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Domingo, 11 de septiembre de 2005
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Marosa di Giorgio

Por siempre Marosa

Los relatos er贸ticos de la querida autora uruguaya.

POR SERGIO KISIELEWSKY


Misales
Marosa di Giorgio
El Cuenco de Plata
142 p谩ginas

Leer este libro se asemeja a un viaje en avi贸n. El carreteo por la pista es intenso, la m谩quina se eleva al igual que la frecuencia card铆aca; por fin, entre las nubes, creemos que la situaci贸n est谩 controlada. Sin embargo, lo mejor est谩 por ocurrir. Sucede que Misales depara sorpresas. Nada de lo que se espera de la escritura er贸tica se da en esta obra. M谩s bien se alude al sexo como un modo de pensar la vida. De conjurar, de alg煤n modo, el paso del tiempo. O se esgrime el humor como un equ铆voco. Novias que se deshacen. Un hombre que se llama Maquinaria Agr铆cola y la existencia de la manteca celeste son algunos ejemplos de una trama que todo lo permite. Marosa tensa la libertad expresiva hasta crear un juego de espejos que, por cierto, s贸lo reflejan su encuentro con un lenguaje vivo e indomable.

鈥淟as manos se volv铆an ramos鈥, escribi贸. Y las palabras se convierten en sonidos, en furia, en texturas que pasan de la narraci贸n a la poes铆a que ilumina las p谩ginas. 鈥淵 se la llev贸 desnuda atr谩s de las rosas / Ella ech贸 cinco puntas como una estrella, consinti贸 un poco; / estuvieron un rato en la escabrosidad / Se levantaban y se echaban de nuevo, esquivando la luz que crec铆a, adentro de la sombra del rosal.鈥

Marosa declar贸 que escribir es 鈥渁lgo que sucede de s煤bito, como si se encendiera una luz鈥, y es lo que ocurre en Misales. Se trabaja el elemento er贸tico como un campo de prueba. De esta forma puede una mujer besarse con un enano de jard铆n o irse del pa铆s para olvidar un amor. Se evoca el gusto de los pasteles en la infancia, se oye el olor a tabaco y se iluminan las u帽as. Lo cierto es que la escritura derriba las convenciones y el lenguaje de los cuerpos pasa a cuestionar la realidad, las instituciones y las verdades reveladas.

En Misales, los relatos poseen una matriz surrealista. Y por sobre todo se trabaja el v铆nculo de los cuerpos de manera atemporal. Como si el deseo fuese la 煤ltima palabra, el testimonio m谩s contundente de que estuvimos aqu铆. 鈥淟levaba la vesta llena de flores y los senos fuera, como se usaba entonces, entre las se帽oras agrestes en el verano. / El toc贸 uno, respetuosamente, como si le diese la mano.鈥

El lenguaje de los cuerpos suelta sus amarras. Los lectores s贸lo podemos festejar.

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