Mié 19.05.2010

EL MUNDO  › EL GOBIERNO TAILANDéS RECHAZó LA OFERTA DE LOS CAMISAS ROJAS

En Bangkok se agrava la crisis

Los manifestantes habían dicho que estaban dispuestos a abandonar su demanda para que la ONU mediara en las negociaciones entre ellos y el gobierno y aceptaban que senadores actuaran como veedores. El gobierno no aceptó.

› Por Andrew Buncombe *

Desde Bangkok

Cada día en Bangkok se enarbolan las esperanzas de lograr un avance que ponga fin a la violenta crisis. Sin embargo, todos los días esas esperanzas se desmoronan. El gobierno tailandés rechazó ayer la última oferta de entablar conversaciones formulada por los Camisas Rojas, que hace dos meses ocupan el centro de Bangkok. Los manifestantes habían dicho que estaban dispuestos a abandonar su demanda de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mediara en las negociaciones entre ambas partes y aceptar, en cambio, que senadores de ese país actuaran como veedores.

Pero el gobierno, encabezado por el primer ministro Abhisit Vejjajiva, afirmó que sólo sostendrá conversaciones cuando los manifestantes hayan depuesto su acampe y se hayan ido. Eso es algo a lo que los Camisas Rojas no accedieron, alegando que perderían su influencia.

“Todavía están luchando y matando más gente”, dijo Weng Tojirakarn, un líder de los Camisas Rojas. “Hemos solicitado la mediación de la ONU en las conversaciones, pero eso llevaría mucho tiempo. Por eso pedimos la intervención al Senado.” Pero en vez de la reunión entre el gobierno y quienes mantienen la protesta, ayer hubo enfrentamientos entre las tropas y los grupos rebeldes. En los últimos cinco días, 39 personas fueron asesinadas y casi 300 heridas. Desde que la crisis se desató en marzo, 67 personas resultaron muertas.

El último episodio de violencia tuvo lugar en el distrito de Din Daeng, al norte del área comercial que está siendo ocupada por alrededor de 5000 personas. En Din Daeng, las tropas hicieron disparos de advertencia mientras los manifestantes encendían neumáticos y arrojaban bombas de nafta. Al menos dos personas recibieron los tiros, tal como afirmó la agencia de noticias Reuters. En la noche de ayer, una sucursal del Banco Siam estaba siendo incendiada y se escuchaban las fuertes explosiones. En otro inesperado giro de esta larga saga, un grupo de veinte manifestantes se quedó en ropa interior para protestar por la intervención policial y demostrar que el ataque fue dirigido contra civiles desarmados.

Pero para cimentar la paz y evitar mayor derramamiento de sangre van a ser necesarias mayores acrobacias. Ambas partes han dicho que están dispuestas a comprometerse y algunas fuentes informaron que hasta hace poco venían manteniendo contactos. Las autoridades parecen ser cada vez más conscientes de que las imágenes que se difunden en el mundo muestran un conflicto desigual. Mientras que las tropas tailandesas están fuertemente armadas con armas automáticas y revólveres, quienes protestan sólo cuentan con bombas de nafta y pirotecnia, aunque algunos informes sostienen que un número pequeño podría tener armas de mano.

También, los líderes comerciales están cada vez más conscientes del saldo negativo que la crisis le está dejando a un país, cuyos ingresos por el turismo superan el 6 por ciento de su producto bruto interno. El ministro de Finanzas, Korn Chatikavanij, manifestó: “Debemos admitir que esta protesta de larga duración ha estado afectando el potencial y las oportunidades para los negocios, incluso aquellos que quedan fuera del área del levantamiento”.

Muchos de los Camisas Rojas apoyan al anterior primer ministro, Thaksin Shinawatra, quien fue derrocado por un golpe militar en 2006 cuando estaba fuera del país. El golpe fue aparentemente sostenido por un número considerable de grupos conservadores, opuestos a las prácticas más populares de ese régimen. Por su parte, el dos veces electo Thaksin tenía cercanía con los sectores rurales más pobres del norte de Tailandia. Esos son los que hoy se han sumado a los Camisas Rojas y mantienen ocupado el centro de Bangkok. Desafiantes a la hora de abandonarlo, pero esperanzados a la hora de encontrar una salida.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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