Mar 09.08.2011

SOCIEDAD  › LA MUJER QUE TENíA EL TELéFONO Y LA CáMARA DE LAS VíCTIMAS DIJO QUE FUE UN OBSEQUIO DE SU NOVIO

Un regalo que llegó manchado de sangre

Es la hija de un policía retirado. Ante el juez, declaró que no sabía que esos elementos eran de las dos turistas francesas. Su novio intentó desvincularla del crimen. La chica también contó la extraña ruta del arma presuntamente usada en el doble crimen.

› Por Carlos Rodríguez

Desde Salta

María Fernanda Cañizares, una de las seis personas detenidas este fin de semana por su presunta vinculación con el doble crimen de las turistas francesas, confirmó que tenía en su poder la cámara fotográfica y un celular que pertenecían a las víctimas, porque los había recibido “como regalo” de parte de su novio, Gustavo Lasi (al principio se había dicho que su apellido era Laxi), quien también está preso y ayer fue indagado en la misma causa. Lasi hijo, además de reconocer los “regalos” que le hizo a su novia, sostuvo que tanto ella como su hermano, Federico Cañizares, otro de los detenidos, son “totalmente inocentes” respecto del doble crimen. Del mismo modo, Lasi hijo intentó desvincular a su padre, Walter Orlando Lasi, quien hoy será indagado por el juez Martín Pérez. Después de esas breves manifestaciones, Lasi hijo dijo que se sentía enfermo y pidió una tregua para seguir declarando otro día. Un dato importante aportado por María Fernanda Cañizares fue señalar el extraño recorrido que hizo la supuesta arma asesina, una carabina calibre 22, que de las manos de Lasi hijo pasó a las de Lasi padre, hasta que terminó oculta, por obra de Darío Ramos, otro de los sospechosos presos, en la casa del patrón del detenido, ajeno a la causa.

Lo extraño es que, todavía, en ese circuito que recorrió el arma con la que se habría matado a Houria Moumni y a Cassandre Bouvier, no haya sido mencionado Daniel Octavio Vilte, el único detenido que tenía la causa hasta que el sábado cayeron presos los hermanos Cañizares, Lasi hijo y Lasi padre, el citado Ramos y Santos Clemente Vera (los voceros policiales habían dicho antes que su nombre era Ricardo). A Vilte, cuyo segundo apellido es Lasi, se lo detuvo precisamente porque se creía que había tenido en sus manos, para comprar o vender, al arma asesina. Además, se dice que Vilte –de acuerdo con lo que señaló uno de los detenidos del sábado ante la policía– podría haber sido el autor de los disparos que mataron a las dos mujeres, dato cuya veracidad fue puesta en duda por las fuentes judiciales. “Hay que esperar a que terminen las indagatorias”, dijeron.

Aunque el juez Pérez y la policía local se muestran optimistas en cuanto a la pronta resolución del caso, todavía siguen las dudas sobre quiénes sería los tres que tuvieron participación directa en la violación y el asesinato de Houria y Cassandre. Lo que parece cerrar ahora es la fecha en que ocurrió el hecho. La última foto tomada por las víctimas en el Mirador de la Quebrada de San Lorenzo, donde aparecieron sus cuerpos, tiene fecha y hora: sábado 15 de julio de 2011 a las 18.45. Cuando la cámara llegó a manos de María Fernanda Cañizaras, luego del gentil regalo de su novio, no tenía fotografías guardadas en su memoria.

A tal punto no había fotos, que la joven Cañizares, hija de un sargento retirado llamado Roberto Cañizares, comenzó a usarla en algunas reuniones familiares. Una vez secuestrada en el operativo en el que fueron detenidos los hermanos Cañizares, personal técnico utilizó un programa que sirve para rescatar el back-up de la memoria de las cámaras de fotos digitales. Algunas fotos se habían perdido porque se sacó sobre ellas nuevas imágenes, pero pudieron recuperarse todas las que estaban al final de la secuencia.

En las fotos recuperadas hay paisajes y retratos en los que aparecen, alternativamente, Houria y Cassandre. Nunca las dos juntas, lo que indican que intercambiaban el manejo de la cámara. Son las fotos típicas de turistas que quieren llevarse de recuerdo la imagen de ellas en los lugares recorridos. La última foto tiene un tono dramático: es una imagen extraña, fuera de foco y que no sigue las reglas mínimas de la composición ni del encuadre. Es como si la máquina se hubiera caído al piso y accionado sola, tomando parte del suelo, parte del cielo. Los investigadores creen que en ese momento, a las 18.30 del sábado 15 de julio, comenzó el violento ataque que sufrieron, primero con el pretendido propósito del robo, para luego seguir con la violación y el feroz doble asesinato.

De la primera jornada de indagatorias –hoy será el turno de Vera y de Lasi padre–, el que aparece más comprometido con el hecho principal es Lasi hijo, quien trabaja como empleado público y realiza tareas adicionales como guía turístico en la zona de la quebrada. Se cree que fue uno de los tres detenidos que tuvo contacto directo con las víctimas. Los otros dos serían Vilte Lasi y Santos Clemente Vera, un paisano de la zona que trabaja como baqueano y de quien sus hermanos juran que “no tiene nada que ver con lo hechos” (ver nota aparte). Vera, después del hallazgo de los cuerpos, acompañó a varios periodistas y fotógrafos hasta la escena del crimen, para que pudieran tomar notas y fotografías.

Santiago Pedroza, abogado de los hermanos Cañizares, sostuvo también que los dos “son inocentes”. Precisó que Federico “ni siquiera tendría que estar aquí, porque lo detuvieron cuando llegaba a la casa de su familia. Si no hubiera pasado eso, hoy seguiría libre”. El joven se abstuvo de declarar ayer ante el juez Martín Pérez. La policía había dicho, en su momento, que Federico era el que tenía en su poder la cámara porque se la había “regalado” su cuñado Gustavo Lasi. Ahora su hermana María Fernanda cambió la versión.

La joven declaró ante el juez que su novio le dijo que el celular lo había comprado por 150 pesos y que la cámara la había encontrado olvidada en un bar. “Ella nunca dudó del origen de esos objetos y por eso no hizo la denuncia”, le dijo Pedroza a Página/12. Admitió que del interrogatorio de ayer surgirían que “la acusan de encubrimiento”. Aunque dice haber ignorado el origen de los objetos, sin embargo sabía muy bien cuál fue el recorrido del arma que habría sido usada en el crimen. Hoy podría conocerse el peritaje que debe dictaminar si las balas halladas en la escena del crimen se corresponden con la carabina calibre 22 que estaba escondida bajo tierra.

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