Vie 25.06.2010

SOCIEDAD  › FRACTURABAN HUESOS A INDIGENTES Y SIMULABAN ACCIDENTES DE TRANSITO

Cayó una banda de caranchos

La policía detuvo a un abogado y a dos cómplices que fraguaban accidentes para iniciar juicios contra las aseguradoras, como en la película de Pablo Trapero. Tenían un móvil propio para trasladar a la víctima hasta el hospital.

“¿Dejás que te fracturen las piernas? Te pago tres mil pesos.” Un piropo de ese estilo podría resumir la labor de un grupo delictivo que fue detenido ayer por la Policía Bonaerense, acusado de reclutar gente dispuesta a que le rompan los huesos por un monto de dinero para después simular un accidente de tránsito e iniciar juicios por 700 mil pesos contra la aseguradora de un automovilista, supuesto responsable del siniestro a cambio, también, de una suma, según informó el titular de la DDI de San Isidro. Ayer la policía allanó el estudio jurídico del abogado Hugo César Schiber, acusado de ser el “carancho” –como el personaje del film que protagonizó Ricardo Darín– de un grupo integrado por una mujer y un ex empleado del estudio jurídico. En el marco de la investigación se analizan unos doscientos expedientes de características similares. Según estadísticas del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi), en el país sólo se detecta entre un dos y un tres por ciento de delitos de este tipo, pero se estima que alcanza el diez por ciento de las presentaciones contra las aseguradoras.

“Caranchos”, “bolseros”, “mayoristas”, “corre ambulancias”, “aves negras”, todas esas denominaciones se aplican a los abogados que a través de “punteros” (policías, camilleros, médicos, choferes de ambulancias y empleados de funerarias) se enteran de muertes y accidentes y se presentan ante las víctimas o sus familiares para representarlos y prometerles una buena cantidad de dinero, juicio mediante, contra una empresa de seguros o una ART y después quedarse con la mayor parte del pago.

Pero el grupo investigado a partir de una sospecha en la denuncia presentada por Schiber ante los tribunales civiles de San Isidro tiene otra característica: se trata de los llamados “rompehuesos”. “Llevaban a la gente a un recinto, la agarraban entre dos o tres personas y tras anestesiarlas, le efectuaban golpes en la pierna con un hierro hasta fracturársela”, relató Marcelo Peña, titular de la DDI San Isidro.

De acuerdo con la investigación, las personas que accedían al tortuoso proceso era gente de bajos recursos, que se sometían a la agresión tras recibir un monto cercano a los tres mil pesos. Daniel Herrera y María José Meza, un ex empleado de Schiber y su concubina, eran los “reclutadores” del grupo que también se encargaba de asociarse con un automovilista –en este caso un remisero– que accedería a participar de la simulación del accidente y luego prestaba declaración cuando Schiber iniciaba el juicio contra la aseguradora.

“Después de fracturar a una persona, la llevaban a un lugar y con el automovilista ya preparado, armaban la escena. Sin testigos oculares, se practicaban gritos y el auto realizaba frenadas que convocan a los vecinos”, explicó Peña en una conferencia de prensa en la que también participó el jefe de la Policía Bonaerense, Juan Carlos Paggi.

En los cinco allanamientos realizados ayer, la policía allanó el domicilio del ex empleado, en el partido de Moreno; el departamento de Federico Schiber –hijo del abogado–, en la ciudad de Buenos Aires; y el estudio jurídico del “carancho”, en el partido de Morón. Según el Ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense, en el domicilio de Herrera se halló una camioneta disfrazada de ambulancia que conducía para trasladar a los supuestos accidentados, que figuraba a nombre del hijo del abogado. En el estudio de Schiber se encontraron alrededor de mil legajos que contenían información sobre lesiones por accidentes, por lo que se presume serían actuaciones similares a la que inició la investigación. Según el gerente de Relaciones Institucionales del Cesvi, Marcelo Aiello, “hay mucho trabajo por hacer” en la detección de fraudes ya que, de acuerdo con un sistema de indicadores de este tipo de delitos que posee la entidad, los siniestros ficticios aparecen en el 51,9 por ciento de los casos de fraude.

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