La redacción de un diario es un espacio donde transita la vida misma. Cada dÃa, cada periodista llega a su lugar de trabajo con la mochila cargada de tensiones, pesares, alegrÃas y deseos. En este tiempo transcurrido, no hubo una sola redacción de Rosario/12 sino varias donde despuntar el oficio terrestre.
Primero fue la corresponsalÃa en un primer piso de calle Santa Fe. Una vieja habitación chorizo, con su techo alto, piso de parqué y una larga mesa donde sobresalÃa una humilde máquina de escribir de oficina, un cenicero marrón con el sticker de Pagina/12 pegado en el medio y unos diarios desparramados por el suelo. Y un aparato, grande y pesado, para dictar por teléfono a un compañero porteño las noticias locales. Ese ejercicio diario, ese tono de la voz que relata con lentitud, rompe el silencio en la habitación.
Después vino la primera mudanza. El cenicero y la maquina portátil, como trofeos de guerra, partieron a una oficina minúscula e iluminada de la Peatonal Córdoba. Allà nació y empezó a dar sus primeros pasos Rosario/12. Llegaron más bártulos, más voces, más gente y la oficina, obvio, quedo chica. HabÃa que partir de nuevo.
El siguiente destino fue un primer piso de un edificio de una belleza arquitectónica por Córdoba pasando Corrientes. "Estamos en ParÃs", decÃamos, mitad en broma, mitad en serio. Las voces seguÃan multiplicándose, jóvenes periodistas comenzaban a escribir sus primeros palotes sin pensar que el futuro (de ellos) estaba a 300 kilómetros de distancia, y llegaba el primer gran descubrimiento: La computadora. HabÃa que guardar definitivamente la Lexicon y ser parte de un nuevo lenguaje: El teequisté. Y el cenicero que resistÃa tanta modernidad.
Los chicos crecen y parten. Y llegan nuevos pibes con ganas de escribir también ellos sus primeros palotes, mà mamá me ama...Por momentos la redacción cambia su escenografÃa, se vuelve escuelita de periodismo que entrega el titulo de Cronista y Narrador. Esta comprobado: Habilita para el ejercicio de periodista en cualquier redacción del paÃs.
La última mudanza nos depositó en calle San Lorenzo, en un reciclado Petit Hotel. Estamos muchos de los que comenzamos esta experiencia y, lo más importante, está el cenicero marrón, 18 años después. Es una buena señal.
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