Vie 19.08.2011

EL MUNDO  › GRAN MANIFESTACION EN SANTIAGO EN PROTESTA POR EL MODELO EDUCATIVO CHILENO

Un alud de estudiantes tapó a Piñera

Unas cien mil personas participaron de la “marcha de los paraguas” en Santiago, haciendo caso omiso de la lluvia y la nieve. Los escolares piden que el gobierno deje de mediatizar el conflicto y dé una respuesta satisfactoria.

› Por Christian Palma

Desde Santiago

Haciendo caso omiso de la lluvia, el frío y hasta la nieve que ayer cayó sobre Santiago, los estudiantes chilenos –que ya llevan casi tres meses movilizados– respaldaron una nueva convocatoria para marchar por la educación y salieron en masa a la calle a protestar por más que el presidente Sebastián Piñera, en otra desafortunada intervención, dijera que el camino de las piedras y la violencia desembocó en el golpe de 1973, aludiendo a los desórdenes registrados en manifestaciones anteriores y las barricadas que levantaron algunos jóvenes en la mañana, pero que no pasaron a mayores.

Con todo, la jornada bautizada como la “marcha de los paraguas”, caracterizada por una gran hilera multicolor de estos utensilios que reemplazaron, de manera ingeniosa, a las pancartas y lienzos vistos en otras marchas masivas, reunió a cien mil asistentes en la capital y a otros sesenta mil en regiones, según comentó la vocera de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), Camila Vallejo.

“El acto demuestra la fuerza del movimiento”, dijo la dirigente, al tiempo que interpeló otra vez al gobierno de derecha a escuchar las demandas estudiantiles. “Seguimos en pie, movilizados; nuestras demandas están claras y el gobierno no quiere escucharlas”, añadió, apuntando a la tercera propuesta presentada en la noche del miércoles por el gobierno y cuyos cuatro ejes centrales –financiamiento, traspaso de los colegios municipales al Estado Central, vigilar que se cumpla la ley y las universidades privadas no obtengan lucro y el aseguramiento de la calidad de la enseñanza en todos los ámbitos– fueron calificados de vacíos y ambiguos por los líderes estudiantiles. “No hay conformidad con lo que se planteó, hay muchas dudas, hay muchos vacíos... existe un pimponeo mediático, el ministro (de Educación Felipe Bulnes) sale anunciando a través de la prensa; nosotros tenemos que responderle a través de la prensa y no hay un espacio directo de conversación”, agregó, en medio de la marcha. “Este gobierno tiene que aprender a gobernar”, remató.

“El llamado que nosotros hacemos al país es a valorar que vamos en el camino y buscando un objetivo que a todos nos deje satisfechos en términos de poder aliviar el endeudamiento de nuestros sectores medios y de nuestros sectores vulnerables, con lo que implica un hijo en la universidad, y mejorar la calidad de la educación, que es un objetivo fundamental”, dijo el vocero de La Moneda, Andrés Chadwick. Sin embargo, el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Giorgio Jackson, sostuvo que “este movimiento está convencido de que los cambios no se refieren solamente a reducir una tasa de interés ni a dar más recursos a lo que hoy día significa el descontrol y la desregulación del sistema educativo, que nos ha llevado a una crisis, a una segregación y a una mala calidad”.

Precisó que lo que se busca es “un cambio en el paradigma educativo. Eso implica pasar de una sociedad centrada en el individuo a una sociedad en la cual el Estado sea garante del derecho de educación de calidad para todos, con integración”. Ambos jóvenes, junto a Freddy Fuentes, líder de los pingüinos (secundarios), han defendido con desparpajo, inteligencia y argumentos las demandas estudiantiles y han demostrado que las banderas que enarbolan en pos de mejoras en la educación son sólidas, de peso, que apuntan a cambios concretos y no a mejorar un sistema heredado de la dictadura. El movimiento sigue vivo gracias a la línea argumental de sus caras visibles, que tiene a millones de anónimos dando fuerzas desde atrás.

Esos mismos rostros sin nombre se mojaron y pasaron frío ayer. Ahí estaban chicos de los colegios privados del sector alto de esta capital, el más pudiente, pituco y derechista, mezclados con los de clase media o baja, codo a codo, entendiendo que esta lucha no es de unos pocos. Las banderas chilenas colgadas desde los edificios por donde pasó la marcha reflejaban también que el 80 por ciento que en las encuestas dice apoyar las reivindicaciones estudiantiles es real, se puede palpar, tocar y hasta ver.

Como se vio el muñeco gigante de Piñera vestido de escolar que se paseaba y abucheaba en la marcha. Como el autobús del Transantiago que seguía el ritmo de los manifestantes, como los disfrazados de calaveras que llamaban la atención sobre la huelga de hambre que llevan adelante algunos secundarios.

Cuando algún joven trató de provocar desmanes, cadenas humanas lo detenían. Se instó también a sacarse los pañuelos y capuchas de la cara para no dar la razón a Piñera en cuanto a comparar estos hechos con el quiebre de la democracia. “Estoy absolutamente convencido de que el camino para hacer de Chile un país más libre, más justo, más próspero, más solidario no es el camino de la violencia, de las piedras, de las bombas molotov. Eso no conduce a ninguna parte... Ese camino ya lo conocimos en el pasado y nos llevó al quiebre de la democracia, a la pérdida de la sana convivencia y tuvo muchas otras consecuencias”, había dicho Piñera más temprano.

Sus palabras molestaron al opositor presidente del Senado, Guido Girardi. “No soy partidario de señalar a todo el movimiento estudiantil como violentista, porque representan una demanda muy profunda de la sociedad chilena y del 80 por ciento de la sociedad. Criminalizar la organizaciòn estudiantil y hacer de su demanda algo violento no ayuda en nada a construir un diálogo”, dijo el parlamentario.

Pasado el mediodía, la gente se fue reuniendo en la sede que la Universidad de Chile mantiene en la calle Beauchef, el punto final de una nueva jornada exitosa para el movimiento, que concluyó entre músicos, dirigentes y espectadores.

Los actos delictuales menores, que fueron reprimidos por camiones hidrantes de Carabineros, no alcanzaron a empañar la nueva marcha estudiantil, que es la antesala de un gran paro nacional convocado por la central de trabajadores de Chile para la próxima semana. El general de Carabineros Sergio Gajardo catalogó la marcha como “pacífica” y precisó que sólo se utilizó un cartucho de bomba lacrimógena y no fue necesario usar más elementos disuasivos, sólo el camión hidrante”, afirmó.

Al caer la tarde, tibios rayos de sol se filtraban por entre las nubes, mientras los chicos volvían a casa, mojados, tiritando, pero con la mirada fija y más convencidos que nunca de sus demandas. “Quiero estudiar lo que yo quiera, no lo que el bolsillo de mis padres pueda”, le decía un joven a su amigo mientras guardaban el paraguas en la mochila.

Mañana, en una nueva asamblea que organizará la Confech en la Universidad de Atacama, en Copiapó, se definirá la fecha en que se hará público el nuevo documento que preparan los universitarios, en el cual con cifras y explicaciones de economistas argumentarán por qué en Chile se puede estudiar gratis.

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