Todos los domingos de este mes a las 19.30 en el Cultural de Abajo (Entre RÃos y San Lorenzo), los entrañables hermanos Taboloni siguen entonando teatralmente "La canción del camino viejo", obra interpretada por Santiago Dejesús y Severo Callaci, con la dirección de Miguel Franchi. El grupo "LÃnea de tres", una fusión de integrantes de diferentes elencos, lleva adelante un trabajo que conecta con esa otra historia que nunca se cuenta y que no tiene lugar en las crónicas de este mundo globalizado.
Frente a la mirada azorada de un público que se sitúa justo en los lÃmites de ese fantasmal Camino Viejo en donde quedaron varadas tantas ilusiones y el sueño paterno que heredaron en forma de una espectral gomerÃa, los hermanos Taboloni se resisten a que la topadora del tiempo arrase con ciertos valores que no cotizan en bolsa.
Omar y Héctor han sido sentenciados como tantos otros argentinos a despejar una ruta de luchas y esfuerzos, para dejar que los avances de la tecnologÃa y el mercado puedan llevar adelante su implacable tarea de modernización ,que desde la campaña al Desierto en adelante, sigue desbrozando las malezas humanas que impiden el "progreso" del proyecto liberal.
Allà en su pequeño santuario presidido por la foto del padre en compañÃa del popular corredor automovilÃstico Oscar Gálvez, tratarán de resistir sacando a flote sus recuerdos más Ãntimos, jugando como niños en el patio de un mundo demasiado adulto, donde no caben los que no se aggiornan.
Los sonidos de los vehÃculos que pasan y nunca paran, serán el lúgubre fondo musical de una partitura anunciada, una especie de réquiem para dos trabajadores que esperan un desenlace previsible.
Dos personajes construidos a partir de la garra y la ternura, dos parientes lejanos de aquellos inolvidables Vladimiro y Estragón que Beckett prohijara en la siempre vigente "Esperando a Godot", primos hermanos de aquel "Clásico binomio" , escrito e interpretado por los actores santafesinos Rafael Bruza y Jorge Ricci.
El Titi y el Cuqui, Héctor y Oscar Taboloni, resisten el obstinato de un teléfono que los llama para anunciarles el inminente desalojo, el terreno de la vieja gomerÃa será pasto de la patria sojera.
Mientras Oscar se "deselvisa", quitándose un esperpéntico traje que remeda la figura de Elvis Presley, disfraz con el que intenta ganarse unos pesos animando fiestas, Héctor dialoga con su perra Twenty y sueña con los goles que hacÃa en el Sportivo del pueblo.
Dejesús y Callaci, en un trabajo memorable, con un final enmarcado en la tradición del grotesco y el legado dramático de un director como Franchi que sigue apostando al teatro como lugar de resistencia, recuperando la voz de los que todavÃa cantan al borde de los caminos viejos de este paÃs.
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