Dom 17.07.2011

EL PAíS • SUBNOTA

Cuestiones de la segunda vuelta

› Por Mario Wainfeld

Tres semanas para una segunda vuelta es un lapso relativamente largo. La primera es muy complicada para el que viene de atrás, esta vez no hubo excepción a esa regla. La distancia entre Mauricio Macri y Daniel Filmus desalienta fantasías. Más allá del irrenunciable optimismo de la voluntad, la razón empuja a buscar una diferencia decorosa, acaso en el mismo rango que cuatro años atrás. Ha cundido en estos días, desde el kirchnerismo o sus aliados, una lectura acerca de un electorado porteño macizo, inmutable a la acción política. El esencialismo es floja praxis electoral y mal consejero para la acción. Claro es que Macri y Filmus conservaron en sustancia su caudal. También que el líder de PRO es un dirigente legitimado en el distrito, difícil de batir. Pero de ahí a negar que con mejor trabajo político podría haberse acortado la brecha media un abismo al que es insalubre asomarse.

El Frente para la Victoria (FpV) cometió varios errores palpables, desde los comicios de 2007. En sustancia, considera el cronista, pueden resumirse en dos: haberse comprometido poco con la política territorial durante cuatro años y haber realizado una floja campaña.

Luce paradójico pero el kirchnerismo, que reivindica la primacía de la política, no ejercitó a fondo esa premisa en la Ciudad Autónoma. Filmus, en especial, cree mucho más en las prácticas mediáticas o en el discurso. Son opciones no excluyentes y, acaso, es útil echar mano a todas. El macrismo no le hizo asco a ninguna y consiguió mejores resultados. Eso no dispara una moraleja indiscutible pero sí debería fomentar reflexiones sobre el abanico de recursos que se manejan. El peronismo es una fuerza perdedora, tradicionalmente, en la Capital lo que tampoco equivale a olvidar que algunos sindicatos como el municipal o el de encargados de edificios (que por definición tienen presencia en todos los barrios) han sido un cachito de su fuerza. “El territorio” fue poco contemplado, en el tiempo que pasó y en la campaña, sin que se advierta el rédito.

La coexistencia de cuatro campañas fue otra ventaja concedida al adversario. La Casa Rosada, el comando de Filmus, el de La Cámpora y la lista encabezada por el legislador Cabandié, más las dos listas de compañeros transversales no sincronizaron lo necesario. Esas discordancias meten ruido, que el votante seguramente no identifica de modo consciente pero percibe.

Los issues discursivos, acaso, resultaron imprecisos. Faltaron detalles sobre políticas concretas a implementar, un poco de color local. El “debate sobre el no debate” absorbió mucha energía, pasible de canalizarse mejor.

La presencia de terceras, cuartas y quintas fuerzas (en especial Proyecto Sur) mucho más inclinadas a castigar a Filmus que a Macri agravó las dificultades. Ese problema (a diferencia de los enumerados antes) se diluye ahora. El perfil de Filmus, relativamente bajo en fuerza identitaria y en beligerancia, es otro capital que cambia de valor. En segunda vuelta, los votos propios ya están. La misión fundamental es “centrear”, interpelar a los otros, algo que al kirchnerismo le cuesta bastante. Filmus, un dirigente no irritativo, sin aristas enojosas en su historial, mejora allí su prospectiva. Claro que tiene que remontar una cuesta muy empinada, encontrar un discurso más atractivo, algunas movidas vistosas que no produjo hasta hora. Y no jugar todas sus fichas a un debate (que seguramente Macri “dormirá”), o a un improbable acuerdo con dirigentes de otros sectores. Sus interlocutores deben ser los votantes indecisos o en tránsito.

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Dicho mal y pronto, la contratapa de Fito Páez publicada en este diario fue más funcional al diseño de campaña de Macri que al de Filmus. Fito es un artista que expresó con franqueza su posición, con una libertad que incluye no haber consultado al comando de campaña kirchnerista. Es un ejercicio pleno de libertad, que tiene consecuencias.

La honestidad intelectual del músico no es novedad y se conoció en épocas más aciagas, como la dictadura y el menemismo. Debe recordarse ese pasado, algo que no hacen quienes lo lapidan, llevando agua para su molino. Eternos detractores del voto popular, se indignan con la opinión de un particular. El cronista lleva (con esta) escritas tres notas sobre los comicios porteños, su parecer está ahí y no concuerda con el de Fito Páez. Claro que asociarlo al nazismo o a otras desviaciones, vigas que se incrustan más en el ojo de los censores, es un disparate. Fue ecuménico en los medios dominantes, algunos picos ameritan un resaltado.

Un periodista del multimedios Radio 10-C5N asoció la expresión “militante” (con la que se engalanan muchos dirigentes opositores también) al afán de asesinar, así nomás, al oponente. Nelson Castro se sumó a esa vocinglería. Un editorialista de Clarín dejó de lado el tono circunspecto que suelen trillar los grandes medios y se permitió gastar a Páez por su condición de hincha de Rosario Central, desde su corazoncito de Ñuls. Un trato burlón de café, asombroso, acaso jamás visto en ese registro. Al enemigo, ni justicia, ni recato, ni manuales de estilo.

Retomando el hilo, el cronista se enrola entre los que enaltecen al voto popular, cuando le complace y cuando lo incordia o enfurece. La experiencia acumulada prueba que las preferencias ciudadanas pueden mutar, se corroboró en nuestro país y en la región, tan diferentes a las décadas anteriores. No hay, es un hecho y también artículo de fe, sociedades inmutables. Pensar una derrota en clave de revisar los desempeños antes que odiar al que eligió distinto es el norte de toda fuerza con pretensiones mayoritarias. Otras vienen en combo. Leer la realidad, estudiar las contradicciones, repasar las falencias. Juntar los votos de a uno, por arriba, por abajo, por tracción de la referente nacional, por prepotencia de trabajo propio.

Subir el piso del domingo probaría que no es exacto que el 72 por ciento de los porteños se pronunció contra el kirchnerismo. Y daría una referencia acerca de la virtualidad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sin duda mucho más empinado que el del candidato local.

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