Alain Guiraudie anunciaba una rebeldÃa erótica desde sus primeros mediometrajes, allá por los inicios del nuevo milenio, inaugurando la salida de la estética asfixiante de los cuerpos gays esculpidos por la repetición mediática, siempre magros, gimnásticos, encerados, juveniles. Antes de tener otros referentes cinematográficos que le siguieran el pulso a su calentura, Guiraudie se erotizaba con personajes obesos, rubicundos, envejecidos, con obreros fabriles de los suburbios o pastores olvidados por la expansión urbana. Casi como seres fabulosos, esos personajes raramente sexuados eran sujetos de un deseo al aire libre, fuera de los lÃmites de lo privado: sin bucolismo pero con belleza, la mirada del cineasta privilegiaba los espacios públicos, principalmente rurales, donde el deseo era el vÃnculo entre los desplazados de la modernidad, estableciendo una economÃa erótica fuera del sistema ordenado en creencias identitarias monolÃticas. Mucho de onirismo crÃtico, erotismo de duermevela, ese que no adormece la lucidez, circulaba por sus pelÃculas que, sin duda, se distanciaban de todo el tradicional cine parisino que Francia muchas veces importa como importante. Su última pelÃcula, presentada en Cannes y estrenada localmente durante una retrospectiva en el Bafici pasado, es El rey de la evasión, y es sÃntesis y despegue de sus planteos erótico-polÃticos. Lacourtade, un vendedor de tractores, gordo, cuarentón, puto y gerontófilo, evita la violación de una joven, y los dos juntos huyen en un raid sexual que rompe las barreras entre homo y heterosexualidad, poniendo la orientación sexual en perspectiva en un paisaje evasivo, a velocidad de desconcierto, con aire de comedia de una noche de verano perdida en el sudoeste francés, región de los Pirineos. Guiraudie crea su particular laberinto entre sueño y vigilia, entre exceso erotómano y tramas de relaciones cruzadas, para invitar al ojo voyeur a armar y desarmar el rompecabezas deseante. Porque la certeza de que encajamos en un lugar único, en una única identidad, se desvanece cuando el placer encuentra conexiones inesperadas, como en esas imágenes que recolectamos del mundo y barajamos en sueños y pesadillas. Es eso mismo que hace el buen cine, como el de Guiraudie, para devolvernos diversos.
El rey de la evasión se proyecta hoy viernes 12, a las 22, dentro del Festival de Cine 4+1 en Malba, Avda. Figueroa Alcorta 3415. Más info: www.festival4mas1.com
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