Quer铆a ser pintora, hizo la carrera completa en la Academia de Bellas Artes, y se dedic贸 a pintar hasta el d铆a en que se dio cuenta de que los pomos y los pinceles se le hab铆an secado y su hobby de actriz ya se hab铆a convertido en una carrera. Actuaba por diversi贸n, nunca se crey贸 profesional: fue una amateur radical en m谩s de sesenta pel铆culas y dos docenas de series de tv. As铆, su mejor obra fue el autorretrato inquietante en cuerpo presente, su aura locuaz de veneno convertido en golosina.
Rechaz贸 dos veces trabajar en pel铆culas de Almod贸var hasta que finalmente acept贸 actuar en Entre tinieblas, porque le divert铆a el nombre de la monja que interpretar铆a: Sor Rata de Callej贸n. Cuando ley贸 el gui贸n, le dijo a Almod贸var que su papel era muy largo, que prefer铆a no actuar tanto. Era el reverso del ego, la perfecta actriz secundaria: prefer铆a estar al costado, no en el centro de la escena, y desde all铆 poner esas bombas que explotaban en la cara de la gente, aunque ella ni pesta帽aba, sus ojos gigantes impert茅rritos, r铆gidos detr谩s de anteojos culo de botella.
Fue bautizada Mar铆a Jes煤s Lampreave, y con ese nombre hizo los cameos en el cine de Marco Ferreri y Luis Garc铆a Berlanga, los m谩s cr铆ticos cineastas durante el franquismo; cameos que iniciaron la gesta de volverla ic贸nica, presencia insustituible al margen del plano. Pero pronto borr贸 su cat贸lico nombre bautismal por el onomatop茅yico Chus, y as铆 inscribi贸 la blasfemia como gesto nominal. Simplemente Chus: un sonido pop que tiene encapsulado el zumbido de una escupida punk. Chus not dead.
En ese mapa almodovariano donde se movi贸 a sus anchas, Chus tuvo un lagarto de mascota, insult贸 a skinheads callejeros, maltrat贸 a la polic铆a, dispar贸 guarradas a repetici贸n al borde de un ataque de Tourette, fue escatol贸gica, tierna, gata arisca, testiga, desubicada. Fue siempre la tipa a la que no le cabe ninguna. Era camp en un sentido 煤nico, casi imposible de definir con precisi贸n: ten铆a una espontaneidad despojada, hablaba como subrayando todo con marcador fluo, con una verborragia sin punto que contrastaba con su gestualidad g茅lida. Fue un poco Buster Keaton estallando en Groucho Marx en versi贸n de realismo drag, fue la chabacaner铆a de Mae West sin glam.
Muchos de sus papeles estaban basados en la personalidad de la madre de Almod贸var, y tanto para 茅l como para toda la generaci贸n que re铆a apenas ella aparec铆a en segundo plano, Chus Lampreave fue madre patria, la disonante voz terrenal de una Espa帽a profunda, esperp茅ntica, ancestral, pero tambi茅n moderna, an谩rquica y explosiva. Finalmente, Chus fue la que pint贸 mejor que nadie una sensibilidad donde detonar eso de ser una misma genera las esquirlas de una diversi贸n sin l铆mite.
Y este texto deber铆a haber sido una necrol贸gica, un r茅quiem frente a la p茅rdida de una personalidad excepcional. Pero si lo hubiese escrito en tono lastimero o lacrim贸geno, tal vez Chus me hubiese rajado una de sus puteadas antol贸gicas como 鈥渃ara de ladilla鈥. Y bien merecido que lo tendr铆a, 隆joder!
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