A principios de 1900 a la pintora dinamarquesa Gerda Wegener (1886-1940) se le ocurrió una solución provisoria para poder seguir adelante con su saga de retratos femeninos, que se afianzarÃan poco después como leiv motiv de su obra. Conseguir a alguien como modelo vivo se le habÃa vuelto difÃcil de costear, asà que le propuso a quien entonces era su marido, el pintor de paisajes Einar Wegener, que posara para ella con tacos y vestido de seda. Según narra la pelÃcula La chica danesa esa breve experiencia conectó a Einar con la hasta entonces contenida vivencia de su identidad de género. Ese fue el puntapié que narra la pelÃcula de Tom Hooper para la transición de Lili Elbe. En 1930, Lili fue una de las primeras personas en embarcarse en una serie de cirugÃas de cambio de sexo. Siempre a su lado, la Gerda de Tom Hooper, es aguantadora y devota de la persona con la que se casó. Lili es destinataria de sacrificios ejemplares por parte su mujer fiel, al mejor estilo canino. Un retrato bastante alejado de los registros que se tienen del verdadero perfil de Gerda Wegener –escasos al punto de que Alicia Vikander, la actriz que se ganó un Oscar encarnándola, se sorprendió de los pocos datos disponibles para componer su personaje–. Gerda Wegener no era ni sufriente, ni secundaria, ni monógama, ni heterosexual, caracterÃsticas que la pelÃcula se ocupa muy bien de adosarle para desdeñar otras. Según algunas voces Gerda era lesbiana, según otras, bisexual, según todas, estaba muy a la vista. Gerda fue además una pintora erótica destacada y una ilustradora de referencia para las revistas de moda francesa del siglo XX. Fue una de las principales caricaturistas de Vogue, y son especialmente conocidos los trabajos que el escritor Louis Pearceau le encargó para ilustrar su libro Douze sonnettes lascifs (1925), que tenÃa como tema primordial el sexo entre mujeres. En contraste con todo lo que ParÃs, la ciudad que Gerda adoptó, la ha festejado en vida y después –el Louvre y el Museo Pompidou tienen obras suyas, por ejemplo–, nunca fue reconocida en su paÃs natal. La novedad es que, avivado por el éxito de la pelÃcula de Hooper –y en una parábola algo tosca, ya que el motor ha sido una ficción que muestra una versión de Gerda insidiosamente trunca–, por estos dÃas el Arken, el Museo de Arte Moderno de Dinamarca, la ha considerado merecedora por fin de una muestra individual, que llega casi ochenta años después de su muerte.
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