Lun 08.07.2002

EL MUNDO  › CRECE LA TENSION EN AFGANISTAN POR EL CRIMEN DE HAJI ABDUL QADIR

Pasando de la guerra a más guerra

Ayer fue enterrado en Jalalabad el vice afgano asesinado anteayer. En Washington, varios legisladores piden más intervención.

Por Rory McCarthy y
Jonathan Steele *

Desde Islamabad y Londres
@Miles de personas de luto se amontonaron ayer en el cementerio de la ciudad de Jalalabad, al este afgano, para asistir al funeral de Haji Abdul Qadir, el vicepresidente afgano asesinado a balazos este fin de semana a la luz del día. Justo antes de que llegara su cuerpo a Jalalabad, fue arrestado un hombre que cargaba una bomba en dicha ciudad, y que se suponía que iba a realizar otro atentado en el funeral. Por otro lado, al menos cuatro misiles fueron lanzados por desconocidos contra la base de las fuerzas especiales norteamericanas en la provincia afgana de Jost. En medio de esta situación altamente inestable en Afganistán, fuentes norteamericanas aseguraron que sus fuerzas se concentrarán en las zonas tribales de la vecina Pakistán, donde estarían varios focos talibanes y de Al Qaida, incluyendo al líder talibán, el molá Mohammad Omar, y al mismo Osama bin Laden. “Nuestras tropas están para disuadir en Afganistán. Por lo tanto, nos quedaremos mucho tiempo. Pero nuestra tarea está en Pakistán”, dijeron.
Cubierto por una bandera afgana verde, roja y negra, el cuerpo del antiguo jefe militar pashtún fue transportado en un cargador de armas desde la Blanca Mezquita de Jalalabad hacia los jardines del centro del oasis, donde fue enterrado bajo fuertes medidas de seguridad. La muerte de Qadir, el pashtún de más alto rango en el gobierno después del presidente Hamid Karzai, es un duro golpe para el gobierno y para las esperanzas de la comunidad internacional sobre la estabilidad futura del país.
El asesinato provocó ayer a varios senadores de Estados Unidos a pedir un rol más fuerte en Afganistán de las fuerzas internacionales de paz. A pesar de los recurrentes llamados a extender su presencia en Afganistán, Bush ha insistido con que operen solamente en Kabul. El senador Evan Bayh, un miembro demócrata del poderoso Comité de Inteligencia, dijo que era tiempo de que Estados Unidos lleve más tropas para la seguridad de Afganistán, más allá de la capital. “Fuimos a la guerra para limpiar este país y no veo por qué debemos tomar medidas a medias para estabilizarlo, para asegurarnos de que no pase a manos terroristas otra vez. Es un riesgo real que lo ganado en combate podría perderse en una paz insuficiente.”
El senador Chuck Hagel, un republicano que trabaja para el Comité de Relaciones Exteriores, declaró que “temo que veamos este gobierno y nuestros esfuerzos desligados si no hacemos una inversión apropiada en hombres, esfuerzo y recursos”. “Si perdemos aquí, si esto retrocede, será una derrota enorme. No podemos dejar que suceda.” Por su parte, Bob Graham, el asesor del Comité de Inteligencia, describió el asesinato como “un retroceso a la vieja Afganistán y una demora en el establecimiento de una nueva Afganistán”. También sugirió que las tropas extranjeras deberían jugar un rol más determinante.
Como vicepresidente y ministro de Obras Públicas, Qadir era importante para el presidente Karzai porque ayudaba a fortalecer el elemento pashtún en el gobierno y así equilibrar el control tajiko en los ministerios de Defensa y del Exterior. Otros dos jefes militares, Ismail Khan en Herat y Abdul Rashid Dostum en Mazar-e-Sharif, rechazaron los ofrecimientos de ministerios por miedo a perder el control de sus bases. El asesinato de Qadir probablemente refuerce la idea de que están más seguros en sus jurisdicciones que en Kabul. Demasiada gente pudo haber tenido motivos para matar a Qadir, donde muchos, desde los líderes tajikos hasta los talibanes, quieren desestabilizar a Karzai.
La muerte de Qadir, la segunda de un ministro pashtún en cinco meses, pone en evidencia la fragilidad de la paz en la nueva Afganistán. Su asesinato también podría ser parte de un crimen de feudos. Tras años invertidos en establecer su liderazgo en el opio y su tráfico a la guarida de Jalalabad, Qadir ha ganado más enemigos que amigos. De todos los jefes militares de Afganistán, Qadir era quizás el más elegante. Cuando regresó a Jalalabad en noviembre, un día después que los talibanes huyeron de laciudad, apareció con temple de príncipe con cientos de suplicantes rodeándolo, al haber dividido las posiciones de poder en el este.
Tras su encanto, Qadir tuvo un pasado oscuro. Durante la Jihad de 1980 contra la invasión soviética, peleó como comandante con el Hezb-e-Islami, la facción más extrema y brutal de todas las mujaidines. A comienzos de los ‘90 percibió los beneficios de fomentar la producción de amapolas y dirigir el próspero negocio del narcotráfico cerca de la frontera con Pakistán. Fue Qadir quien, en 1996, dio la bienvenida a Osama bin Laden a Afganistán y le permitió su estadía en el complejo habitacional Farmhadda, justo afuera de Jalalabad.

* De The Guardian, especial para Página/12.
Traducción: Mercedes López San Miguel.

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