Vie 29.09.2006

EL MUNDO  › PREFIRIO EL CALOR DE SUS PARTIDARIOS ANTES QUE IR AL DEBATE

Lula cerró su campaña en casa

Como en las elecciones anteriores, cerró su campaña en el barrio que lo vio nacer como líder sindical, en el cordón industrial paulista.

› Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, dejó plantada a la poderosa cadena de televisión Globo y prefirió cerrar la campaña junto a sus partidarios en San Bernardo Do Campo. “No podía dejar de venir aquí (...) El reencuentro con hermanos y compañeros no se cambia por nada”, dijo Lula ayer por la noche en el acto en las afueras de San Pablo. El misterio sobre su participación en una u otra actividad se mantuvo hasta último momento. Lula plasmó su fanatismo por el fútbol en el campo de juego electoral: mantuvo la posesión de la pelota durante todo el día, dejando a los jugadores del equipo contrario expectantes de sus movimientos. La decisión del destino llegó bien entrada la tarde: Lula asistiría al acto del Partido de los Trabajadores (PT), donde lo esperaban más de 15.000 personas, en vez de hacer frente a sus adversarios en el debate televisivo, ante unos 40 millones de espectadores. El desaire le generó grandes críticas por parte de la oposición y se espera un fuerte ataque de la prensa, que se ha convertido en un enemigo mucho más temible que toda la oposición junta.

“Cuando termine mi mandato, si tengo el derecho de mirarlos a ustedes a la cara, querrá decir que habrá valido la pena (haber sido presidente)”, afirmó Lula a sus seguidores. El presidente brasileño, vestido con campera blanca y pantalón negro, se mostró muy distendido y de entrecasa. En ningún momento se refirió a los escándalos de corrupción que provocaron la separación de muchos parlamentarios y dirigentes del PT.

En su discurso, Lula hizo una amplia mención a los medios de comunicación. “La prensa, que tanta gentileza tiene cuando habla de mí (...) La prensa, que no tiene ningún prejuicio contra mí”, dijo irónicamente. También asoció implícitamente a la prensa con las elites. “Las elites prejuiciosas, que colocan veneno todo el día” contra el gobierno de un ex tornero mecánico. Según el presidente brasileño, las elites todavía no aceptan que alguien como Lula haya llegado al gobierno porque “no estaba escrito que un operario debía entrar a la política, y hay gente que no perdona (que lo hayamos conseguido)”. Lula mencionó asimismo que escuchó recientemente afirmaciones tales como “si el pueblo quiere votar a Lula, hay que cambiar al pueblo”. “Cualquier día van a hacer un decreto para que el pueblo no pueda votar (mientras vote por Lula)”, afirmó el mandatario.

Pero eso no fue todo. También dedicó un párrafo cargado de bronca contra el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, a quien no nombró explícitamente. Lula dijo que el gobierno anterior dejó un país hundido, esperando que fuera ingobernable para el PT, “y así poder volver como el salvador de la patria”. Más allá de las palabras duras contra sus adversarios, también se guardó un espacio para recordatorios de compañeros que ya dejaron el sindicato y algún que otro comentario simpático. Lula contó que lo pone feliz que “cuando la gente común me encuentra por la calle, me llama ‘Lula’, y me dice cuánto cayó el precio del arroz”.

Lula ha cerrado siempre sus campañas electorales en San Bernardo Do Campo, en el ABC paulista, el cordón industrial más poderoso de América latina. Para llegar al lugar hay que atravesar la avenida Anchietta, cuyo recorrido deja ver grandes centros fabriles, talleres y concesionarias de automóviles. Los discursos de Lula durante las huelgas de 1978, 1979 y 1980, en el Estadio de Vila Eucliedes, de San Bernardo, desafiando los helicópteros militares, son parte de la leyenda de esta ciudad, que lo formó como líder.

El cierre de campaña de ayer fue muy distinto al del 2002, en el que había estado presente la Iglesia. El clima que se vivía hace cuatro años era uno de esperanza y de apuesta a un gobierno de transformación social. En cambio, el acto de ayer mostraba un clima menos festivo. Mientras en 2002 el lema de la campaña estuvo teñido de la palabra “esperanza”, el de este año –“Por Lula de nuevo, con la fuerza del pueblo”– fue un llamado a darle al presidente una segunda oportunidad, sin apostar a una transformación profunda de los rumbos de Brasil.

Otra gran diferencia del acto de ayer con el de las elecciones pasadas la marcó la ausencia de importantes figuras del PT, como la de José Dirceu, ex mano derecha de Lula, ahora condenado al ostracismo por los escándalos de corrupción. Tampoco estuvo el presidente del PT, Ricardo Berzoini, quien fue apartado como coordinador de la campaña tras la reciente explosión del escándalo del dossier. En el acto sí estuvieron presentes el vicepresidente José Alencar y Marco Aurelio García, asesor especial en Asuntos Internacionales y coordinador de la campaña.

Hasta ahora, las encuestas predicen que Lula será reelegido el domingo con alrededor del 50 por ciento de los votos. Pero si pierde un pequeño porcentaje puede ser obligado a ir a una segunda vuelta el 29 de octubre próximo, con el candidato de la socialdemocracia, Geraldo Alckmin. Lula cerró su discurso alentando a la victoria en primera vuelta. Sin embargo, no vaticinó si van a ganar el domingo o en segunda vuelta, algo que sí hizo la semana pasada cuando dijo “vamos a matarlos en primera”. “Nuestros planes para el segundo mandato son muy grandes. La vida del pueblo va a mejorar”, se limitó a decir Lula. Pero también les dio un consejo a los electores para el próximo domingo: “apriete el 13 (el número histórico del PT), y confirme”.

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