Mar 19.07.2011

SOCIEDAD  › DESMIENTEN LA VERSIóN DE QUE JOHN HURTIG ENCONTRó EL PROYECTIL

Quién es el padre del pituto

Un testigo policial, que colaboró en la búsqueda del pituto entre los excrementos de la cloaca de El Carmel, aseguró que no fue John quien encontró el proyectil, sino él mismo. Y dejó establecida la sospecha de que podrían haber plantado la bala.

Tres peritos citados como testigos en el juicio García Belsunce II pusieron en aprietos la versión del medio hermano John, quien sostiene desde siempre haber sido quien encontró el célebre pituto perdido entre los excrementos de la cloaca de la casa de María Marta y Carrascosa en El Carmel. Uno de los testigos, el perito en rastros de la Policía Científica de San Isidro José Luis Dipólito, incluso sostuvo que fue él quien encontró la bala y no John Hurtig, quien según Dipólito estuvo en el lugar apenas “un minuto”, justo cuando se encontró el plomo. La discusión sobre quién encontró primero el pituto no es un banal tironeo sobre la titularidad de un hallazgo escatológico, sino que representa dos versiones de la realidad que forcejean por determinar su verosimilitud. El testigo instaló la sospecha de que el pituto jamás fue arrojado al inodoro. John Hurtig, encolerizado, sostuvo ante los medios que “si hubiera querido ocultarlo no lo habría guardado”.

Los tres testigos peritos, que colaboraron en la búsqueda del pituto, son, además de Dipólito, el bombero Julio Riquelme, quien estaba encargado de sacar los baldes con excrementos del pozo y volcarlos en una sábana que habían colocado como tamiz, y el policía de la Subdelegación de Investigaciones de Pilar Héctor Entreolivano, que revisaba los desechos cada vez que sonaba el detector.

“El que buscaba cada vez que sonaba el detector de metales era yo –declaró ayer Dipólito–. De repente, vino una persona que después supe era el señor Hurtig, yo pensé que era un policía. Se puso los guantes y dijo ‘voy a ayudar, yo voy a sacarlo’.” La presidenta del tribunal, María Elena Márquez, preguntó a Dipólito cuánto tiempo antes de la aparición del proyectil Hurtig comenzó a colaborar, a lo que el testigo respondió: “Un minuto, menos de un minuto”.

“Mentira, mentira”, susurró Hurtig a su abogado Marcelo Riguera. Dipólito insistió asegurando que “a mí no me gustó que se metiera alguien en lo que yo estaba haciendo”, afirmó Dipólito. El perito también relató que hicieron dos pruebas en las que arrojaban una bala para ver si llegaban al pozo y que en ambas ocasiones los proyectiles “no pasaron” y quedaron en la cámara. Admitió que las balas usadas de prueba eran más pesadas porque eran 9 milímetros.

Ante las dificultades que el perito planteó para que el proyectil pase, la fiscal Laura Zyseskind le preguntó si había posibilidad de que alguien haya “plantado” el “pituto” en el momento del hallazgo. “Pudieron haberlo tirado o no”, dijo Dipólito, pero aclaró: “En el momento que yo estaba no pasó”.

Más tarde, cuando le exhibieron la foto del “pituto”, que se encuentra en el expediente y que fue tomada en el momento del hallazgo, el perito reconoció que tenía un color verdoso compatible con la degradación de haber estado en el pozo. Entonces, Hurtig pidió constancia en actas, lo que provocó un llamado de atención del juez Alberto Ortolani.

Hurtig –quien no suele dialogar con la prensa–, indignado, dijo a Télam en un cuarto intermedio: “Estuve siete horas buscando el pituto. Si yo hubiera querido encubrir algo, me lo guardo en el bolsillo. Haberlo encontrado es lo peor que pudo haberme pasado”. La versión relatada por el testigo Dipólito desmiente el relato de Hurtig, pero no llegó a determinar por qué los imputados habrían llegado a guardar el proyectil que los comprometía.

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