En estos tiempos
de ajuste perpetuo, aumento de la pobreza, concentración de la
riqueza y globalización del capital financiero, es oportuno recordar
que hay otro modelo de organización del trabajo, la producción
y la distribución de bienes y servicios. Estamos hablando de la
economía social y, muy particularmente, de la cooperación.
Todo comenzó hace 157 años en la localidad de Rochdale,
Inglaterra, cuando un grupo de veintiocho tejedores decidieron aunar voluntades
para constituir la primera cooperativa de consumo que se registra en la
historia de este movimiento: Los pioneros de Rochdale.
Así, en el marco de una de las crisis cíclicas del capitalismo
acelerado por la Revolución Industrial de aquel entonces (estamos
hablando del siglo XIX, y más concretamente del año 1844),
estos precursores del cooperativismo encontraron en la ayuda mutua y el
esfuerzo propio, el principio de una solución eficaz para resolver
sus necesidades de abastecimiento indispensables: harina, azúcar,
té y otros productos de una modesta canasta familiar.
La evocación de los pasos dados por esos veintisiete varones, y
una mujer, resultan conmovedores si tenemos en cuenta que en la actualidad,
más de 760 millones de personas en todo el mundo realizan infinidad
de operaciones económicas a través de sus propias cooperativas.
Es oportuno transcribir algunos párrafos de esa historia apasionante,
no sólo para conocer las raíces de la cooperación
contemporánea sino también para estimular la imaginación
de los centenares de miles de compatriotas que hoy padecen las consecuencias
de un modelo injusto y perverso.
A fines del año 1843, la industria textil estaba en su apogeo
y proporcionaba una gran actividad en las más importantes manufacturas
de Rochdale, condado de Lancashire (Inglaterra).
En esa feliz circunstancia, los tejedores que eran y son todavía
una clase de trabajadores mal retribuidos se propusieron conseguir
un aumento en sus salarios. Era evidente que si los patrones estaban recibiendo
beneficios, el momento no podía ser más oportuno.
Después de interminables reclamos y gestiones, los magros incrementos
que lograron en algunas empresas no fue mantenido. Entonces, algunos
tejedores de Rochdale recordaron las ideas de Robert Owen. Los socialistas
de aquella época, no obstante sus concepciones distintas, prestaron
un gran servicio al hacer comprender a los obreros que tanto ellos como
los patrones son esclavos de la organización comercial e industrial
existente... por lo que es el conjunto de las circunstancias y el ambiente
social lo que hay que modificar.
Los fabricantes tienen el capital, los comerciantes tienen las provisiones.
Privados de estos dos recursos y carentes casi por completo de todo, ¿qué
podían hacer los obreros?
¿Reclamar el beneficio de la ley de amparo a los menesterosos?
Eso habría significado la pérdida de su independencia.
¿Emigrar? La emigración les parecía como una condena
a destierro por delito de pobreza.
¿Qué podían hacer, entonces?
El camino elegido fue el de reunir los pequeñísimos ahorros
individuales, para integrar el capital indispensable y poner en funcionamiento
la Rochdale Society of Equitables Pioneers (Sociedad de los
Equitativos Pioneros de Rochdale), formalmente registrada el 24 de octubre
de 1844.
En lo inmediato, el propósito de la flamante entidad fue proveer
a los asociados y sus familias de los productos enumerados anteriormente.
Pero, más allá del éxito que lograron estos emprendedores
a lo largo del tiempo, el sueño de los fundadores al comienzo
de la Sociedad era aún más extraordinario. En realidad,
aspiraban a transformar el mundo. (l)
Como vemos, esta iniciativa constituye una respuesta crítica al
capitalismo naciente, cuya esencia fue, es y será el carácter
social de la producción y la apropiación privada y cada
vez más concentrada de sus frutos.
Para comprender mejor aún las características y alcances
de esta experiencia, digamos que surgió por la combinación
de dos factores clave: las necesidades de sus protagonistas y las posibilidades
del contexto histórico.
Los primeros están claros. En cuanto a los segundos, debemos tener
en cuenta la sedimentación de la experiencia social a lo largo
de la historia, sumada a la existencia de las ideas transformadoras aportadas
por los llamados socialistas utópicos y otros, tales
como el ya nombrado Robert Owen (1771-1858), Charles Fourier (1772-1827),
William King (1786-1865), Henry de Saint-Simon (1760-1825), Louis Blanc
(1811-1881), Felipe Bouchez (1796-1865).
La denominación de utópicos proviene del célebre
texto escrito por Tomás Moro con el título de Utopía,
en el que relata la existencia de un mundo ideal, donde reina la convivencia
fraterna entre todos los seres humanos.
Por cierto, el paradigma rochdaleano de un desarrollo cooperativo intensivo
esto es, comunidades enteras organizadas sobre esas bases
no pudo materializarse hasta el presente. Sin embargo, la cooperación
se extendió por todo el planeta, demostrando su aptitud para armonizar
la democracia y la eficiencia en la producción, distribución
y consumo de bienes y servicios.
En el comienzo
fue la solidaridad (2)
La solidaridad es una condición indispensable para la existencia
de la sociedad humana.
Al principio de los tiempos su práctica surgió para satisfacer
las necesidades elementales: conseguir los alimentos, construir el refugio,
cuidar el fuego, defender la vida.
En el transcurso de la historia y como resultado de la experiencia social,
la solidaridad pasó de ser una conducta primaria, a la categoría
de un valor universal.
Así, la cultura solidaria se expresa cotidianamente a través
de múltiples formas, pero siempre con la condición de ser
un acto de ida y vuelta: dar y recibir el pan, los afectos y los frutos
del trabajo. Y también, respaldar las causas justas o aunar voluntades
para el bien común. Esto es la ayuda mutua y el esfuerzo propio.
En eso radica la esencia de la cooperación: organizar la economía
a partir de la solidaridad, con fines humanistas y en función de
un desarrollo sustentable.
La fórmula es sencilla y los resultados, conocidos, desde el inicio
del movimiento cooperativo hace 157 años.
Sin embargo, la realidad del mundo contemporáneo, y en particular
la de nuestro país, exhibe un panorama muy distante al de una sociedad
equitativa. Por el contrario, el pensamiento dominante llamado neoliberalismo
o fundamentalismo de mercado estimula y realimenta constantemente
las tendencias más despiadadas y destructoras del entramado social.
La voracidad lucrativa promueve el individualismo extremo y la ruptura
de los vínculos solidarios, poniendo en crisis a las instituciones
republicanas y a la existencia misma de las comunidades nacionales.
El culto a la máxima ganancia y al privilegio de unos pocos provoca
la exclusión y la miseria de las mayorías.
¿Cuánta desigualdad soportará la democracia? ¿Cuál
es el límite de la resistencia?
Estos y otros interrogantes clave, orientan la búsqueda de caminos
alternativos y soluciones eficaces. Y en ese sentido trascendente, las
otras preguntas que convocan a la imaginación y el protagonismo
de los sectores mayoritarios de la ciudadanía son, también,
¿cómo se construye la esperanza? ¿Quiénes
son los artífices de un mundo mejor?
Entre las múltiples respuestas posibles, hay una que resume los
mejores anhelos de la humanidad. Si al principio de los tiempos fue producto
de la necesidad, hoy resulta indispensable la solidaridad: es la amalgama
invisible de la organización social y el cimiento fundamental de
una vida digna y justa para todos los seres humanos.
Definición,
valores y principios
Para facilitar una mejor comprensión de los conceptos que
desarrollaremos en los próximos párrafos, cabe señalar
que desde 1895 y con el objeto de promover y preservar el ideario y la
identidad del movimiento cooperativo, existe un organismo ecuménico
denominado Alianza Cooperativa Internacional (ACI), cuya sede central
se encuentra en Ginebra, Suiza, y cuenta con oficinas regionales para
las Américas, Europa, Asia y Africa.
Al cumplir sus primeros cien años de existencia, la ACI celebró
un congreso conmemorativo en la ciudad de Manchester, Inglaterra, donde
se debatió y aprobó con la presencia de delegados cooperativistas
de todo el mundo un compendio de los principales lineamientos orientadores,
cuya transcripción textual puede resultar de utilidad para todos
los lectores que se interesen por la temática de este suplemento.
Definición:
Una cooperativa es una asociación autónoma de personas
que se han unido voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones
económicas, sociales y culturales en común, mediante una
empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática.
Valores:
Las cooperativas están basadas en los valores de la autoayuda,
la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad.
Siguiendo la tradición de los fundadores, los asociados de las
cooperativas creen en los valores éticos de la honestidad, la transparencia,
la responsabilidad y la vocación social.
Principios:
Los principios cooperativos son pautas mediante las cuales las cooperativas
ponen en práctica sus valores.
Primer principio: Adhesión
Voluntaria y Abierta. Las cooperativas son organizaciones voluntarias,
abiertas a todas las personas capaces de utilizar sus servicios y dispuestas
a aceptar las responsabilidades de ser asociadas, sin discriminación
social, política, religiosa o de sexo.
Segundo principio: Gestión Democrática por parte
de los Asociados. Las cooperativas son organizaciones gestionadas democráticamente
por los asociados, los cuales participan activamente en la fijación
de sus políticas y en la toma de decisiones.
Los hombres y mujeres elegidos para representar y gestionar a las cooperativas
de primer grado responden ante los asociados, los cuales tienen iguales
derechos de voto (un asociado, un voto); las cooperativas de otros grados
también están organizadas de manera democrática.
Tercer principio: Participación Económica de los
Asociados. Los asociados contribuyen equitativamente al capital de las
cooperativas y lo gestionan de manera democrática. Por lo menos
una parte de ese capital es propiedad común de la cooperativa.
Normalmente reciben una compensación limitada, si la hay, sobre
el capital entregado como condición para asociarse. Los asociados
asignan los excedentes para todos o algunos de los siguientes fines: el
desarrollo de su cooperativa mediante la creación de reservas,
el beneficio de los asociados en proporción a sus operaciones,
o trabajo con aquélla, y el apoyo a otras actividades aprobadas
por ellos mismos.
Cuarto principio: Autonomía e Independencia. Las cooperativas
son organizaciones autónomas de autoayuda, gestionadas por sus
asociados. Si firman acuerdos con otras organizaciones, incluidos los
gobiernos, o si consiguen capital de fuentes externas, lo hacen en términos
que aseguren el control democrático por parte de sus asociados
y la autonomía cooperativa.
Quinto principio: Educación, Capacitación e Información.
Las cooperativas proporcionan educación y capacitación a
los asociados, a los representantes elegidos, a los directivos y a los
empleados, para que puedan contribuir de manera eficaz al desarrollo de
sus cooperativas. Además, informan al público, especialmente
a los jóvenes y a los líderes de opinión, sobre la
naturaleza y beneficios de la cooperación.
Sexto principio: Cooperación entre cooperativas. Las cooperativas
sirven a sus asociados lo más eficazmente posible y fortalecen
al movimiento cooperativo, trabajando conjuntamente mediante estructuras
locales, regionales, nacionales e internacionales.
Séptimo principio: Compromiso con la Comunidad. Al mismo
tiempo que se centran en las necesidades y los deseos de los asociados,
las cooperativas trabajan para conseguir el desarrollo sostenible de sus
comunidades, mediante políticas aprobadas por aquéllos.
Declaración de Río
A partir de este último principio y frente a la compleja realidad
del mundo contemporáneo, la Alianza Cooperativa Internacional,
reunida en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, del 3 al 7 de diciembre
de 2000, bajo el lema Identidad cooperativa para el nuevo milenio,
emitió esta importante Declaración que transcribimos textualmente:
Considerando
- La situación en que viven millones de seres humanos afectados
por el flagelo de la pobreza, la falta de trabajo, los problemas de vivienda
e inadecuados sistemas de atención social debido, entre otros factores,
a la concentración de la riqueza y la exclusión social.
- La creciente violencia debida al negocio de las armas tal y como se
fundamente en la propuesta, por iniciativa de la Comisión de Premios
Nobel por la Paz, para establecer un Código Internacional de Etica
sobre la Transferencia de Armas.
- La grave degradación del medio ambiente que limita las posibilidades
de vida a las generaciones presentes, así como la de aquellos aún
por nacer, y la cual amenaza el planeta, nuestro único hogar.
- La ausencia de solidaridad, que caracteriza esta época, con la
proliferación de actividades y conductas antisociales impunes,
generadoras de corrupción pública y privada; factores de
eminente peligro para la sociedad democrática.
Manifiesta
1 Su disposición y capacidad para contribuir a una sociedad
más justa, transparente, civilista y democrática tal y como
se manifiesta por la actividad cotidiana que realizan las cooperativas
en todo el mundo.
2 Su interés en exhortar a gobiernos, partidos políticos,
organizaciones de la sociedad civil y a las personas amantes de la paz
para sumar esfuerzos en pro de la justicia social, así como en
la lucha por la reducción del armamentismo y la erradicación
de la violencia. Reafirmamos al mismo tiempo nuestra disposición
como organización mundial para generar empleo, vivienda digna y
combatir la exclusión social.
3 El deseo de construir una sociedad en armonía con la naturaleza.
4Su deseo de que la organización cooperativa habrá de contribuir
a alcanzar un nuevo orden económico, político, socialmente
justo y equitativo en el mundo. Un orden inspirado en los valores y principios
cooperativos para brindar así su respaldo a la sociedad democrática,
y
5 Que la Alianza Cooperativa Internacional asume el compromiso de obtener
el respaldo de millones de miembros de las cooperativas hacia la carta
de Río, por el logro de la paz, la solidaridad, la equidad, la
justicia, la igualdad, la protección ambiental y el desarrollo
humano sostenible.
Por tanto
La Alianza Cooperativa Internacional presentará ante la Asamblea
General de las Naciones Unidas, por medio de su Director General y en
función del logro de las aspiraciones expuestas, esta iniciativa,
con el apoyo mencionado, en testimonio de este compromiso con las presentes
y futuras generaciones.
Antecedentes cooperativos
en la Argentina
La honda transformación que experimentó la Argentina
a causa de las sucesivas corrientes inmigratorias no sólo se evidenció
en la composición demográfica del país. Más
allá de la contundencia de los datos (de los 437.875 habitantes
que tenía Buenos Aires en 1887, 228.651 eran extranjeros, cifras
que se multiplicarían en décadas siguientes), pronto el
proyecto liberal de la generación del ochenta comenzaría
a resquebrajarse en su contacto con la realidad concreta.
Lejos de cumplir con el propósito de poblar el dilatado territorio,
los contingentes italianos, españoles y de otras nacionalidades
europeas y asiáticas se vieron obligados a concentrarse en los
grandes centros urbanos; poco a poco, la quimera de hacer la América
se iba disolviendo en la hostilidad de una estructura social que mal podía
abrigar proyectos de realizaciones individuales y colectivas. El trauma
de esa inserción (cuyo pico de intolerancia de parte del régimen
se manifestó en la Ley de Residencia, de 1912) fue por mucho tiempo
una llaga abierta, y el teatro, la literatura y el cine de un largo período
han hecho caudal de ese drama de desarraigo.
En aquel contexto perturbador, de graves contradicciones sociales, económicas
y culturales, nacen los primeros sindicados obreros, los partidos políticos
populares y el cooperativismo.
Si bien todavía incipientes, las ideas gestadas en Rochdale a mediados
del siglo XIX van llegando a nuestras playas de la mano de las corrientes
de inmigrantes, que comienzan a formar sus organizaciones mutuales y cooperativas.
Así, en 1898 se funda El Progreso Agrícola de Pigüé,
entidad creada por colonos franceses que se afincaron en esa ciudad de
la provincia de Buenos Aires, cuyo objeto social fue la cobertura del
riesgo del granizo sobre los sembrados, entre otras prestaciones del rubro.
En 1905, el doctor Juan B. Justo funda El Hogar Obrero. También
a comienzos del 1900 se constituye el Fondo Comunal en Villa
Domínguez, provincia de Entre Ríos.
En 1912 tiene lugar el Grito de Alcorta, que dará nacimiento a
la Federación Agraria Argentina y con ello a la expansión
del cooperativismo agrario en nuestro país. Y más adelante
surgen las cooperativas telefónicas, eléctricas y de agua
corriente; las de trabajo, crédito, vivienda y una amplia variedad
de ramas que cubren las más diversas especialidades de la actividad
económica.
Actualmente existen en nuestro país cerca de cinco mil entidades
cooperativas, que agrupan aproximadamente cuatro millones de asociados
y brindan sus servicios en todo el país.
El Instituto Movilizador
de Fondos Cooperativos
El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos fue fundado el 23
de noviembre de 1958 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, a
partir de la creciente necesidad de financiamiento por parte de las pequeñas
y medianas empresas de la ciudad y el campo, así como de las economías
regionales cuya demanda crediticia no era atendida por la banca lucrativa
tradicional.
Los objetivos fundacionales del IMFC fueron cuatro:
- Difundir la teoría y la práctica de la cooperación.
- Promover la creación de cooperativas, principalmente de crédito.
- Representar a sus entidades asociadas ante los poderes públicos,
y
- Constituir una red solidaria para la movilización de recursos
financieros entre las diversas regiones del país, según
las necesidades estacionales determinadas por los ciclos de la actividad
económica.
A partir de su creación, el Instituto Movilizador puso en marcha
una intensa labor promocional, cuyo fruto fue la constitución de
más de 800 cajas de crédito cooperativas, durante el período
comprendido entre 1958 y 1966.
Para una mejor valoración de esa tarea trascendente, cabe señalar
que previo a esta etapa de gran expansión, sólo existían
algo más de cien cooperativas de crédito en todo el país,
generalmente pequeñas y vinculadas a diversas colectividades extranjeras.
Las nuevas entidades, organizadas con un profundo sentido federalista
e integradas por pequeños y medianos comerciantes, industriales,
artesanos, cuentapropistas, profesionales y trabajadores, se asentaron
en barrios y ciudades, facilitando el contacto fluido y directo con los
generadores y usuarios del servicio.
Luego de 1966, a raíz del golpe de Estado que derrocó al
gobierno constitucional del doctor Arturo Illia, las cajas de crédito
cooperativas recibieron el impacto negativo de una política persecutoria,
que respaldada por la dictadura de entonces provocó la caída
de más del cincuenta por ciento de las entidades existentes.
Como consecuencia de este período nefasto, del total de casi mil
cajas de crédito existentes a mediados del 66, sobrevivieron
alrededor de cuatrocientos cincuenta.
Las razones de esta acción depredadora del capital financiero encarnado
en el gobierno de facto, fueron esencialmente dos: por una parte, el crecimiento
de la operatoria de las cajas de crédito cooperativas, cuyos saldos
consolidados en cuentas a la vista llegaron a superar el diez por ciento
de los depósitos de la totalidad del sistema financiero; es decir,
una creciente competencia para la banca tradicional. Por otro lado, el
modelo de gestión democrática desarrollado por el IMFC para
administrar los ahorros populares y otorgar créditos, orientados
hacia el fortalecimiento del mercado interno era incompatible con un sistema
de privilegio y concentración de la riqueza.
Durante ese lapso difícil de la historia política y económica
de la Argentina, el Instituto impulsó la integración del
sector, la defensa de las cooperativas que lograron superar las normas
restrictivas aplicadas por el Banco Central, abordó también
la creación de nuevos servicios para seguir atendiendo a los asociados
e intensificó una labor educativa y de divulgación doctrinaria
para fortalecer la adhesión institucional de los dirigentes, asociados,
funcionarios y empleados de sus entidades adheridas.
Con posterioridad, luego del golpe militar del 24 de marzo de 1976 que
implantó la dictadura genocida, se impuso una profunda reforma
del sistema financiero orientada a facilitar la inserción forzada
de nuestro país en el naciente proceso de globalización
neoliberal.
Así, la primera versión de la Ley de Entidades Financieras
pergeñada por el entonces ministro de Economía José
Alfredo Martínez de Hoz y su equipo, negaba la posibilidad de funcionar
a las entidades bancarias bajo la forma cooperativa, admitiendo exclusivamente
la figura jurídica de la sociedad anónima.
Esta discriminación que coartaba la posibilidad del sector de las
cajas de crédito para acceder a formas superiores de organización
empresarial solidaria, motivó una intensa lucha encabezada por
el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos destinada a defender el
derecho de sus entidades adheridas, para que pudieran mantener su naturaleza
e ingresar al nuevo sistema financiero.
Al respecto debemos tener en cuenta que, bajo el régimen dictatorial,
resultaba imposible organizar los grandes convocados tradicionalmente
por el IMFC para impulsar sus propuestas reivindicativas o celebrar, por
ejemplo, el Día Internacional de la Cooperación con la presencia
de miles de cooperadores en el estadio Luna Park u otros grandes centros
de convocatoria popular.
Hubo que agudizar el ingenio y encontrar una forma que permitiera expresar
el reclamo societario en las condiciones de estado de sitio y represión
visible o encubierta.
Para ello, el Instituto lanzó la iniciativa de reunir millares
de firmas de apoyo al movimiento cooperativo, con las cuales se llenaron
cuatro páginas de solicitadas por día, a lo largo de una
semana completa, en el diario Clarín.
De ese modo, con gran audacia y creatividad, se reemplazó la movilización
callejera prohibida con el ejercicio de petición a través
de la prensa escrita, manteniendo la presencia masiva de nuestra gente
en respaldo de sus organizaciones crediticias populares.
Como resultado de esta lucha protagonizada en uno de los momentos de mayor
virulencia del terrorismo de Estado, se logró que Martínez
de Hoz y la Comisión de Asesoramiento Legislativo (la CAL, ese
engendro creado por el Proceso para reemplazar al Congreso Nacional) dieran
marcha atrás e incluyeran en el texto del decreto ley de Entidades
Financieras a la forma jurídica cooperativa, como una de las variantes
posibles para operar en ese rubro.
Luego de obtener este éxito (seguramente, uno de los pocos, sino
el único, arrancado al gobierno de facto en ese particular momento
histórico hablamos de 1977/78) el Instituto impulsó
la integración de las cajas de crédito para reunir los capitales
mínimos exigidos, a fin de poder constituir bancos cooperativos.
Esta tarea permitió que entre 1978 y 1979, se crearan setenta y
seis nuevos bancos cooperativos, que sumados a los nueve preexistentes,
llegaron a totalizar ochenta y cinco entidades de esa naturaleza jurídica.
Actualmente, luego de una etapa de fuerte concentración y extranjerización
de la economía argentina y particularmente de su sistema financiero,
sólo quedan dos bancos cooperativos en nuestro país: el
Banco Empresario de Tucumán y Credicoop. Este último, fundado
el 19 de marzo de 1979, es en el presente el banco cooperativo más
grande de América latina.
Además de su especialización en el campo de la cooperación
de crédito, el Instituto Movilizador incluye en su padrón
societario a un conjunto significativo de entidades que abarcan otras
ramas del sector, tales como servicios públicos, trabajo, servicios
de medicina integral y, más recientemente, la producción,
acopio y comercialización de hierbas aromáticas.
En el plano de la integración institucional y operativa, el IMFC
participa activamente en la Alianza Cooperativa Internacional desde 1974,
y contribuyó a la formación del Comité Regional Bancario
de la ACI, para América latina, a comienzos de los 90.
Hacia fines de 1973 creó Idelcoop, el Instituto de la Cooperación-Fundación
Educacional, destinado al estudio y la difusión de la teoría
y la práctica del cooperativismo, así como a la educación
y capacitación en los principios, valores y técnicas propias
de esta naturaleza asociativa y solidaria.
Completando esta resumida reseña histórica del IMFC, podemos
puntualizar, en síntesis, las principales realizaciones a lo largo
de estos cuarenta y dos años de existencia:
- Creación de siete centros de cómputos a partir de 1972,
para procesar la operatoria de las cajas de crédito cooperativas
mediante la más avanzada tecnología.
- Organización, primero como un departamento del Instituto, y luego
como cooperativa independiente, de la tarjeta Cabal, única por
su naturaleza en el mundo del dinero plástico.
- Promoción y fundación de Residencias Cooperativas de Turismo
en 1980, para organizar en forma solidaria la recreación y el intercambio
turístico, dentro y fuera de nuestro país.
- Edición del quincenario Acción, desde el 1º de abril
de 1966, para difundir con rigor periodístico y visión cooperativa
los análisis de la realidad social, política, económica
y cultural.
- Creación de Ediciones Desde la Gente, en 1991, para la difusión
de la literatura argentina y latinoamericana, tanto hacia los asociados
y el personal de las cooperativas adheridas como hacia el público
en general. Este sello editorial del IMFC lleva distribuidos mediante
suscripciones, más de 1.200.000 ejemplares, a lo largo de estos
10 años, en los que se publicaron más de 115 títulos
con cerca de 700 autores. Programación y realización de
charlas, cursos, seminarios, talleres y diálogos abiertos, destinados
a promover el conocimiento de la realidad y difundir los más altos
valores de la cultura universal.
- Diseño, producción y emisión de microprogramas
radiales en todo el país, desde 1990, para llegar a la opinión
pública con los análisis del Instituto en torno de los principales
temas que interesan a la sociedad.
- Más recientemente y como parte de un nuevo período de
realizaciones solidarias, el Instituto Movilizador puso en marcha la constitución
de Cooperativas Populares de Crédito, para atender a sectores de
ingresos fijos modestos que no puede acceder al financiamiento bancario,
cooperativas de trabajo integradas por operarios de la construcción,
una Cooperativa de Productores de Hierbas Aromáticas y cooperativas
de recicladores de residuos domiciliarios, entre otras.
En el plano institucional, el IMFC ha iniciado esta nueva etapa después
de cumplir los primeros cuarenta años de fecunda labor, en 1998,
prestando especial atención a la incorporación de la mujer
y la juventud. Para ello promueve la constitución de espacios de
participación, respaldando el desarrollo dirigencial de las mujeres
y los jóvenes cooperativistas mediante una tarea permanente de
educación y capacitación, favoreciendo los intercambios
regionales y la promoción de ambos grupos de cooperadores a puestos
de creciente responsabilidad en sus cuerpos orgánicos propios y
en los de sus cooperativas asociadas.
Cooperativa: empresa y
movimiento social
En oportunidad de realizarse el III Encuentro Nacional por un Nuevo
Pensamiento, convocado por la Central de Trabajadores Argentinos, Apyme,
el IMFC y un conjunto muy amplio y representativo de organizaciones sociales,
académicas, defensoras de los derechos humanos y de carácter
cultural, hacia fines del año 2000, se debatieron los lineamientos
para construir un enfoque crítico de la realidad, con vistas a
su transformación en función de un proyecto superador, humanista
y solidario.
Asimismo se recopilaron variadas y ricas experiencias que permitieron
brindar un aporte valioso al Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre,
Brasil, durante la última semana de enero de 2001, cuyo lema fue
Otro mundo es posible.
En uno y otro ámbito de discusión, el IMFC presentó
un trabajo que resume su experiencia de más de cuatro décadas,
mediante el cual refleja su enfoque doctrinario que articula los principios
de la cooperación para la gestión empresarial y el protagonismo
en el movimiento popular.
Los párrafos que siguen son una síntesis de ese documento
y, creemos, la conclusión necesaria para esta reseña, que
no pretende agotar el vasto temario del cooperativismo, pero sí
brindar al lector un panorama que lo acerque a esta genuina expresión
de la voluntad, y el propósito de consagrar a los seres humanos
como la verdadera medida de todas las cosas.
Aquí están los párrafos seleccionados del documento
Cooperativas y política. La experiencia del Instituto Movilizador
de Fondos Cooperativos, elaborado en el mes de octubre de 2000:
Nuestra entidad cree interpretar las razones profundas que más
de un siglo y medio atrás dieron nacimiento al cooperativismo mundial:
sumarcado carácter anticapitalista, sus firmes convicciones de
justicia social, su vocación humanista; todos ellos valores de
hondo contenido político. Su doble carácter de empresa no
lucrativa y movimiento social define la experiencia. La forma cooperativa
de organización económica, agrega la participación
consciente en la toma de decisiones y éste es un atributo significativo
al momento de pensar una nueva sociedad.
Creemos firmemente en la dinámica del movimiento social. La historia
argentina es pródiga en grandes acontecimientos que cambiaron el
curso de los hechos; protagonizados por obreros, campesinos, estudiantes
y otros importantes sectores de la sociedad argentina. La fundación
de nuestro Instituto, en 1958, merece también incluirse como referencia
en la historia de la economía social del país. Esta inserción
y este protagonismo identifican al cooperativismo con otras organizaciones,
como los sindicatos. Ambas son formas de respuesta al capitalismo. La
cooperativa es una forma económico-social sostenida, en el caso
de las entidades del sector financiero, principalmente por pequeños
y medianos empresarios y productores. Los sindicatos constituyen una de
las respuestas en el plano reivindicativo del los trabajadores. El movimiento
social está ganando un espacio en la sociedad argentina y es preciso
potenciar sus realizaciones.
Si las fuerzas progresistas hemos sufrido una derrota, una causa central
de la misma está ubicada en el tema cultural. Se trata de trasladar
a la conciencia de la sociedad, de la mayoría del pueblo que otra
sociedad es posible, reinstalando los valores de la justicia y la libertad
para que la transformación sea posible. El desafío es terminar
con esa brecha que separa las demandas de los movimientos sociales y la
representación política, articulándose con propuestas
políticas que no resignaron sus objetivos, dirigentes y militantes,
a la causa del poder económico local y transnacional. La representación
política se construye en la articulación de la experiencia
del movimiento social y un proyecto político transformador, que
para nosotros es compatible con el origen y la tradición anticapitalista
que asumimos.
* Gerente institucional del
Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
(1) Fragmentos extraídos de Historia de los Pioneros de Rochdale,
de Georges Jacob Holyoake. Ediciones Intercoop, Argentina, 1989.
(2) Texto de la declaración emitida por el Consejo de Administración
del IMFC bajo el título Construir la esperanza, con
motivo del 79º Día Internacional de la Cooperación
celebrado el primer sábado de julio de 2001 en todo el mundo.
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Rectora: Hebe de Bonafini
Director Académico: Vicente Zito Lema |
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