Ella es el tema. Todo lo que no le sucedi贸. Lo que le impidieron hacer. Esa vocaci贸n de actriz desbarrancada si les hubiera hecho caso a ellxs, a los que le dijeron que no. La actriz Ana Livingston encuentra en el relato de sus desdichas una epopeya que parece elegirla como autora, entonces la desgracia se trastrueca en representaci贸n, en un arte de propiedad irrenunciable porque s贸lo le pertenece a ella.
Aqu铆 aparece un yo inmenso, femenino, que saca sus armas fant谩sticas para cortar y masticar ese destino plagado de directores y productores que se empe帽aron en acotar a Livingston al fragmento epis贸dico de alg煤n programa de televisi贸n. Si la autorreferencialidad era, en los a帽os noventa, un modo de abandonar la pol铆tica para darle a la experiencia el lugar de lo absoluto, en Livingston funciona como una respuesta hacia ese orden que la excluye. Un mon贸logo que podr铆a leerse como un diagn贸stico de esa selecci贸n un tanto espeluznante a la que deben someterse las actrices para lograr entidad, existencia.
Porque si el 茅xito funciona como una llama que impulsa subjetividades, Ana sabe perfectamente que ese fuego est谩 all铆, desbordante, en las personas que la rodean.
Ella pertenece a una esfera privilegiada y al mismo tiempo se desmarca para dejar entrar la deformidad. En su interpretaci贸n todxs han sido inundados por esa falla, ella habla y lo perfecto se revela como un dibujo m谩s intrincado y 谩spero. Desde las redes sociales o desde un escenario donde se encuentra sola, asistida en su confesi贸n por apariciones proyectadas en una pantalla de esos personajes familiares que demuele con palabras revestidas de afecto, Ana hace una puesta en escena de la sinceridad que entra en tensi贸n con el g茅nero del biodrama.
Si bien Ana acepta estar ejecutando el boceto de esa exploraci贸n teatral, lo que en la creaci贸n de Vivi Tellas funcionaba como el intento de llevar a escena lo real, de ensayar si el teatro pod铆a albergar las formas del documental, en Ana se convierte en una acrobacia teatral que hace de la realidad un espejo que hay que romper a martillazos.
El fracaso del que Ana intenta curarse est谩 ligado a una construcci贸n capitalista de pertenencia, de integraci贸n, de tocar el l铆mite de la supervivencia. Pensar que su espect谩culo se limita a la risa que esa no concreci贸n del 茅xito por parte de una mujer que parece dotada de todos los recursos para lograrlo despierta en el espectador, ser铆a desentenderse de la intervenci贸n pol铆tica que una biograf铆a llevada a la escena teatral como verdad cruda, como ofrenda confesional, puede provocar.
Si lo privado se ha vuelto materia de exposici贸n es porque primero se lo endulza bajo la letra de la invenci贸n. Miles de autorxs an贸nimxs exhiben en la web la vida que desean y la pulen y emprolijan para que nadie descubra d贸nde est谩 el detalle que desarma la maqueta.
Ana realiza la operaci贸n inversa al mostrar, en un espacio donde se supone que va a acontecer la ficci贸n, una dimensi贸n de lo real que en su palabra, no en los hechos, se inflama hasta convertirse en hiperrealidad. Del mismo modo que al contar sus adversidades en Facebook Ana se帽ala la mentira de lxs otrxs, rompe el pacto y promulga identificaciones y enemistades.
Como monologuista se hunde en las aguas de lo insoportable, destaca lo inexplicable, lo il贸gico, es la chica que prob贸 las recetas y entendi贸 el enga帽o, entonces se para en escena para decirlo y el riesgo de que todo estalle, de que su pap谩 o su ex marido que est谩n all铆, sentaditos en la platea, se subleven por sus infidencias, se intuye tan pr贸ximo y a la vez tan imposible como esa manera inh贸spita y contradictoria de ser actriz y madre y enamorarse y no entender por qu茅 esa buena fortuna parece estar en otra parte.
Adicta al fracaso, escrita e interpretada por Ana Livingston y dirigida por Carlos March, se presenta los s谩bados de agosto a las 20.30 en el Centro Cultural Borges, Florida 737, CABA.
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