La preservaci贸n del patrimonio edificado es un tema que no para de crecer, mutar y adoptar formas inesperadas que abarcan a p煤blicos cada vez m谩s amplios. Vecinos que cuidan su calidad de vida, poblaciones que perciben sus ecolog铆as urbanas destruidas por especuladores inmobiliarios, especialistas que entienden las trampas de funcionarios y empresarios, y una creciente cantidad de ciudadanos que simplemente no quieren vivir en espacios alienados, impersonales, son colectivos superpuestos y coincidentes que siguen el tema. La reflexi贸n sobre este patrimonio es cada vez m谩s profunda y afilada simplemente porque vivimos en 茅l.
La Universidad de Massachusetts tiene un campus enorme en la localidad de Amherst, muy hist贸rica y bien preservada, y la c谩tedra de Arquitectura e Historia que encabeza Max Page es un polo de generaci贸n de este tipo de pensamiento. Page es un viejo amigo de Argentina, donde vivi贸 e investig贸 sobre la preservaci贸n f铆sica de la memoria para su libro Memories of Buenos Aires: Signs of State Terrorism in Argentina. Tambi茅n organiza m谩s o menos anualmente un Simposio de Preservaci贸n donde se originan debates muy interesantes. El de este a帽o fue dedicado a Los futuros de la preservaci贸n hist贸rica y reuni贸, a principios de mes, a la arquitecta italiana Cinzia Abbate, al profesor Daniel Bluestone, al especialista del National Trust for Historic Preservation Tom Mayes y al editor de este suplemento. El p煤blico que se reuni贸 en el edificio Gordon fue a capacidad y, detalle relevante, abundaba en miembros de juntas c铆vicas de preservaci贸n, una instancia de gobierno muy com煤n en Estados Unidos pero ine-xistente entre nosotros, en la que los vecinos autorizan o no obras que afecten el patrimonio.
El arranque de la jornada fue con Cinzia Abbate, una conocida arquitecta que trabaja en Roma, ense帽a en el programa romano de la Temple University, es la representante italiana ante la Agencia Internacional de Energ铆a y una gran especialista en tecnolog铆as solares. Abbate habl贸 de un problema realmente diab贸lico, el de hacer coincidir la estricta legislaci贸n italiana sobre patrimonio 鈥搖na de las pocas cosas que parecen tomarse realmente en serio en su pa铆s鈥 con la necesidad de ser eficientes en materia energ茅tica y cumplir las nuevas leyes europeas en la materia. Italia tiene el 60 por ciento de todos los edificios patrimoniales de este planeta, pero para 2018 tiene que cumplir la ley europea que ordena que todo edificio sea autosuficiente.
Si se habla de construcci贸n nueva, el nuevo paradigma no es particularmente problem谩tico o costoso, pero el problema es la inmensa poblaci贸n que vive en edificios con d茅cadas o siglos de edad. Como los europeos no consideran 鈥渁ntiguo鈥 ni anticuado una casa o edificio con doscientos o m谩s a帽os, buena parte del tejido mismo de las ciudades italianas no cumple ni remotamente con las nuevas ideas sobre energ铆a. Y los due帽os de esas casas o departamentos no pueden pagar las reformas, que adem谩s son en muchos casos simplemente imposibles: 驴c贸mo se a铆sla t茅rmicamente una sala cubierta de frescos renacentistas?
Abbate explic贸 que, mientras se espera una reforma de la ley que distinga entre edificios nuevos o recientes y patrimoniales, se est谩 avanzando en t茅cnicas 鈥渋nvisibles y reversibles鈥, que incluyen t茅cnicas geotermales, discretas aislaciones de muros, techos verdes y tecnolog铆as que aprovechan el solazo italiano para generar electricidad. As铆, y muy italianamente, se vieron proyectos de elegantes toldos o sombrillas hechas con tejido activo, que produce electricidad como un panel solar, y prototipos de tejas tradicionales que esconden elementos activos, son baratos y f谩ciles de instalar.
El contraste con la situaci贸n porte帽a no pod铆a ser mayor, porque se pas贸 de la camisa de fuerza del respeto riguroso de la ley al todo vale porte帽o (y en general argentino). Lo primero a explicar es que en una ciudad como Buenos Aires casi no queda cuadra conservada en conjunto, se vive en un paisaje de contradicciones brutales entre lo bien construido y en escala, y lo guarango pero grandote. Las fotos de cuadras t铆picas de esta ciudad crearon un silencio consternado hasta entre los neoyorquinos, acostumbrados a cierto nivel de barbarie.
El punto central fue no s贸lo la necesidad de hacer respetar las leyes sino la de centrar la preservaci贸n en la zonificaci贸n. Los casos de moda entre nosotros, con una torrezota construida por encima de una pieza catalogada a nivel fachada, explicaron de un vistazo la idea, adem谩s de causar risas preocupadas. Entre norteamericanos puede resultar complicado o peor preservar un edificio, pero si se lo cataloga no es para baratearlo con una torre adentro... Y tambi茅n qued贸 flotando el punto de la constante remodelaci贸n de piezas hist贸ricas, un fen贸meno sin control que arranca ventanas, cambia puertas y agrega pisos hasta en edificios catalogados.
Tom Mayes representa la mayor ONG americana del tema, una instituci贸n formidable que salv贸 miles de edificios y educ贸 a generaciones enteras sobre el valor de su cultura. Famoso por nunca alzar la voz 鈥搚 por su firmeza cuando hace falta鈥, Mayes explic贸 un concepto que el Trust est谩 impulsando, el de pensar 鈥減ara qu茅 sirven los edificios viejos鈥. Los puntos son familiares: belleza, historia particular del lugar, memoria. Pero a esto Mayes le agreg贸 la idea de continuidad personal, eso de poder volver a lugares donde vivi贸 o vivieron sus antepasados, y como conclusi贸n el de la identidad individual de cada uno.
La bomba vino al criticar el mito de la sustentabilidad de los nuevos edificios como excusa para demoler. Resulta que un edificio 鈥渧erde鈥 paga el costo energ茅tico de ser construido en nada menos que 42 a帽os. El c谩lculo no viene de esos brochures tan lindos que reparten las empresas hablando de cu谩nta agua se conservar谩 y cu谩nto se ahorrar谩 en calefacci贸n y electricidad. Lo que estos folletos no cuentan es el costo energ茅tico de los materiales, factor que agregado permite llegar a la cifra de 42 a帽os de uso para compensar. Y, destac贸 Mayes, es muy dudoso que los edificios que se construyen hoy en d铆a lleguen a cumplir cuatro d茅cadas...
Con lo que el Trust est谩 proponiendo un cambio de legislaci贸n que frene la misma idea de demolici贸n como algo natural y lo reemplace por la idea de reutilizaci贸n de lo existente y de estabilidad. No se demuele apenas porque se puede, porque el edificio a destruir no tenga valores arquitect贸nicos o culturales, o porque alguien vaya a ganar dinero. Se demuele s贸lo si se considera el real costo energ茅tico de la obra nueva y las cuentas cierran, si se reutilizan los materiales de la demolici贸n y no hay manera de reutilizar el edificio existente.
Daniel Bluestone es un especialista en arquitectura norteamericana del siglo 19 y autor de libros sobre historia del urbanismo y la arquitectura de ese per铆odo premiados. Profesor universitario, tiene un cierto gusto por la pol茅mica y arranc贸 contrariando a todo el mundo al proponer que en materia de preservaci贸n de arquitectura se saque del centro el mismo concepto de preservaci贸n. Bluestone propuso preservar lo que es culturalmente importante, no concentrarse s贸lo en 鈥渆l gran estilo y la obra maestra鈥 y tener m谩s flexibilidad a la hora de permitir cambios. El profesor, con gran iron铆a, termin贸 criticando la 鈥減reservaci贸n de las ventanas鈥 y reinvindicando la 鈥渓ibertad鈥 de cambiar edificios.
Con lo que, despu茅s del caf茅, hubo un debate abierto y preguntas. La conclusi贸n del p煤blico y de los polemistas fue que, para variar, la cosa pasa por el contexto. En una ciudad como Nueva York, donde se puede caminar kil贸metros y kil贸metros viendo conjuntos de fines del siglo 19 y 20 en mayor o menor grado de conservaci贸n pero sin disrupciones, cambios de alturas ni picard铆as con el c贸digo, resulta entendible el llamado a la flexibilidad. Pero en una Buenos Aires laxa, amiga de la piqueta y locamente despareja, el rigor es una necesidad. El p煤blico participaba de la pol茅mica o preguntaba de acuerdo con la situaci贸n de su rinc贸n en el mundo, con algunos confesando estar acosados por los desarrolladores y otros tranquilos, pensando en permitir m谩s cosas.
Pero hubo un argentino que se fue pensando en qu茅 agradable debe ser tener el problema de que se respeta la ley y por lo tanto hace falta debatir tener que cambiar la ley. Debe ser lindo vivir as铆.
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