Lun 28.06.2010

ECONOMíA  › LA CUMBRE DEL G-20 CONCLUYó CON UN DOCUMENTO CONCILIADOR QUE MATIZó LAS DIFERENCIAS SURGIDAS DURANTE EL DEBATE

En medio del Mundial, patearon la pelota para adelante

El texto final del encuentro exhorta a los países a asegurar la sustentabilidad fiscal, reducir los déficit y controlar las deudas públicas; pero también se dejó en claro que esas medidas no deben “dañar el crecimiento”.

› Por David Cufré

Desde Toronto

Como si el Mundial de Fútbol lo dominara todo, la cumbre del Grupo de los 20 terminó con los presidentes pateando la pelota para adelante. “Unos piensan que hay que poner el acento en las políticas de ajuste y otros piensan otra cosa, y así quedó expresado en el documento final. Fue una cumbre de transición”, resumió Cristina Fernández de Kirchner minutos después de finalizadas las deliberaciones, cuando faltaban apenas quince para que empezara el partido entre la Argentina y México en Sudáfrica. “Ay Dios mío, ay Dios mío”, dijo llena de nervios, ante la consulta de si lo vería, y abandonó el salón donde recibió a la prensa a las apuradas, sin responder. Para ese entonces ya iban 20 minutos del primer tiempo y los resultados de la reunión de los mandatarios más poderosos del mundo, cuyas economías representan en términos conjuntos el 85 por ciento de la riqueza global, parecía importar poco a los argentinos, al menos hasta que sonara en Johannesburgo el pitazo final.

Como anticipó Página/12, las dos posiciones que se enfrentaron en la cumbre, con Europa, Japón y Canadá a la cabeza de uno de los grupos, y Estados Unidos, los países del BRIC –Brasil, Rusia, India y China–, más emergentes como la Argentina, Sudáfrica y Turquía del otro, quedaron matizadas en un documento conciliador. “Nos comprometemos a adoptar acciones coordinadas para sostener el crecimiento, crear empleos y obtener una expansión más fuerte, sostenible y equilibrada”, sostiene la declaración, tal como querían estos últimos. Pero también exhorta a los países a asegurar la “sustentabilidad fiscal”, reducir los déficit –Argentina no los tiene– y controlar las deudas públicas, como pretendían los primeros.

Las naciones desarrolladas se comprometieron a bajar los déficit fiscales a la mitad para 2013 y lograr una estabilización de sus niveles de deuda en 2016. “Es más de lo que esperaba, porque hay objetivos concretos”, aseguró la alemana Angela Merkel, quien lideraba a los países europeos. Su objetivo en esta cumbre era lograr la legitimación del G-20 a los duros planes de ajuste fiscal que la mayoría de ellos lleva adelante a nivel interno, con recortes de sueldos y jubilaciones incluidos, más el aumento de la edad para obtener la jubilación. Esa pretensión quedó a mitad de camino, porque al mismo tiempo se remarcó –a instancias del otro grupo– que ninguna medida de ajuste debe “dañar el crecimiento”. Estados Unidos hizo valer su peso en este caso, ya que para Barack Obama es una prioridad reducir el desempleo, clavado en 10 por ciento, atendiendo a que en noviembre afrontará unas elecciones cruciales de medio término de renovación de Cámaras parlamentarias.

En esa línea, otro punto trascendente del documento es que cada país tiene derecho a aplicar la política económica que considere necesaria en función de “circunstancias nacionales”. Cristina valoró este aspecto de manera particular. “No hacía falta reunirse en el G-20 para decir esto, pero el reconocimiento es un paso importante porque desde los centros de poder del mundo siempre hubo una clara tendencia a marcar al resto de los países lo que tenían que hacer. Es bueno que ahora se admita que cada uno tiene que definir su modelo económico de acuerdo con necesidades y particularidades propias”, destacó.

Transición

La presidenta argentina definió el encuentro de Toronto como “una cumbre de transición”. Esto es porque hubo que saldar el debate entre países inclinados a impulsar medidas ortodoxas –rebaja de gastos y costos laborales– y aquellos que impulsan políticas heterodoxas o neokeynesianas, con una fuerte participación del Estado en la economía, el estímulo al consumo interno y la regulación financiera. Para la próxima reunión, que será en noviembre en Seúl, se fijó el compromiso de avanzar con temas concretos que el G-20 viene conversando profusamente desde su primer encuentro –en noviembre de 2008, en Washington–, tras el estallido de la crisis internacional: castigos a los paraísos fiscales, la imposición de reglas a las calificadoras de riesgo, control a los capitales especulativos y reformulación del FMI y otros organismos.

“Todos los presidentes estuvieron de acuerdo en esos temas. Hubo una expresión del presidente chino, Hu Jintao, que me pareció muy exacta. Habló de que tenemos un sistema financiero fantasma, con capitales que se mueven de un lado a otro del mundo sin que se sepa quiénes son sus dueños y que con sus entradas y salidas abruptas ocasionan severas crisis a las economías”, contó la jefa de Estado. “Es imprescindible encarar la regulación financiera de carácter transnacional y ése es un objetivo que el G-20 no puede dejar de cumplir en su próximo encuentro”, insistió.

–¿La cumbre estuvo más cerca del éxito o del fracaso? –le preguntaron a la Presidenta.

–Exito sería si las cosas cambiaran producto de los acuerdos alcanzados. Creo que el éxito radica en que hubo un intercambio de debates y de ideas, y entonces unos piensan que hay que poner el acento en una política y otros pensamos que debemos poner el acento en otra política, sin que esto signifique una pelea, ni un desencuentro –interpretó.

“Fue un trabajo arduo”, siguió la Presidenta, a tal punto que la inclusión del concepto de que hay que resguardar el crecimiento económico y promover el trabajo digno se terminó de acordar a las 2 de la madrugada de ayer. El sherpa argentino, Alfredo Chiaradía –principal figura del equipo técnico–-, estuvo negociando hasta esa hora con sus pares del resto de los países la redacción de ese párrafo. “Chiaradía pidió la inclusión de un documento que había escrito en su momento Angela Merkel, que decía que no sirve cualquier crecimiento económico, sino el que genera trabajo digno, genuino y de calidad. Estamos muy contentos porque finalmente esa idea quedó plasmada en el preámbulo de la declaración”, relató Cristina.

Desde adentro

Las sesiones del G-20 son abiertas. No se trata de una sucesión de lectura de discursos de veinte jefes de Estado, sino del intercambio de opiniones sobre distintos temas fijados en la agenda. El que quiere hablar, pide la palabra y hace su intervención. En esa dinámica se van fijando las posiciones. Cristina contó que a su turno hizo hincapié en dos ejes centrales. El primero fue la defensa de las políticas heterodoxas para lograr el mayor crecimiento económico posible y la promoción del empleo de calidad. El segundo fue el paquete de reformas que reclamó para calificadoras de riesgo, paraísos fiscales, el FMI y capitales especulativos.

Para fundamentar lo primero hizo un repaso de cómo fue el proceso argentino que llevó a la debacle de 2001. “Hablé de las políticas de los ’90, de cómo nos fuimos desprendiendo de activos públicos. Recordé la venta de la Acción de Oro de YPF en 1997 para cubrir el déficit fiscal, la reforma laboral de 1998 que profundizó la flexibilización, la reforma laboral de la Alianza con el escándalo de la Banelco, el impuestazo de Machinea del ’99 que generó expectativas horribles en la sociedad, y a medida que iba describiendo todo esto los presidentes se miraban, porque el proceso es muy parecido a lo que está pasando ahora en Europa. Y entonces dije que ninguna de esas políticas de ajuste dio resultado, porque el problema económico argentino era estructural. Después conté cómo con las políticas heterodoxas que ellos criticaban fuimos revirtiendo la situación desde 2003, y hoy tenemos superávit gemelos –fiscal y comercial– y un horizonte de crecimiento”, argumentó. “Todo lo que les conté no fue ni dogmático ni ideológico. Fue empírico: fue lo que pasó”, completó.

La otra mitad de su intervención estuvo dedicada a cuestionar en muy duros términos a los paraísos fiscales, a las calificadoras de riesgo y al FMI. “Dije que tenemos que terminar con los paraísos fiscales porque son fuente de evasión, corrupción, fuga de capitales, narcotráfico y terrorismo”, afirmó. “La Argentina está sufriendo el hostigamiento de fondos buitre radicados en paraísos fiscales. Hay un señor que renunció a su ciudadanía estadounidense para irse a un paraíso fiscal y nos ataca desde ahí. A Estados Unidos tampoco le sirve porque se fue del país para no pagar impuestos”, señaló, en referencia visible a Kenneth Dart, uno de los financistas que litigan contra el país con bonos en default.

Sobre el FMI recordó su responsabilidad en la crisis de 2001, cuando le quitó el apoyo al gobierno de De la Rúa, a pesar de que había seguido con devoción todos sus consejos durante dos años. “Pedí que en este momento de crisis internacional no le suelten la mano a ningún país, porque tenemos la experiencia de cuando a los argentinos nos soltaron la mano en 2001 para que sirviéramos de escarmiento en el mundo o de conejillo de Indias. Les recomendé que no hicieran eso con ningún país, porque además de ser una tragedia para los habitantes de donde sucede, con la situación que se está viviendo en el mundo sería francamente muy negativo”, planteó.

Por último, la Presidenta mencionó que en las sesiones se habló sobre retomar la Ronda de Doha, para fijar nuevas reglas al comercio internacional, pero que por ahora no hay acuerdo definitivo en la cuestión.

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