Jue 01.07.2010

EL PAíS  › LA EX PRESA POLíTICA MIRTA CLARA DECLARó POR LA MASACRE DE MARGARITA BELéN

Dos mujeres salvadas por la niebla

La mujer, cuyo marido fue asesinado en la masacre, contó que Elsa Quiroz y Nora Giménez de Valladares no fueron víctimas en ese hecho porque no pudieron llevarlas a Chaco, ya que la niebla dejó fuera de operaciones la pista aérea.

› Por Marcos Salomón

La ex presa política Mirta Clara declaró ayer durante dos horas en el juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén, fraguado intento de fuga en el que fue fusilado su esposo Néstor Carlos Sala. El otro testigo que pasó por los estrados fue Edwin Peco Tissenbaum, reconocido abogado del foro local y militante por los derechos humanos. Fue uno de los contados profesionales que aceptaron defender a presos políticos durante la dictadura. La historia de Mirta –que llevaba un prendedor con la foto de Néstor en su saco– y Peco está íntimamente ligada, ya que fue su abogado durante la última etapa de la mujer como presa política hasta lograr la libertad, ya casi con Raúl Alfonsín como presidente constitucional de los argentinos.

El 19 de noviembre de 1976 fue un calvario para Mirta Clara: le avisaron de un traslado a Villa Devoto. Le pusieron las esposas, la vendaron, encapucharon y engrillaron. Llevaba en brazos –como podía– a su hijo nacido en cautiverio: Juan Andrés, de sólo seis meses. Pero no llegó hasta el avión porque se lo arrancaron de los brazos. Interpol mediante, lo pudo recuperar de una guardería del Ministerio de Bienestar Social de Resistencia. En ese traslado, Mirta Clara fue con sus compañeras de cárcel: Nora Giménez de Valladares, que tenía sólo 18 años, y Elsa Quiroz, que hoy es diputada nacional. No pasó ni un mes, que el 11 de diciembre “una inspectora de la cárcel llamó a Elsa y Nora para un traslado” nuevamente a Resistencia. De inmediato comenzó la protesta de las presas, llegó a haber unas 1200 en Devoto.

“Exigíamos saber quién daba la orden y por qué, pero nunca se nos contestó”, recuerda Mirta. Resultaba sospechoso el poco tiempo que pasó desde el traslado de Resistencia a Buenos Aires para volver a reubicarlas. Y, como los traslados eran malas noticias, las presas comenzaron una suerte de protesta sin comer y tomando sólo el agua necesaria. A la noche, la misma celadora que trajo malas noticias anunció las novedades: Nora y Elsa se quedarían en Devoto porque una niebla dejó fuera de operaciones la pista ubicada en Morón. “Así se salvaron, seguramente, de ser víctimas de la masacre”, reflexionó Mirta.

Venganza

Para algunos, “El Flaco”, para otros “Tiburón”, Néstor Sala tuvo que dejar La Plata e instalarse en Resistencia con Mirta –embarazada ya– y su hija Mariana Eva. No pasó mucho tiempo hasta que fue detenido en su casa, un 9 de octubre de 1975.

Fue torturado sistemáticamente desde el momento de su detención hasta el de su muerte, sea en la Brigada de Investigaciones de la policía de Chaco, en la alcaidía policial de Resistencia, durante un traslado (como a Formosa) y hasta en el cuartel militar de La Ligura (ex Grupo de Artillería 7 hoy Base de Apoyo Logístico).

En Formosa fue exhibido desnudo en el patio del Regimiento de Monte 29, acusado de ser el jefe del grupo que intentó copar esa guarnición militar –años después desmentido por los propios militares–: “Vamos a vengar a los soldados muertos”, arengaron los oficiales a la tropa, según el testimonio de Mirta Clara.

En su último día, Néstor fue sacado a las 14 –plena siesta chaqueña sin actividad alguna– de la U7. De allí lo llevaron al cuartel militar de La Ligura, lo torturaron, lo hirieron de un bayonetazo y lo trasladaron hacia la alcaidía de Resistencia, donde nuevamente fue vejado.

En este lugar alcanzó a advertir a Mario Mendoza, otro preso político, que se trataba de un “traslado pesado”, que se tradujo en la Masacre de Margarita Belén, cumpliéndose la venganza preanunciada en Formosa. Mirta recordó que el arrepentido Eduardo Ruiz Villasuso declaró en su lecho de muerte que Alberto Luis Patetta –uno de los imputados– le disparó a la cabeza a Néstor.

Mirta relató que antes de la masacre, durante entrevistas de la Dirección Nacional de Militares con presos políticos, Nora escuchó: “Si pasan de diciembre, lo pueden considerar un milagro”, que no ocurrió. Mirta terminó de declarar con un aplauso del público.

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