Viernes 11 del 11 del 2011, “tanto palo junto...” pensĂ© apenas conseguĂ abrir los ojos que un error de cálculo en los barbitĂşricos (donde era 1 yo puse 11) me sellaron al vacĂo durante dos dĂas, “un dĂa tan fálico”, decĂa, no podrĂa significar el fin de los tiempos. ¡Para nosotrxs no hay dudas de que este es el fin, me despertaron mis amigxs Sandro y Celeste con 11 libros de numerologĂa subrayados en la página 11. “Y antes de morirnos haremos uso de nuestros derechos adquiridos, por eso ya mismo nos vamos para el Registro Civil. Que Sandro se peleĂł con el chico del sauna y que Celeste nunca tuvo novia oficial, quĂ© importa, nos casamos entre nosotros, un puto y una torta tienen derecho al matrimonio igualitario. “Eran las 11 y 11 de la mañana y demasiado temprano para explicarles que iban a engrosar, sin quererlo, la lista de casados como dios manda. Total no hay libretas color arco iris, y despuĂ©s de todo, entre casarse y el fin del mundo, no hay tanta diferencia, pensĂ© mientras los veĂa hacerse el ajuar...”
Ruido de mensajito en la computadora: lxs miembrxs de contactos sex, yiraban como si nada, manga de ignorantes, dirĂan mis amigos casamenteros y numerĂłlogos que seguĂan con eso de que el 11 es un nĂşmero maestro, asĂ como sus mĂşltiplos y cuanto más arriba ascendemos, mucho mejor, por lo que el 88 es el colmo de la maestrĂa y ni hablar del 99, nĂşmero inmortalizado por la espĂa del Superagente 86, destinada numerolĂłgicamente a superar al protagonista, que suma 14, que termina siendo un 5, un blef.
De pronto, un sms de la loca de mi amiga Diego: “¡Estoy en el Uritorco!” ¿En el uritorto? Siempre optimista la Diego junto a otros turistas del más allá esperaban ver alguna luz extraña cerca de esa enorme pila de rocas. “Te llevo un montón de zooms y más zooms de elementos extraños en el cielo que pueden objetos no identificados, de esos que tanto te gustan a vos, queridx Lux”, siempre cizaña la Diego.
A las 11 y 22 no cayeron bolas de fuego, a las 11 y 33 no sonaron las trompetas, y tampoco pasĂł nada a los 44 minutos de las 11. Pero no cantĂ© victoria; todavĂa faltaban las 11 y 11 de la noche, terrible coincidencia numĂ©rica iluminada por una esotĂ©rica luna llena. Yo, casi feliz, como las 235 parejas que se casaron ese dĂa (2+3+5= 10 redondo).
Mi novix ocasional, que no cree en lxs brujxs, no asistiĂł a la juerga gitana en el Burlesque, un bar bohemio cercano al Congreso. LleguĂ© a las 11 menos 11. AhĂ, mientras una banda de mĂşsica balcánica llamada Dovoie Sestri se preparaba para empezar el show, Marlene Wayar y Susy Shock –chicas de Futuro Trans– estaban reunidas tejiendo estrategias junto a lxs chicxs de Mamichula de La Plata, la escritora Daniela Rojo, Helian y Nicole, entre otrxs. Atájense futuras vĂctimas de dicho aquelarre.
En una mesa alejada, el gran Sebastián el pequeño, ofrecĂa tarot gratuito. El AlarcĂłn no pudo resistirse a esta práctica jodorowskiana mientras que el Trujillo lo esperaba en una mesa muy animada, donde las arepas y las cervezas circulaban como si fuera el fin del mundo. Todxs festejamos la puntual intervenciĂłn de la banda gitana a las 11.11, que comenzĂł con un lamento gitano, ruido de cascabeles y acordeĂłn que me recordĂł oscuras escenas mafiosas de las pelĂculas de Guy Ritchie. Dos voces, una dulce y femenina y la otra andrĂłgina y grave del Tallo largo Tauil, daban un Pimpinela Balcánico muy bizarro.
Por las dudas y antes de que todo acabara a las 11.44 seguĂ a un lindo muchacho hasta el baño, lo mirĂ© fijamente, me interpuse en su camino y bueno, me pasĂ© de la raya. Se hicieron las 11.22 y lxs Ăşnicxs que habĂamos acabado Ă©ramos nosotrxs dos.
Resignadx a seguir en esta perra vida, no dejo de pensar que la Ăşltima oportunidad que nos queda para reventar es el 12 del 12 de 2012, cerca del año maya, cuando la muerte me encuentre tal vez en una Ăşltima cena con 12 exponentes de los 12 sexos del zodĂaco, clavadx, como un salmĂłn.
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