Dom 08.09.2002

ESPECTáCULOS

“Un teatro abierto para todos pero no para todo”

Gabriel Senanes asumió ayer como nuevo director del Colón. Músico y periodista, apuesta a una renovación que se asiente en las tradiciones de esa sala. Anunció títulos y nombramientos.

› Por Diego Fischerman

A lo largo de la charla con Página/12, Gabriel Senanes recalca con meticulosidad la diferencia “entre nacional y nacionalismo, entre elite y elitismo y entre tradición y tradicionalismo”. Su otra obsesión es dejar claro que está “en contra de los unicatos”. Y, en efecto, una de sus expresiones recurrentes es “trabajo de equipo”. Acaba de asumir como nuevo director general y artístico del Teatro Colón –puesto en el que reemplaza al escenógrafo Emilio Basaldúa–. En la ceremonia estuvieron, junto a él, el jefe de Gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra, y el secretario de Cultura de Buenos Aires, Jorge Telerman. “No es común que asista al nombramiento del director de una sala teatral. Mi presencia tiene que ver con el respaldo con el que cuenta un teatro que, mientras tantas cosas se caen, sigue en pie y es uno de nuestros orgullos”, había dicho Ibarra ante el numeroso público –en el que abundaban los músicos– que asistió al acto. Senanes, a su vez, además de rescatar la “comunidad de intereses conformada en el teatro por artistas, trabajadores técnicos y público”, aseguró que “el Teatro Colón debe estar abierto para todos pero no para todo”, en una referencia a la supuesta polémica alrededor de la presencia de géneros populares –y de expresiones de escaso interés artístico– en esa sala.
Músico –ha compuesto obras sinfónicas, de cámara, solistas y hasta una ópera comisionada por la OEA, Ringside, que transcurre en un ring de box–, director de orquesta, crítico musical y periodista (escribió en la revista Página/30 y, hasta su reciente designación, en el diario Clarín) y médico (aunque hace años que no ejerce), Senanes hizo algo, durante su asunción, que en estos tiempos resulta casi revolucionario: reivindicó “la alegría, el disfrute, la felicidad y el placer”. La sola mención de esas palabras, según él, “parece inoportuna”. Sin embargo, opina que “en este estado de situación hay que lograr que el Colón –y el país, por supuesto– se convierta en un lugar donde sea más fácil ser feliz. El objetivo de hacer música, de hacer ballet, de escuchar y ver una ópera, de bailar, es sentir placer. Ese es el sentido del arte. El disfrute estético implica a veces dolor, o una risa, pero es claramente una forma del placer. Y se trata de expandir el espacio de ese placer”.
Además de anunciar cómo seguirá la temporada lírica a partir de ahora (ver recuadro), Senanes informó que “todas las compras y contrataciones figurarán en la página web del teatro” e informó, entre otras cuestiones, sobre la creación de la figura de compositor residente. “No podemos ser receptores pasivos del repertorio europeo, que amamos tocar y escuchar pero que no puede ser el único. No se trata de eliminarlo sino de agregar nuestra propia voz, una voz que merece ser oída.” El primero en ser honrado con ese cargo, que le permitirá componer de manera rentada para la Filarmónica de Buenos Aires será su director saliente, Gerardo Gandini. El otro organismo que conducía, el Centro de Experimentación del Teatro, será a partir de ahora codirigido por el compositor Martín Bauer (que venía programando un ciclo excelente, dedicado a la música contemporánea, en el Teatro San Martín) y la coreógrafa Diana Theocharidis (que entre otras cosas montó el año pasado, en el Colón, una puesta sorprendente de Variété, de Mauricio Kagel). En cuanto al 2003, Senanes aseguró que se “honrarán las tradiciones del teatro”. En ese sentido remarcó que “ésta es una sala para la ópera, el ballet, la música sinfónica y de cámara” y que “todo lo que aquí se programe que no corresponda a estos géneros deberá ser excepcional, tanto por su calidad como por su frecuencia”.
–¿Por qué le parece que algunos medios de comunicación agitaron en estos días el fantasma de que su designación significaría un avance de los géneros de tradición popular en las programaciones del Colón?
–Este es el primer día de mi gestión. Desconozco qué elementos anteriores pudieron haber despertado semejantes prejuicios. De hecho, se hicieron suposiciones acerca de un futuro que se ignoraba. Aun así, eso sirvió para mostrar el desprecio que algunos tenían con respecto a losllamados géneros populares, más allá de que en efecto no se trate del repertorio que el Teatro Colón debe atender.
–La ópera se ha convertido en un género en que la producción es cada vez más cara. Los cachets de los cantantes muchas veces son altísimos y en ocasiones no hay casi competencia, ya que hay muy pocos artistas que canten determinados roles y determinados títulos. Por otra parte, el promedio de edad de los concurrentes a espectáculos de ópera es cada vez mayor, lo que lleva a pensar que en poco tiempo el público tenderá a disminuir de manera drástica. Finalmente, para el público culto de Buenos Aires el lugar donde “pasan cosas interesantes” sigue siendo el San Martín y no el Colón. ¿Todo eso no convierte a la ópera en inviable? ¿Qué estrategias se plantea frente a esa problemática?
–Está claro que es un espectáculo caro. En múltiples sentidos. También es muy querido por su público. Y está claro que surgió en un momento en que las opciones de entretenimiento artístico eran menores que las actuales. Se ha dicho muchas veces que la ópera era el cine del pasado. Es imposible negar la historicidad de cada práctica cultural. No todo lo que la humanidad ha hecho ha sido eterno. Más bien todo lo contrario. Ahora bien, hoy y aquí, en esta parte de la historia, es probable que el Colón tenga muchas cosas para hacer en relación con lograr que la ópera no sea un espectáculo indescifrable o inaccesible. Tenemos que trabajar, y hay ideas y propuestas al respecto, para ofrecer un contacto, una experiencia, que posibiliten ampliar el público. No sólo hacia las franjas más carenciadas económicamente y con menos posibilidades de concurrencia a espectáculos, que es una parte del problema, sino también hacia ese sector culto que, hoy por hoy, aparece divorciado de la música clásica en general y, en particular, de la ópera. Además resulta fundamental trabajar en lo educativo y en relación con las generaciones más jóvenes, con los chicos. Tratar de que se despierte curiosidad, avidez por descifrar esa clase de espectáculos. Porque hay allí algo tan envolvente, tan sensorial, que debe aprovecharse. La experiencia del Colón, en la infancia, es una experiencia inolvidable. Percibir ese tamaño sobrecogedor, esa estética sorprendente del que ningún video puede dar cuenta completa; eso puede hacer que se siembre en un nuevo público.

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