Evolución
en la concepción del sujeto histórico
En la búsqueda de los caminos para la construcción
de la alternativa al neoliberalismo, una de las principales tareas es
la identificación y la formación de los protagonistas, es
decir de los sujetos antagónicos al modelo vigente. Es ésta
la respuesta más contundente a la crítica que la derecha
le opone constantemente a la izquierda, y particularmente al llamado pueblo
de Seattle, denunciando el contenido puramente negativo, protestatario
de su movilización y su falta de proyectos auténticamente
alternativos. La respuesta consiste en descubrir los múltiples
lugares de búsqueda y de creatividad, orientados en el sentido
de la alternativa; lugares que corresponden justamente al compromiso de
cada uno de los sujetos antagónicos.
La versión del marxismo que por una cierta época orientó
la izquierda inculcaba una visión objetivista y monolítica
del sujeto alternativo. En su perspectiva, el sujeto designado por
la historia a liderar la lucha contra el capitalismo y la construcción
de la sociedad socialista era la clase obrera; la afirmación de
su papel protagónico surgiría de la contradicción
objetiva entre el estado de las fuerzas productivas y las relaciones de
producción. La revolución mundial sería obra de la
unión de los proletarios de todo el mundo. Por supuesto,
otros sujetos podrían colaborar en esta histórica empresa,
pero a condición que se proletarizaran, es decir que
se acercaran lo más posible al sujeto paradigmático, que
era la clase obrera. El internacionalismo llamado a protagonizar el cambio
de sociedad a nivel mundial se denominaba proletario.
En la búsqueda actual de la alternativa, la concepción del
sujeto ha cambiado profundamente respecto al obrerismo de otrora. Primero,
porque se ha diversificado ampliamente: ya no hablamos del
sujeto de la alternativa, sino de una muchedumbre de sujetos, que es necesario
identificar en cada contexto político, económico y cultural,
ninguno de los cuales tiene un papel hegemónico determinado por
su posición objetiva. La hegemonía de un sector surge, cuando
surge, en un contexto determinado, de su capacidad de elaborar, en el
fervor de la lucha, propuestas movilizadoras y unificantes. Segundo, la
calidad de sujeto de la alternativa no se funda únicamente en la
ubicación objetiva de este grupo social, sino sobre todo en el
nivel de conciencia que él ha alcanzado: sujeto de la alternativa
por tanto no es el grupo en su conjunto, por ejemplo, de indígenas
o de mujeres, sino el sector concientizado y movilizado de ellos, que
suele ser minoritario.
Sobre este trasfondo hay que ubicar nuestro intento de reflexión
sobre el protagonismo de las mujeres: en la construcción de la
alternativa y particularmente en la educación popular liberadora.
Me he sentido particularmente feliz y honrado de poder presentar y discutir
estas hipótesis por primera vez en la Universidad de las Madres
de Plaza de Mayo, en Buenos Aires: ellas pues son uno de los símbolos
más expresivos de las mujeres que emergen como sujetos en la lucha
liberadora. Son, en particular, un grupo de educadoras populares extraordinariamentesignificativo
para ese país y para toda la humanidad. Ellas contribuyen a la
educación liberadora con su testimonio beligerante de fidelidad.
Fidelidad a las víctimas de la barbarie, de las cuales alimentan
incesantemente la memoria inquietante; para las cuales siguen invocando
justicia y denunciando la impunidad de los victimarios. Fidelidad a las
ideas y a los ideales por los cuales las víctimas lucharon y murieron,
prolongando su combate y proclamando la vigencia de sus sueños.
Fidelidad a las ideas y a los ideales de una generación que creyó
en la posibilidad de cambiar el mundo, proclamando con los rebeldes de
Porto Alegre que Otro mundo es posible.
Queremos ahora proponer algunas reflexiones sobre la opresión y
la liberación de las mujeres, por un lado en el sistema económico
y político de dominación neoliberal, por el otro en el sistema
de dominación eclesiástico católico.
I-APORTE METODOLOGICO DEL
MOVIMIENTO DE MUJERES
Abro esta exposición con una reflexión metodológica,
porque pienso que éste es un terreno importante del aporte de las
mujeres a la educación popular y particularmente a la investigación
participativa. Se inspiran en la propuesta metodológica de las
feministas.
El análisis en la metodología de la educación popular
La metodología investigativa promovida por la educación
popular prevé tres etapas: ver, juzgar y actuar. El ver
es el momento del análisis de la situación, en el cual la
educación popular liberadora le atribuye particular importancia
a la dimensión social y política. Este análisis se
desarrolla con la conciencia de que no puede ser neutral, sino que supone
una toma de partido. Por eso se llama también análisis de
clase. Más precisamente, el de la educación popular, es
-un análisis participativo, en el cual el grupo popular investiga
colectivamente y en el cual cada persona tiene la disposición a
escuchar y aprender de las otras;
-un análisis elaborado desde el punto de vista de los oprimidos
y las oprimidas como sujetos: así la no-neutralidad se define como
una toma de partido intelectual, reflejo de una toma de partido ético-política,
que consiste esencialmente en la afirmación beligerante del derecho
de los oprimidos a la autodeterminación. Es entonces una opción
intelectual, que afirma la validez cultural del punto de vista de los
oprimidos como sujetos, en contraposición al punto de vista de
los grupos y pueblos dominantes.
El punto de vista de los oprimidos y las oprimidas representa un signo
de contradicción en el terreno cultural: por un lado, pues, inspira
una crítica radical de la cultura occidental cristiana y, al mismo
tiempo, del pensamiento único liberaldemócrata; por el otro,
contribuye a orientar la elaboración de una cultura alternativa.
Asumir el punto de vista de los oprimidos y las oprimidas representa para
un occidental un viraje cultural. Su primera implicación es la
toma de conciencia de la dependencia intelectual y moral que hasta ese
momento había marcado (inconscientemente) nuestra propia cultura
y que sigue marcando la cultura de las grandes mayorías.
Un sistema tan antipopular como el neoliberalismo logra conseguir el consenso
de grandes masas, inclusive de los sectores populares, y logra por tanto
imponer su hegemonía a nivel mundial. Ahora, lo que posibilita
un consenso tan paradójico es la dominación intelectual
y moral que ejercen, a través de su aparato ideológico,
los grupos sociales y pueblos dominantes, y, por el otro lado, la dependencia
intelectual y moral de las grandes masas y su incapacidad de pensar con
su propia
cabeza. Esta dependencia
intelectual y moral es, a mi juicio, la forma más grave de expropiación
de las personas y los pueblos, y es el fundamento de las otras dependencias:
política, económica, social, religiosa, etc. Es particularmente
grave la dependencia a nivel filosófico y religioso: es decir en
los sectores culturales donde las personas y los pueblos definen el sentido
de su vida. Por tanto, sólo rompiendo esa dependencia, conquistando
la autonomía a este nivel, será posible desatar un proceso
de liberación integral. Esta toma de conciencia puede suscitar
un modo de rebeldía y de reivindicación del derecho a la
autonomía intelectual y moral, como componente esencial del derecho
a la identidad. Así entendida, la rebelión es una forma
de nacimiento intelectual y moral: me rebelo, entonces soy.
Por tanto, asumir el punto de vista de los oprimidos y las oprimidas implica
una capacidad, por cierto muy rara, de autonomía intelectual y
moral frente a las ideas y los valores dominantes; implica entonces la
capacidad de navegar contra la corriente y de asumir las consecuencias
de esta situación, como la soledad y la marginación. Esta
liberación intelectual y moral es el necesario punto de partida
y el fundamento del proceso de construcción de la alternativa.
Este punto de vista lo consideramos no sólo culturalmente válido
sino también superior al punto de vista de la burguesía
transnacional. Porque los opresores tienden a producir un conocimiento
que legitime su dominación y que, por tanto, esconda la violencia
del sistema: encuentran una aliada esencial en la mentira. En cambio,
los oprimidos y las oprimidas, que se inspiran en el amor liberador, tienen
interés en la afirmación de la verdad, en el triunfo de
la luz.
El aporte metodológico
de las feministas: el punto de vista de género
El aporte metodológico de las feministas es doble. En primer
lugar ellas valoran la especificidad del punto de vista de las oprimidas
respecto al punto de vista de los oprimidos. Para ellas entonces
la no-neutralidad del análisis y, por supuesto, de la evaluación
tiene aquí un nuevo aspecto respecto al análisis de clase,
que es el punto de vista de género.
Para favorecer la emergencia del punto de vista de género, las
mujeres valoran investigaciones participativas sólo de mujeres
y, en el análisis, el momento del autoanálisis o de la autoconciencia.
Tanto que a veces colectivos de mujeres en búsqueda se definen
grupos de autoconciencia. Este es el segundo aporte que quiero
señalar.
Pero, ¿qué es, más precisamente, el género?
No es una categoría puramente biológica, fundada sobre los
aspectos sexuales, sino una categoría social, política y
cultural. Ella refleja la relación entre hombre y mujer como es
vivida y pensada en una determinada sociedad. Forman parte de la definición
del género las relaciones de dominación que en la sociedad
patriarcal caracterizan la relación hombre-mujer, en sus aspectos
sociales, políticos y religiosos y con su justificación
ideológica y teológica.
Ahora, asumiendo específicamente el punto de vista de las oprimidas,
en nuestra búsqueda tenemos que contraponerlo no sólo al
punto de vista de la burguesía transnacional, sino también
al punto de vista de los varones oprimidos, por cuanto, en las relaciones
de género, ellos son a menudo opresores: no necesariamente como
personas individuales, sino como miembros de este género. Por su
condición de opresores, los varones tienden a ocultar y a ocultarse
a sí mismos la violencia de sus relaciones con las mujeres. Entonces,
el punto de vista de las oprimidas representa una integración y
una corrección del punto de vista de los oprimidos. Concretamente,
por ejemplo, el punto de vista de las indígenas o de las negras
representa una integración y una corrección del punto de
vista de los indígenas o negros. Se impone, sin embargo, una precisión.
Cuando hablamos del punto de vista de las oprimidas y afirmamos su superioridad
no nos referimos al conjunto de las mujeres: muchas de ellas pues, quizá
la mayoría, siguen siendo intelectualmente dependientes, y por
tanto, no expresan un punto de vista antagónico respecto al machismo
de la cultura dominante. Nos referimos, en cambio, a las mujeres concientizadas
y rebeldes, que viven un proceso de liberación intelectual y política,
inspirado en valores alternativos: nos referimos entonces a grupos minoritarios,
considerándolos intérpretes auténticos de la situación
y de las aspiraciones de las grandes mayorías.
Quiero ahora completar este aporte con una experiencia personal. En los
años 70 tuve la oportunidad, que me ofreció en Turín
el Sindicato del Metal, de coordinar una investigación participativa
de obreros sobre el tema la conciencia obrera hoy. En la elaboración
de la metodología nos inspiramos en los grupos feministas de autoconciencia
y propusimos como método el autoanálisis de clase. Ahora,
yo pienso que estos dos puntos de vista, de clase y de género,
no son opuestos, sino complementarios, es decir que se completan mutuamente.
En la última década, mi reflexión se ha concentrado
sobre la problemática indígena y negra. Aquí también
estuve descubriendo la necesidad de integrar el punto de vista étnico
con el punto de vista de género. Si, por ejemplo, los
indígenas y negros consideran el patriarcado como un producto de
la lógica capitalista, las mujeres señalan su presencia
también en las culturas indígenas y negras precapitalistas.
II-OPRESION Y LIBERACION
DE LA MUJER EN EL SISTEMA DE DOMINACION NEOLIBERAL
La opción por las oprimidas como sujetos puede ser, a mi juicio,
el eje de una filosofía liberadora de la mujer. Será de
todos modos nuestra brújula en la reflexión sobre el sistema
de dominación neoliberal, donde ella interviene por un lado en
el análisis y la evaluación de la sociedad, y por el otro
en la elaboración de alternativas.
Especificidad y radicalidad
de la opresión
femenina
La provocación
de las feministas impone explicitar, en el análisis y la evaluación
de la sociedad, el punto de vista de las oprimidas. Esta explicitación
pretende, en primer lugar, señalar los aspectos específicos
de la opresión de las mujeres y de la violencia de la que son víctimas.
Pretende analizar el impacto específico de la globalización
neoliberal sobre la mujer, que lleva a los analistas a hablar de una creciente
feminización de la pobreza, la miseria, el desempleo.
Uno de los aspectos específicos de la opresión femenina
es su radicalidad. De lo que se trata, es de una opresión que se
añade a las otras formas de opresión y las agudiza. La mujer
comparte con los hombres la opresión política, económica,
cultural, educativa, religiosa; pero sufre más profundamente cada
una de estas opresiones por ser víctima, además, de la opresión
de género. Ella comparte con los hombres su lucha liberadora, pero
tiene que enfrentarse a ellos en la familia, la sociedad, la iglesia,
cuando opta por su liberación como mujer tiene que enfrentarse
a los hombres.
La opresión femenina es una de las raíces de la violencia
que caracteriza la sociedad capitalista. Es cierto que esta violencia
es connatural al modelo económico y político, particularmente
en su fase neoliberal. Pero sería un error pensar que este modelo
se ha impuesto y se va radicalizando por razones puramente objetivas.
En su afirmación tienen una responsabilidad decisiva los países
más poderosos y sus dirigentes políticos. Tienen por eso
mismo un peso determinante los varones, que son la inmensa mayoría
de los dirigentes políticos; y también la inmensamayoría
de los científicos y técnicos que orientan el progreso
al servicio de una minoría privilegiada de la humanidad; son la
inmensa mayoría de los militares que realizaron con las armas las
conquistas y colonizaciones y que defienden hoy el sistema de dominación,
reprimiendo violentamente las protestas populares; son la inmensa mayoría
de los conquistadores que perpetraron el genocidio físico de los
pueblos indígenas y más tarde la esclavización y
deportación de los negros; son la inmensa mayoría de las
autoridades eclesiásticas que justificaron las conquistas y colonizaciones
como presupuesto de la evangelización y salvación de los
pueblos; son la inmensa mayoría de las autoridades eclesiásticas
que perpetraron el genocidio cultural y religioso de los pueblos indígenas.
Las feministas no se limitan a denunciar la marginación de las
mujeres en nuestra civilización; ellas constatan que esta marginación
tiene, entre sus consecuencias, la particular crueldad de la violencia
contra las mujeres. Para ellas la caza de brujas no es un episodio aislado,
sino que es el símbolo de una orientación profunda del sistema.
Se puede legítimamente pensar que nuestra civilización hubiera
sido muy distinta si las mujeres no hubieran sido excluidas de la construcción
en sus orígenes y en todas sus etapas.
Derecho de autodeterminación
de las mujeres
La opción por las oprimidas que nos guía, no tiene
carácter asistencial sino liberador: concierne pues las oprimidas
no sólo como víctimas, sino también como sujetos
de su liberación. Esta opción conlleva en primer lugar el
reconocimiento del derecho de autodeterminación de las oprimidas.
Derecho que ellas, por supuesto, comparten con todos los oprimidos, y
que se convierte en instancia crítica radical de la globalización
neoliberal, en la cual este derecho es sistemáticamente pisoteado.
Pero el derecho de autodeterminación de las mujeres tiene su alcance
específico como cuestionamiento radical de la sociedad patriarcal,
marcada justamente por la represión de este derecho. Autodeterminación
significa para la mujer derecho de escoger su compañero, de decidir
si quiere tener hijos y cuántos hijos quiere tener, de decidir
si va a seguir en la vida matrimonial o si va a separarse o divorciarse,
de decidir si va a dedicarse totalmente al hogar o si va a buscar trabajo,
si va a asumir un compromiso político, sindical u otro, de decidir
si va a guardar el hijo o la hija o si va a abortar, etcétera.
Pero el derecho de autodeterminación de las mujeres tiene otra
especificidad: es que se articula esencialmente con la solidaridad. Si
los varones consideran que su derecho de autodeterminación es compatible
con el derecho de dominación, las mujeres cuestionan decididamente
esta compatibilidad. Si para los varones el derecho de autodeterminación
es masculino, para las mujeres es universal: en este sentido, lo caracterizamos
como solidario.
Otro aspecto propio del derecho de autodeterminación de la mujer
es que él se caracteriza como solidario con la naturaleza. En la
interpretación de los varones, el derecho de autodeterminación
los legitima de manera ilimitada a dominar la tierra, legitimación
que brotaría también de un mandamiento divino, atestiguado
por la Biblia. En la perspectiva de la mujer, que desde este punto de
vista se acerca a la indígena, la relación de la persona
humana con la naturaleza no es de dominación, sino de convivencia
y de cariño. Esta intuición está en el origen del
ecofeminismo.
La opción por las oprimidas como sujetos no implica sólo
el reconocimiento de su derecho de autodeterminación personal,
sino también de su derecho a participar activamente en la autodeterminación
de su pueblo, compartiendo con los varones el poder político y
económico. A este propósito, las mujeres van descubriendo
que sería un error remitir la lucha por su autodeterminación
específica a la sociedad futura, para concentrarse hoy en la tarea,
supuestamente más urgente, de afirmar la autodeterminación
del pueblo. Porque la autodeterminación de la mujer no es sólo
un componente esencial de la autodeterminación del pueblo, es,
en un cierto sentido, la condición de su afirmación. La
reivindicación y la conquista de la autodeterminación de
parte del pueblo supone pues su concientización, que sólo
puede ser fruto de una educación liberadora masiva. Ahora un proceso
masivo de educación liberadora lo pueden desatar sólo las
mujeres, principales responsables de la educación en la familia
y en la sociedad. Sólo una mujer liberada puede ser liberadora.
Esta intuición contribuyó a motivar, me parece, el levantamiento
de las mujeres zapatistas, el 8 de marzo de 1993, con el cual ellas impusieron
la carta revolucionaria de sus derechos y con el cual prepararon el levantamiento
del ejército, realizado algunos meses más tarde, el 1º
de enero de 1994.
Reconocimiento de los recursos
específicos de la mujer
Optar por las oprimidas como sujetos no significa sólo reconocer
la especificidad y radicalidad de su opresión, sino también
los recursos específicos con los cuales ella puede contribuir a
la construcción de una nueva sociedad y de una nueva civilización.
Las mujeres reivindican pues, por un lado, su derecho a la igualdad con
los varones, y por el otro su derecho a la diversidad. Sus reivindicaciones
entonces no se limitan a restablecer la justicia, sino que pretenden enriquecer
la sociedad con sus aportes específicos y fortalecer, en esta fase
histórica, la búsqueda de una alternativa de civilización.
Sobre la fuente de este aporte específico, yo formularía
la hipótesis siguiente (sobre la cual me interesa conocer el punto
de vista de las mujeres). Hay que buscarla en una capacidad especial de
amor, entendido como identificación con el otro o la otra. Capacidad
plasmada en la experiencia biopsicológica de la maternidad y particularmente
en los nueve meses de simbiosis con el hijo o la hija. Esta experiencia
de identificación dispone a la mujer a extender el abrazo a las
otras personas. La dispone también a sentirse parte de la naturaleza,
estableciendo con ella una relación cariñosa. La dispone
por fin, si es creyente, a entender el sentido de la identificación
con Dios, de la cual hablan los pueblos indígenas; y de la cual
habla Jesús de Nazareth.
Las Madres de Plaza de Mayo evidencian nuevas dimensiones de la maternidad
cuando dicen: somos las madres no sólo de nuestros hijos, sino
de todos los hijos. La maternidad se manifiesta así como una experiencia
comunitaria y universalista, que rescata también un aporte de la
cultura indígena.
Las mujeres que no han vivido la experiencia de la maternidad pueden,
sin embargo, valorar su capacidad de identificación y sublimarla
en otras formas de amor, siempre que su renuncia a la maternidad no sea
expresión de egoísmo.
Esta capacidad especial de amor, de amistad, de entrega, de solidaridad
es el aporte fundamental de las mujeres a la convivencia humana y a la
convivencia cósmica, es decir a la convivencia con todos los seres
de la naturaleza.
Esta capacidad de amor y de solidaridad es particularmente un aporte de
las mujeres a la concepción de la política y del poder,
y permite transformar la lucha por la toma del poder en una lucha por
la eficacia histórica y el triunfo del amor.
Sin embargo, para que el amor represente realmente un aporte a la convivencia
humana y a la convivencia cósmica, es esencial que se caracterice
como liberador y no como asistencial. Existe pues y es quizáprevalente
una forma de amor, asistencial o protector, que quiere el bien del otro
o de la otra, pero que pretende imponerle su propia concepción
del bien, y no crear las condiciones para que él o ella escoja
autónomamente su camino, defina su identidad, intento que caracteriza
en cambio el amor liberador.
La mujer en el sistema
de dominación familiar
Mi hipótesis es que la experiencia de la simbiosis
representa un potencial liberador, pero que ella no es suficiente para
determinar la función liberadora de la mujer. Porque la relación
de la mujer con la hija o el hijo no es un fenómeno aislado, sino
que forma parte de todo un sistema político y económico,
fundado en relaciones de dominación; sistema político y
económico que es también un sistema educativo. Ahora este
sistema se caracteriza por plasmar personalidades dependientes, especialmente
a nivel intelectual y moral, lo que es la más radical de las dependencias
y expropiaciones, porque reprime en la persona el derecho y la capacidad
de pensar con su propia cabeza, de construir su identidad, de afirmar
su diversidad; en otras palabras, reprime la capacidad de amarse a sí
mismo de manera liberadora.
Ahora esta formación a la dependencia se ejerce en forma específica
respecto a la mujer, en dos sentidos. La mujer, pues, es la víctima
principal del sistema de dominación intelectual y moral porque,
además de la dependencia económica, política y cultural,
sufre la dependencia específica de género; llega entonces,
si no se rebela, a considerar normal a todos estos niveles y particularmente
a nivel de género, su condición de dependencia. Ella se
convierte por eso mismo en una protagonista del sistema, es decir en la
principal educadora a la dependencia, sobre todo a nivel familiar.
La interpretación del sentido de la vida y la conciencia ética,
estrechamente vinculada con ella, se forman en los primeros años
de vida, bajo el influjo decisivo de los padres y del ambiente familiar
(cuando existe). La interpretación que se plasma en esos años
marcará profundamente la evolución de la persona.
Freud ha caracterizado esta relación con los padres como un proceso
de identificación, categoría de la cual quiero
señalar la importancia para una filosofía de la liberación.
Según su hipótesis, la identidad y la conciencia del niño
y de la niña (que él denomina superego) se forman
a través de esta identificación con la conciencia de los
padres. Para él, se trata propiamente de una identificación
pasiva, es decir de una asimilación por parte del niño y
la niña de los valores dominantes en la familia; asimilación
que no es activa, consciente, crítica, sino puramente receptiva
e inconsciente. La educación de los niños sería necesariamente
autoritaria e integradora.
En lo personal, yo creo como Freud que es así de ordinario, pero
añado que no es así necesariamente. Por lo general la educación
familiar sí es autoritaria. Le impone al niño comportamientos
y valores sin justificarlos. En el origen de la identidad de la persona
hay una intervención violenta: esta violencia puede llegar a ser
física, pero es, más frecuentemente, moral y afectiva. El
niño o la niña entiende que si quiere ser querido, mimado,
aprobado, protegido tiene que hacer lo que se le dice y, más profundamente,
tiene que pensar lo que piensan sus padres. Tiene que ubicarse al lado
de los más fuertes. Así es que su conciencia ética
se construye como reproducción de la conciencia de sus padres.
Esta dependencia intelectual se refiere en particular a las opciones fundamentales,
éticas, filosóficas y religiosas, con las cuales las personas
van definiendo el sentido de su vida: sus padres las expropian cariñosamente
de este derecho fundamental, constitutivo de su identidad, que es el derecho
de orientar su propia vida. El símbolo más expresivo deesta
dependencia es quizás el bautizo de los niños y niñas,
con el cual los padres asumen en el nombre de los hijos opciones fundamentales.
Digo que los expropian cariñosamente, que ejercen una
violencia dulce, porque los padres, por lo general, y especialmente
las madres, actúan por amor. Su arma es el chantaje
afectivo. Pero muy a menudo su concepción del amor no es liberadora,
sino protectora, asistencial y autoritaria. Ellos no suelen expresar su
amor promoviendo la libertad del hijo o la hija y creando las condiciones
para que ellos puedan escoger su bien; parten del presupuesto que ellos
saben cuál es el bien de los hijos y procuran condicionarlos para
que orienten su vida en aquella dirección.
Entonces, la educación familiar suele ser una educación
a no pensar autónomamente, a pensar dócilmente, a identificarse
con las ideas dominantes.
Es bastante chocante descubrir que el amor es una fuente importante de
violencia, pero un análisis objetivo nos impone esta conclusión.
Este mismo análisis nos impone una profundización de lo
que es auténticamente el amor: ¿cuál es en el autoritarismo
la parte del amor y la del egoísmo, es decir del deseo de prolongarse
en el otro o la otra?
Así la familia, lugar privilegiado de amor y ternura, es al mismo
tiempo un lugar de violencia. Ella refleja la violencia y las relaciones
de dominación que caracterizan la sociedad, pero al mismo tiempo
contribuye a mantenerlas y a reproducirlas. El problema es que se trata
aquí de una violencia inconsciente e invisible; que, por ser considerada
legítima y normal, deja de ser percibida como violencia.
Uno de los aspectos de la educación autoritaria es, por lo general,
su dualismo a nivel de género. Dualismo que conlleva una cierta
discriminación de la mujer. Partiendo del presupuesto que en la
sociedad los varones tendrán responsabilidades de dirección
mientras que las mujeres estarán llamadas a ocuparse del hogar,
la educación se propone preparar cada género a cumplir con
su tarea. Entonces, para los varones se considera necesaria una educación
superior, para las mujeres es suficiente una educación elemental.
A los dos géneros se les imparte también una doble moral,
con distintas obligaciones y distintos criterios de evaluación.
Las vestimentas, los juegos y los juguetes contribuyen a construir estas
distintas imágenes.
Una de las consecuencias más graves de la educación autoritaria
es la represión del protagonismo de los jóvenes. Pero reprimiendo
el protagonismo juvenil se priva el país y la humanidad de uno
de sus recursos más ricos en la construcción de un nuevo
futuro.
Tareas liberadoras de la
mujer liberada en la sociedad
Este análisis (y autoanálisis) muestra que espontáneamente
la mujer no es ni libre ni liberadora sino dependiente y educadora de
la dependencia. Pero muestra también el extraordinario potencial
liberador que se esconde en su condición de mujer y de madre, y
que la educación liberadora tiene la tarea de activar.
El punto de partida del compromiso liberador de la mujer es la toma de
conciencia de su condición de dependencia, especialmente a nivel
intelectual y moral: de la dependencia que ella comparte con los varones,
pero también de su dependencia específica como mujer, de
su dependencia de género. Pero la toma de conciencia llega a ser
liberadora cuando percibe que esta dependencia no es normal,
sino que es el fruto de una múltiple represión del derecho
de autodeterminación intelectual y moral de la persona, y más
específicamente de la mujer como tal. Represión del derecho,
pero también de la capacidad de autodeterminación que las
mujeres tienen como personas y como mujeres. Represión de los recursos
específicos, que ella podría poner al servicio de la sociedad,
y que se convierte por tanto en un empobrecimiento de la humanidad. En
otraspalabras, la toma de conciencia es liberadora cuando provoca una
rebelión, al mismo tiempo, contra la ideología machista
y contra el neoliberalismo que la impone hoy.
Es la mujer así liberada que se convierte en protagonista de la
educación liberadora en la familia y en la sociedad, que por tanto
le puede imprimir al sistema educativo autoritario, en el cual se funda
el modelo neoliberal, una inversión de tendencia. Es la mujer así
liberada que se convierte en protagonista de la transformación
social y de la Iglesia.
Quiero señalar algunos de los aportes específicos de la
mujer a la construcción de la alternativa.
1) Como protagonista de la educación liberadora, la mujer liberada
contribuye específicamente a la construcción de una nueva
sociedad:
Promoviendo una nueva relación entre hombre y mujer, fundada
en la igualdad, la diversidad y la fecundación mutua (en el sentido
cultural y político). Quebrando las relaciones de dominación
a nivel de género, que tienen en la sociedad un papel radical,
ellas contribuyen a quebrar en su conjunto el sistema de dominación;
Promoviendo en la familia y en la sociedad la educación liberadora,
ellas contribuyen a la liberación de los jóvenes y a la
valorización de su protagonismo;
Contribuyendo a la concientización del pueblo, lo preparan
a rebelarse y a movilizarse por su liberación.
2) El coprotagonismo de la mujer en la vida política y económica
enriquece la misma concepción del poder y su representatividad.
La enriquece con el aporte de un punto de vista específico y de
una sensibilidad particularmente abierta a considerar el poder como expresión
solidaria de la comunidad, de su voluntad y de sus intereses, en una palabra,
como un auténtico poder popular; a valorar la tarea educativa,
en el sentido liberador, del poder popular, a prestarle particular atención
al desarrollo y al poder local alternativo.
3) El coprotagonismo de la mujer es particularmente fecundo en la elaboración
de proyectos alternativos de desarrollo local y en la instauración
de poderes locales alternativos.
4) El aporte de las mujeres es fundamental en la elaboración de
una ética liberadora. Su sensibilidad impone el abandono de una
ética fundada en la obediencia, y la formación de una ética
inspirada por la centralidad del amor liberador. Además, su punto
de vista es esencial para enriquecer y corregir algunos problemas más
candentes, como el del aborto.
5) El aporte de las mujeres es fundamental en la elaboración de
una estrategia no-violenta contra el neoliberalismo. La cultura liberadora
y la cultura no-violenta históricamente se han contrapuesto y descalificado
entre sí: lo que, a mi juicio, ha reducido la eficacia de ambas.
Ha llegado quizás el momento de elaborar, con el papel determinante
de las mujeres, una nueva síntesis entre las dos tradiciones: la
educación popular liberadora sería un terreno privilegiado
de esta elaboración.
En conclusión, nos ha sacudido profundamente tener que reconocer
el papel determinante de la opresión femenina en el sistema económico
y político neoliberal de dominación y en el sistema eclesiástico
católico. Ella no es sólo una de las formas de opresión,
sino una de las raíces de la opresión a estos distintos
niveles: porque la exclusión de las mujeres del protagonismo en
la sociedad y el protagonismo exclusivo de los varones determinan el sistema
autoritario y violento de los sistemas de dominación neoliberal
y católico.
Entonces, la lucha de las mujeres por su liberación no es sólo
la reivindicación de un derecho pisoteado, es también una
responsabilidad histórica. Porque sólo las mujeres liberadas
podrán ser liberadoras. Sólo las mujeres liberadas serán
protagonistas de una nueva civilización.
* Es teólogo de la
Liberación. Nacido en Egipto, reside en Roma. Es miembro del Tribunal
de los Pueblos contra la Deuda Externa, participa de la solidaridad con
los movimientos populares de América latina y es docente invitado
en la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo.
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Universidad
Popular Madres de Plaza de Mayo
Rectora: Hebe de Bonafini
Director Académico: Vicente Zito Lema |
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