Vie 29.07.2011

ECONOMíA  › OPINION

Algunas lecciones de la crisis mundial

› Por Emmanuel Agis * y
Federico Marongiu **

En la actualidad el mundo atraviesa por un nuevo agravamiento de la crisis internacional. Al conflicto entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el Parlamento norteamericano por la modificación del límite de endeudamiento del fisco, se le suma una “semana negra” para el mercado bursátil italiano a raíz de las dudas sobre la sostenibilidad de su deuda soberana. El empeoramiento de la economía española obliga al presidente José Luis Rodríguez Zapatero a evaluar un posible adelantamiento de las elecciones nacionales. La situación de Grecia, por su parte, continúa siendo extremadamente delicada. Hacia el cierre de este escrito la cumbre en Bruselas aprobaba un “Plan Marshall” para Grecia, aunque un análisis más detallado de esa medida plantea serias dudas sobre su capacidad de alcanzar una verdadera reconstrucción de la economía helénica.

Ante este cuadro de situación, políticos y analistas económicos priorizan la mirada de “la foto” en detrimento de un mínimo análisis de “la película”, que para estos momentos ya podría clasificarse como una muy mala y de terror. Estas miradas se concentran de manera exclusiva en el deterioro de las finanzas públicas, fenómeno que no solo es válido para la Zona Euro, sino también para Estados Unidos. Así, la interpretación de la crisis adquiere un tinte exclusivamente fiscal y hace recaer su supuesta solución en un saneamiento de las cuentas públicas. En pocas palabras: ajuste, ajuste y más ajuste.

La absoluta incapacidad de los planes de consolidación fiscal para sacar a la economía de una recesión ha sido incluso reconocida en un documento recientemente publicado por el FMI, en el que se brinda evidencia de los efectos contractivos de tal política, efectos que han sido estudiados por vertientes heterodoxas del pensamiento macroeconómico. Pero al margen de comprender que las medidas recomendadas para los frentes fiscales estadounidenses y europeos sólo contribuirán a agravar la crisis, la “foto” de unas finanzas públicas deterioradas no debe ocultar la verdadera trama de la película: la financiarización de Estados Unidos y la moneda común en Europa. Respecto de esta última, la experiencia reciente de Argentina resulta ilustrativa. Es que hoy la Zona Euro se parece a la Argentina de la convertibilidad: el Banco Central Europeo (BCE) es, paradójicamente, independiente de los estados miembro de la Eurozona, al igual que en la Argentina de 1991-2001, donde esa tan mentada independencia era establecida como uno de los pilares del modelo. Las fuertes asimetrías entre los estados miembro de la Unión Europea, que ponen a Alemania y Francia en clara superioridad respecto del resto, explican buena parte de las dificultades enfrentadas por el viejo continente.

En esta situación, la férrea política anti-inflacionaria del BCE ha significado el sostenimiento de altas tasas de interés y de un euro fuerte. Es esta política la que explica el desenlace de la actual película de terror que vive Europa: el grado de apreciación del euro ha significado el deterioro del frente externo de los países menos desarrollados de la UE. Así, la foto de la crisis fiscal no es más que el resultado de una política de pérdida de competitividad que ha socavado las bases de los mercados internos de muchos de sus estados miembro y, con esto, el frente fiscal, debido a la consecuente magra evolución de la recaudación tributaria. Las burbujas financieras gestadas no constituyeron más que un parche, con costos futuros que difícilmente podrían haber sido evaluados a tiempo debido a la apremiante situación interna de las economías afectadas. Para colmo, buena parte de esa burbuja estuvo alimentada por el aprovechamiento de algunos miembros de la Zona Euro de los altos rendimientos que ofrecían los bonos de deuda de los denominados PIGS.

Para la ortodoxia económica, la deuda se paga con ajuste. Al contrario, la evidencia empírica enseña que la deuda, o no se paga o se paga con crecimiento. En este último aspecto la experiencia Argentina tiene mucho para decir: el default y la posterior renegociación de la deuda luego del estallido de la convertibilidad fueron centrales para dar aire a las finanzas públicas, mientras que el posterior crecimiento apuntaló la estrategia de desendeudamiento. Por estas razones, la dinámica de la crisis internacional reafirma el rumbo iniciado en la Argentina a partir de 2003, rumbo que debe ser profundizado para evitar volverse protagonista de la película de terror que hoy se proyecta en las principales salas del mundo desarrollado.

* Economista. Investigador del Cenda y docente de la Unqui.
** Economista. Investigador del Cenda.

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