Lun 13.09.2010

EL MUNDO  › UN 58 POR CIENTO DE LOS VOTANTES APOYó LA REFORMA A LA CARTA MAGNA

Turquía dijo sí a la nueva Constitución

Entre los aspectos más importantes, el paquete de reformas que impulsa el gobierno de Erdogan modifica el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional, además de recortar los privilegios de los militares.

› Por Lucas Farioli

Desde Ankara

En una madrugada como la del día de ayer, hace exactamente 30 años, los tanques del ejército turco invadían las calles de las urbes del país. Kenan Evren, general de las fuerzas armadas, acababa de iniciar un sangriento golpe de Estado en el que procuraba “poner en orden el país”. Con este propósito, los militares turcos arrestaron a 150 mil personas, cerraron sindicatos, agrupaciones ciudadanas, partidos políticos y medios de comunicación. En los dos años posteriores hubo represión, ejecutados (oficialmente), desaparecidos (extraoficialmente) y como guinda final la Carta Magna que la junta militar redactó e impuso a una población temerosa que había perdido todo interés en la política.

Esa misma Constitución ha tutelado el país durante las últimas tres décadas. Ayer, en el aniversario del levantamiento, más de 49 millones de turcos y 2,5 millones de ciudadanos emigrados fueron convocados para aprobar el paquete de reformas constitucionales planteado por el partido en el poder, el islamista moderado Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP por sus siglas en turco), bajo el liderazgo del primer ministro Recep Tayyip Erdogan.

A las 19 hora local, la cadena NTV informaba que en el recuento del 99 por ciento de las papeletas escrutadas, el 58 por ciento de los turcos se había inclinado por el voto favorable al paquete de 26 enmiendas constitucionales proyectadas por el Ejecutivo.

Entre muchas otras, las reformas tienen el objeto de limitar los poderes de las fuerzas armadas (proclamadas por Mustafa Kemal Pasa como las guardianas de los valores jacobinos y seculares que suponen los mismos cimientos de la república), y la modificación del Tribunal Constitucional, cuyos miembros además de ser designados por el jefe de Estado, el islamista Abdullah Gül, junto con el Parlamento, aumentarán sus miembros de los 11 actuales a 17. Según especifica el propio AKP, el objetivo de esta medida es pluralizar la Corte y evitar así los procesos de ilegalización que han venido afectando a varios partidos islamistas y kurdos durante años.

En Estambul, el día no invitaba a salir. Viento, frío y lluvia. Una jornada melancólica e ideal para recordarles a los turcos su pasado turbio y que se ha desarrollado con múltiples incidentes. El más grave de ellos fue el ataque que una veintena de simpatizantes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK por sus siglas en kurdo y considerado como grupo terrorista por Turquía, EE.UU. y la UE) protagonizaron en la mañana en la provincia del sudeste turco de Mersin, donde –según informó la agencia turca Dogan– el colegio electoral Mimar Sinan fue el blanco de un ataque por parte de activistas que profirieron insultos y lanzaron cócteles molotov a los ciudadanos que acudían a votar. Además, un soldado murió en la explosión de una mina en la provincia kurda de Siit, según comunicó la agencia Anatolia News.

En Dyarbakir, el feudo kurdo de Turquía por excelencia, fuentes anónimas pertenecientes al cuerpo del ejército allí estacionados señalaron que “estaban en estado de máximo alerta y que se esperaban incidentes”. No es para menos. La cúpula del único partido nacionalista kurdo con representación parlamentaria, Baris ve Demokrasi Partisi (BDP), pedía a sus votantes que “boicoteen los comicios porque en el paquete de enmiendas constitucionales no hay ninguna mención especial al problema kurdo”.

El referéndum ha dejado patente la clara polarización de la sociedad turca en materia de política. Por un lado el bloque islamista, compuesto por el AKP (islamista moderado), el Saadet Partisi (islamistas) y el Büyük Birlik Partisi (islamistas y nacionalistas), se ha tomado los comicios muy en serio y no ha dudado en echar mano de las diversas agrupaciones y hermandades vecinales como Halilurrahman Vakfi en Estambul, entre muchas otras en todo el territorio nacional. Estos grupos perfectamente organizados van casa por casa identificando y recogiendo adeptos para ir a votar. Asimismo es moneda común que las Vakfi’s “premien” la participación ciudadana con regalos y ayudas para “los colectivos más necesitados, como las familias numerosas o los estudiantes”.

Los seguidores del “no” (que también cuentan con sus propias redes y Vakfi’s) han hecho lo propio, aunque protagonizando alguna incidencia, como que, por ejemplo, Kemal Kiliçdaroglu, líder del Partido Popular Republicano (CHP) y principal alentador del “no”, haya sido incapaz de ejercer su derecho a voto debido a un malentendido burocrático.

Nada más conocerse el resultado de la consulta, el general retirado y conocido analista político Haldun Solmazturk se pronunció sobre los hechos: “Obviamente, el partido gobernante ha tenido bastante éxito al convencer a la mayoría de los turcos de que estas enmiendas supondrán una democratización genuina del el país”, comentó con una voz irónica. “Es un desastre absoluto y un día funesto para la democracia turca. No es una coincidencia que en las zonas más modernas y occidentalizadas de Turquía, donde existen plenas libertades y derechos, como lo es la costa egea, el ‘no’ haya arrasado, y que por el contrario en Anatolia central, más pobre y apegada en los valores religiosos, ocurra justo lo contrario”, dijo.

Cabe destacar que, aunque ex militar de peso, el señor Solmazturk rechaza plenamente la Constitución de los golpistas, que siempre ha calificado de “antidemocrática”.

El vicepresidente de las juventudes del AKP, Ismail Karaosmanoglu, se mostró precavido y apaciguador: “Comprendo perfectamente los miedos de los votantes contrarios a la enmienda constitucional, pero pueden estar tranquilos porque con la aprobación de la nueva Constitución sus derechos civiles y democráticos estarán absolutamente garantizados”, comentó.

Con respecto a las reacciones desde los cuarteles, Karaosmanoglu respondió: “Estoy seguro de que Isik Kosaner (nuevo jefe de las fuerzas armadas, de fuertes tendencias laicistas) respetará celosamente el resultado de los escrutinios”, concluye.

Según Tolga Bilener, experto en política turca e investigador en el departamento de Relaciones Internacionales en la Universidad de Galatasaray, los resultados han sido “mejor de lo que el AKP esperaba”. Contar con más del 58 por ciento de los votos “supone un éxito para el gobierno”. Los auténticos perdedores en estos comicios han sido los líderes del Partido del Movimiento Patriótico” (MHP, nacionalistas de derecha). “Un tercio de sus militantes ha decidido contradecir la línea política del partido y votar por el ‘sí’”, añadió el investigador.

Treinta años atrás, muy presentes quizás en la memoria colectiva, queda la noche del horror en la que los tanques volvían a recorrer una vez más las calles de Estambul, Ankara, Izmir y otras tantas metrópolis turcas. Ahora sólo le corresponde al público juzgar la estabilidad de las instituciones democráticas del país y mirar hacia un futuro no exento de dificultades, pero que al menos se perfila halagüeño a los ojos de Europa, en cuya democracia el padre de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Atatürk, era creyente incondicional.

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