Marta Pugliese es la viuda de Alberto Corazza, una de las nueve vÃctimas de la Masacre de Las Verbenas como se conoce al enfrentamiento fraguado que el Ejército simuló para asesinar a un grupo de militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo, en una propiedad del barrio San Fernando de Granadero Baigorria. El último domingo, Marta pudo conocer en este diario el testimonio de Eduardo Costanzo quien reveló la trágica trama, oculta por más de treinta años y la hizo retroceder al atardecer del 2 de julio de 1977 cuando después de soportar la burla del General Galtieri, se llevó un cajón cerrado, con los restos de su esposo. No pudo abrirlo, ni velarlo. Su duelo duró asà más de una década. Ahora, Marta quiere ser querellante en la causa que se abrió en la justicia federal y que con la denuncia de Costanzo impulsa ahora la fiscal Mabel Colalongo.
Marta comienza recordando esa triste jornada: "El 2 de julio de 1977 me entregaron su cuerpo en la morgue de la Escuela de PolicÃa de Rosario donde fuimos con mi cuñado Simón Coraza que era psiquiatra. Previo a este trámite el mismÃsimo general (Leopoldo Fortunato) Galtieri me interrogó en el Comando del Segundo Cuerpo. Cuando le pedà que me dejara llevar el cuerpo de mi esposo para darle cristiana sepultura, Galtieri se rió y me dijo `cómo le va a dar cristiana sepultura a un comunista y guerrillero'. Esa es su opinión, le contesté. Finalmente a la seis y media de la tarde, llegamos a la puerta de la morgue policial y a mi no me dejaron entrar, porque como estaba embarazada de tres meses, me dijeron que me iba hacer mal. Mi cuñado ingresó y le costó reconocerlo". Su hermano Simón lo identificó por las secuelas fÃsicas de un accidente que habÃa tenido Alberto: cuando estaba con nuestro hijo Camilo en un parque de diversiones que estaba pegado a la Terminal de Omnibus, una hamaca voladora lo golpeó en la cabeza, cuando estaba atando al nene. Tuvo una problema serio y quedó hemipléjico, tenÃa paralizado el lado izquierdo, y caminaba con un bastón. Esta operación le dejó una cicatriz importante en la cabeza del lado derecho, por la que lo reconoció. Habida estado dos meses secuestrado y tenÃa barba.
¿TenÃa disparos su cuerpo?
Como no lo podÃamos ver, le pedà al señor de la funeraria que cuando lo sacara de la morgue le levantara la ropa y se fijara : me contó que tenÃa dos disparos, uno en la pierna y otro a la altura del corazón. Como que estaba rematado. Cuando lo sacamos de la morgue me dijeron que no podÃamos abrir el cajón, ni velarlo tampoco, y que lo tenÃa que traer directo al cementerio a Santa Fe. Pero antes tuvimos que pasar por Granadero Baigorria y después por San Lorenzo para que el Registro Civil y la policÃa no dieran el permiso para transitar con el cuerpo hasta Santa Fe. Finalmente lo pusimos en un panteón familiar.
¿Cómo vivió toda esa historia?.
Yo estaba embarazada de tres meses, y sentà muchÃsimo dolor injusticia y bronca. En todo momento traté de estar tranquila porque todo eso podÃa dañarme.
¿Cómo fue su vida después?
Lo esperé a Alberto durante diez años, no podÃa aceptar que estuviera muerto. Mi duelo me duró diez años. Yo lo esperaba, para mi era imposible que le hubiese pasado algo. Es muy difÃcil de aceptar cuando desaparece una persona, yo lo busqué a Alberto por todas partes, toqué todas las puertas, golpeé todas las puertas durante los casi dos meses que estuvo secuestrado.
¿Con quién habló?
Presenté un recurso de habeas corpus en el juzgado federal de Rosario, fui a la policÃa, mandé cartas al poder ejecutivo nacional, provincial, y al Segundo Cuerpo de Ejército cuando el 1 de julio de 1977 apareció la noticia en los diarios.
¿Cómo lo secuestran a Alberto?
No lo sé. Se fue a trabajar el 18 de mayo del 77 y nosotros tenÃamos que vernos para llevar al médico a Camilo, al Sanatorio Británico. Me llamó a la casa de mi tÃa, y me dejó dicho que me iba a volver a hablar, pero faltó a la consulta médica. Era raro que faltara, no llegaba tarde a ningún lado. Después volvà a nuestra casa de Libertad al 1600, en un barrio muy humilde cerca de Casiano Casas. VivÃamos en Buenos Aires pero nos vinimos a Rosario después de la muerte de Perón en el 75 porque se habÃa puesto muy bravo por allá, y perseguÃan mucho a los abogados. Vendimos nuestro departamento y compramos acá, pero nos agarró el Rodrigazo.
¿Cómo recuerda a Alberto?
Terminó la secundaria y entró a la Facultad de Derecho a los 15 años, y a los 18 ya era abogado. Después dió cátedra de SociologÃa ad honorem, para devolverle a la facultad la posibilidad de haberlo hecho estudiar. TenÃa ese nivel de conciencia.
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