernes a domingos a las 21 horas en el Centro Cultural San Mart铆n.
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