Lun 04.10.2010

SOCIEDAD  › INTENTó ASESINAR A SU MUJER, ESTUVO PRóFUGO Y QUEDó LIBRE POR PRESCRIBIR LA CONDENA

La violencia machista sin castigo

Mario Garoglio intentó asesinar a su esposa Ivana Rosales, primero ahorcándola con un alambre y después destrozándole la cara con una piedra. Detenido y liberado a los 50 días, lo condenaron a 5 años, escapó, pero le dieron por prescripta la pena.

› Por Mariana Carbajal

Un hombre que fue condenado por intentar asesinar a su esposa dos veces en menos de una hora, golpeándola brutalmente hasta desfigurarla, logró mantenerse prófugo los cinco años de la pena que le aplicaron, sin pasar ni un solo día de la condena en la cárcel. Y tras ese lapso, consiguió que la Cámara Segunda en lo Criminal de la ciudad de Neuquén le firmara la prescripción de la pena. Se trata de Mario Garoglio, empleado de una empresa de servicios petroleros de Cipolletti. Garoglio logró burlar la pena y volvió a caminar libremente por las calles. El caso es emblemático de la impunidad que puede rodear a los casos de violencia machista. Curiosamente, el hombre terminó finalmente en prisión por otra causa: el jueves, un juez de Cipolletti lo mandó detener porque tenía una denuncia por abuso sexual de menores.

“Siento dolor e impotencia. Yo sé que no puedo confiar en la Justicia”, dijo con la voz entrecortada la ex esposa de Garoglio, Ivana Rosales, de 33 años. Hace pocas semanas se enteró de que su ex marido, quien intentó asesinarla ocho años atrás, arrojándole salvajemente una piedra sobre el rostro para provocarle múltiples fracturas y dejarla al borde de la muerte, había vuelto a caminar libremente por las calles de la provincia de Neuquén con el aval de la Justicia, tras permanecer cinco años prófugo sin que –llamativamente– la policía ni la Justicia lo encontraran. La Cámara Segunda que le firmó la prescripción de la pena es la misma que le dio una condena leve –menos de la mitad del castigo previsto para el delito—, porque encontró “atenuantes” para la conducta de Garoglio, como el hecho de que esa noche, la del intento de homicidio, él se había enterado por boca de ella que le había sido infiel (ver aparte). Para reconstruirle el rostro y la cabeza, Ivana fue sometida a cinco cirugías en el Hospital Regional de Neuquén.

Ivana contó a este diario que Garoglio había vuelto a trabajar en la misma empresa de servicios petroleros, Ferrere e Hijos S.R.L., donde estaba empleado antes de la condena. Ivana sospecha que nunca –en estos años– dejó de trabajar ahí.

La mujer tuvo tres hijos con Garoglio, una niña que hoy tiene 13 y dos varones de 11 y 9 años. Los cuatro viven en Plottier, una localidad neuquina situada a unos 25 kilómetros de la capital provincial.

Finalmente, quien lo metió preso a Garoglio fue el juez penal cipoleño Gustavo Herrera. El magistrado investiga una denuncia contra Garoglio por abuso sexual de uno de sus hijos. Lo mandó detener la semana pasada en su domicilio de Cipolletti y decidió mantenerlo preso teniendo en cuenta su fuga anterior y ante la gravedad de los hechos que se le imputan.

Justo antes de que Garoglio fuera detenido, Página/12 intentó ubicarlo en su trabajo. Pero en lugar de Garoglio, quien atendió el llamado telefónico fue uno de los dueños de la firma, Emilio Ferrere. El empresario defendió abiertamente a su empleado.

–¿Usted sabe que fue condenado por intento de homicidio de su esposa y nunca cumplió la pena? –preguntó este diario.

–Aquí vino con una resolución judicial que da cuenta de que la condena prescribió.

–La ex esposa denunció en varias oportunidades que seguía trabajando en su empresa. ¿Esto fue así?

–Acá la Justicia vino varias veces, hizo allanamientos y nunca lo encontró. Es una persona excelente, nunca fue agresivo, es muy familiero.

–Pero si no ve a sus dos hijas y a su hijo desde hace ocho años –replicó este diario.

–Pero nunca dejó de mandarles plata –siguió Ferrere.

–¿Cómo hacía si no trabajaba?

–No sé, se lo tiene que preguntar a él.

–¿Podría pasarme entonces con él por favor?

–No está.

Desde esta semana no podrá volver a su lugar de trabajo. Por primera vez desde la condena, Garoglio está tras las rejas.

La paliza

La noche del 18 de abril de 2002, la de la paliza brutal, Ivana y Garoglio tomaron un café en el centro de Neuquén. Fue cuando ella le anunció que había conocido a otro hombre en un chat y quería separarse. Por entonces, llevaban ocho años de convivencia, los últimos tres, casados legalmente. Estaban regresando a Plottier en el Ford Fiesta gris de la pareja, cuando –de acuerdo con la acusación fiscal–, Garoglio se desvió de la ruta y en un paraje solitario cerca del aeropuerto de Neuquén intentó ahorcarla con un alambre: Ivana se desvaneció y se despertó en el baúl. Gritó para que la liberara y su esposo, entonces, le golpeó la cara y el cráneo con una piedra. Creyéndola muerta, el hombre fue a su casa, se despidió de los tres hijos de ambos y se entregó en la comisaría de Plottier: “Le pegué a mi mujer y creo que se me fue la mano”, anunció en la seccional. Quedó preso, pero a los 50 días fue liberado porque la carátula de la causa fue morigerada de “tentativa de homicidio calificada por el vínculo” a “lesiones graves”.

Ivana quedó desfigurada: su marido le fracturó en varias partes la mandíbula y algunos huesos del cráneo, además de provocarle el desprendimento de la retina de un ojo y múltiples heridas en la cara. Poco más de un año después, el 11 de julio de 2003, en un fallo dividido, Garoglio fue condenado a una pena de apenas cinco años de prisión “por tentativa de homicidio agravado” por la Cámara Segunda en lo Criminal de la ciudad de Neuquén. El tribunal le aplicó menos de la mitad de la pena máxima prevista en el Código Penal para ese delito: consideró que había “atenuantes” para la conducta de Garoglio como el hecho de que esa noche, la del intento de homicidio, él se había enterado por boca de ella que le había sido infiel.

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