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Aterrizar y pedir disculpas

“Nosotros vamos a hacer ahora un vuelo deportivo”, avisa Gabriel Castaño, un joven piloto de 23 años. “Y nosotros –replica Davolio– vamos a hacer la nota de la búsqueda.” Las cargadas suelen ser moneda corriente entre los pilotos. Una de las diferencias importantes entre el vuelo deportivo y el que se realiza dentro del denominado cono de seguridad es que en el deportivo, al desafiarse los límites y las distancias, las posibilidades de éxito se reducen un 20 por ciento. “El 80 por ciento vuelve, pero al resto tenemos que ir a buscarlos y pueden aterrizar en un radio de hasta 200 o 300 kilómetros –le explica a Página/12 el piloto instructor–. Lo más común en una tronada es buscar un campo más o menos limpio, si está recién cosechado mejor, con un mínimo de 300 metros de largo, y bajar. Hay pilotos que han aterrizado en lugares donde han encontrado problemas con la gente. Si uno baja y pide disculpas por aterrizar ahí, explica que no tenía otra opción, en general te ayudan. Pero hay un porcentaje de gente que se molesta, que lo toma a mal, porque piensa que uno los invade.” El riesgo bien vale la aventura.

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