Tres años después de la publicación de su disco compartido con Daniel Maza, Lorena Astudillo le dio forma a una obra que ya no sólo se aleja de aquella bellÃsima experiencia en dúo proponiendo un material pleno de invitados, sino que se corre también de una caracterÃstica inherente a toda su obra: en Un mar de flores, la talentosa cantante pone en evidencia una faceta autoral hasta ahora desconocida, ampliando asà el destacado rol de intérprete que ha ocupado hasta aquà en la música popular argentina. Mañana, a las 21, Astudillo llegará junto a su banda para presentar formalmente esas canciones --que le valieron una nominación en la categorÃa Mejor álbum artista femenina de folklore en la última edición de los Premios Gardel-- en El Aserradero (Montevideo 1518).
A quince años de un disco debut que la encontró versionando notablemente al Cuchi Leguizamón, Astudillo le ha dado forma a un repertorio personal que está atravesado por el rico camino transitado. Un recorrido que la llevó a impulsar sus propias creaciones, según apuntó la cantante a Rosario/12: "Reconozco que hago las cosas por necesidad expresiva, lo que hice tenÃa que ver con una necesidad expresiva en determinado momento y me ha dado por la cuestión de mostrar lo que escribo. Que no es algo que no haya hecho antes, he escrito, de hecho hice una carrera de composición, de letrÃstica. Pero de todos modos siempre lo tenÃa como una información en paralelo".
Y si bien la composición no es nueva para Astudillo, los temas incluidos en Un mar de flores pertenecen a un perÃodo reciente de composición, descubriendo entre sus impulsores a... Bobby McFerrin. "Empecé a componer estos temas cuando estaba terminando el ciclo de presentaciones con Dani Maza (que participa también con su banda en uno de los temas y en otro toca con Hugo Fattoruso). Duró unos meses, y en el medio tomé una master class con McFerrin, donde nos estimuló a improvisar intuitivamente, sin cuestiones técnicas ni academia, a que grabemos todo lo que hacemos. Yo le hice caso, literalmente. Fue un ejercicio que propuso y fue fantástico. De tanta improvisación surgÃan algunas cosas lindas, fue un trabajo de mucha libertad. Me grabé mucho improvisando y si bien el 90 por ciento no servÃa para nada aparecieron algunas frases que me querÃa quedar para seguir trabajando", recordó.
Y agregó: "Mi parte compositiva es muy intuitiva. Después sà viene la parte de escribir las letras, el género tiene que respetar la estructura, lo que vas armando con los recursos. Pero el primer impulso es intuitivo, y esa clase con McFerrin fue una gran marca. Fue como la punta del ovillo".
Con la misma naturalidad, los géneros que la acompañaron a lo largo de su recorrido como intérprete fueron apareciendo también en las canciones de Astudillo: "Apareció como una especie de paneo por lo que venÃa haciendo. Pero no me lo propuse. Como venÃa muy familiarizada y enamorada de la música rioplatense, del candombe, me salÃa todo candombe, porque me resultaba ameno y estaba muy impregnada, por suerte, de la musicalidad de Maza y de todo lo que venÃamos haciendo. Después a medida que iba pasando el tiempo empezaron a aparecer un chamamé, un huayno. Hay algo con lo que estoy totalmente convencida, y en este disco se dio, y es que los géneros movilizan ciertas temáticas, ciertos estados de ánimo y decires. Podés decir una cosa mucho mejor desde el candombe, y decÃs otra cosa si es un tango, o si es una vidala. Están totalmente impregnadas y se autonutren los géneros con ciertos pensamientos, posiciones, formas de decir".
Acompañada por Constanza Meinero en piano, Marcos Di Paolo en guitarra, Lucas Rosenwasser en bajo, MatÃas Furio en percusión y, como invitados, Eduardo Spinassi y Betiana Charny, Astudillo mostrará entonces su faceta más nueva, ésa que viene a ampliar una trayectoria extensa y cargada de reconocimiento.
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