Mar 09.08.2011

SOCIEDAD  › CONDENARON A CATORCE AñOS AL HOMBRE QUE MATó A UNA MUJER POR LESBIANA

Fallo por el crimen de Pepa

Daniel Torres fue sentenciado por el asesinato de Natalia Gaitán, la chica cordobesa muerta por su condición sexual. El tribunal no dio a conocer aún los fundamentos de su fallo, por lo que no se sabe si tuvo en cuenta la cuestión de género.

› Por Marta Dillon

Fue una declaración corta, seca, apenas la enunciación de las palabras necesarias para sostener la estrategia de la defensa que buscaba una pena mínima basada en el exceso de la legítima defensa frente a terceros. Daniel Torres tenía que decir que tuvo miedo y por eso disparó contra Natalia “Pepa” Gaitán, y lo dijo aunque la incomodidad de confesar miedo se notó en su telegráfica declaración. Apenas unos minutos después, el tribunal daba su veredicto: Torres fue condenado a 14 años de prisión, la exacta pena que pidió el fiscal Fernando Amoedo, apenas cuatro años menos que lo solicitado por la familia Gaitán, representada por la abogada Natalia Millisenda. Nada se dijo sobre las motivaciones del crimen, para eso habrá que esperar a que se lean los fundamentos el próximo 23 de agosto. Pero sí es evidente que el conflicto social que subyace a este hecho de sangre se hizo visible: en el juicio se habló de discriminación por género –resaltada por el fiscal en su pedido de pena– y también se nombró la lesbofobia, esa categoría del odio que se descarga contra las mujeres que se desmarcan de lo que la sociedad, a través de sus múltiples mandatos, espera de ellas.

En la puerta del tribunal, mientras se esperaba la sentencia, otra vez se reunieron distintas agrupaciones de la comunidad lgbt: Devenir Diverse y el Encuentro por la Diversidad en Córdoba fueron las más numerosas. La radio on line Red nosotras en el mundo, que conecta a mujeres de dos continentes entre América latina y España, mantuvo su transmisión abierta para que la sentencia se escuchara en tiempo real. Ahí, en esa explanada de pasto donde las banderas multicolores flamearon, la noticia sobre la condena causó desconcierto por la falta de fundamentos. Fue Natalia Millisenda, la abogada querellante, quien puso palabras para valorar lo que acababa de suceder: “La ley antidiscriminatoria no contempla la discriminación por orientación sexual o identidad de género para agravar un hecho penal. Esto es un hecho y dificulta la tarea de los jueces para ponderar las motivaciones del asesino. Tendremos que esperar a los fundamentos para saber si tuvieron en cuenta la lesbofobia o no. Pero nosotros y nosotras estamos poniendo en agenda un conflicto social sobre el que es urgente trabajar, porque es obvio que para una parte de la sociedad ser gay, lesbiana o trans es ser menos persona”.

El fiscal Amoedo fue el más conforme con la pena aplicada a Torres: 14 años es lo que había pedido en su alegato cuando habló tanto de la mecánica del hecho como de la evidencia de que en el asesinato de Pepa Gaitán había habido discriminación por cuestiones de género y citó a la Convención de Belém do Pará que consagra el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Amoedo, sin embargo, no pudo poner sobre la mesa la discriminación por orientación sexual. Para él los intentos de la madre de la novia de la Pepa y de su pareja, Daniel Torres, por separar a la pareja de lesbianas estuvieron basados en la “entendible preocupación parental” porque Dayana tenía 17 años y era menor de edad, mientras que la Pepa ya había cumplido 27. Aunque esa preocupación parental se manifestó en vergüenza –la mamá de Dayana le había prohibido que la vieran con la Pepa en el barrio porque le daba “vergüenza”, como declararon varios testigos– y en el pedido a la Secretaría de Familia de Córdoba para que la ayudaran a cambiar la orientación sexual de su hija. Un pedido desestimado por la psicóloga Mirta Moya, quien declaró en el juicio haberle recomendado a la madre de Dayana que lo mejor sería que ella se atendiera, ya que la orientación sexual no tiene por qué tratarse.

Hasta que no se conozcan los fundamentos, ninguna de las partes puede hablar de recurrir a un recurso de casación, sin embargo es poco probable que suceda por las limitaciones legales para ampliar la pena. “Además –dijo Millisenda a Página/12–, no es nuestra intención demonizar a un hombre. Es culpable, tiene que cumplir su condena. Pero la violencia que él puso en juego está basada en prejuicios sociales que de alguna manera alentaron su proceder y eso es sobre lo que tenemos que tomar conciencia para que esto no vuelva a pasar.” Y agregó Graciela Gaitán: “Sí hay una parte de la sociedad que rechaza a personas como mi hija y son también responsables de este crimen. Pero hay otra parte de la sociedad que no nos rechaza y con esos vamos a trabajar primero para que nuestro mensaje llegue a todos y que algo como esto no vuelva a pasar. Así vamos a tener justicia”.

“Se tiene que escuchar nuestro mensaje”

No fue fácil para Graciela Vázquez de Gaitán escuchar las palabras del presidente del tribunal, Víctor Vélez. Apenas escuchó el monto de la pena, la mujer empezó a clamar por su hija muerta como si el final del juicio le hubiera traído la conciencia de lo irreversible de su ausencia. Ella, a través de su abogada, había pedido 18 años para Torres; pero aun cuando el tribunal le hubiera dado la razón, también le habría parecido insuficiente. “Es que para la familia esto es una tortura psicológica. ¿Por qué tengo que escuchar las falsedades del asesino? ¿Por qué no dijeron nada de la discriminación? Claro, dicen que Torres y mi hija eran amigos. Pero bien que esa amistad se terminó cuando empezó la relación con Dayana, la hijastra de Torres. Eso de tener una amiga lesbiana es un argumento tan estúpido como decir que los tipos que se acuestan con travestis no las discriminan porque tienen sexo con ellas. ¿Pero después las presentarían como novias? Se tiene que escuchar nuestro mensaje y por eso voy a seguir trabajando”, dijo Graciela Gaitán ya desde su casa, cuando la desesperación había dado lugar a una calma nueva que le trajo la conciencia de que, más allá del juicio y de la condena, la memoria de su hija le impone seguir trabajando para denunciar la violencia cotidiana de la discriminación por orientación sexual o identidad de género. “Yo pienso –siguió Graciela– que si una se siente tan feliz cuando le dicen que tiene una hija o un hijo, ese momento en que nacen y te dicen ‘¡es nene!’, ¿por qué después se amargan y los rechazan si ese nene quiere ser una nena? ¿Acaso no es el mismo hijo? Yo les diría a los padres y a las madres que corran a abrazar a sus hijos o a sus hijas, hayan cambiado de sexo o no, sean lesbianas, travestis, qué importa. Que los besen y les digan que los quieren porque todos merecemos el amor de una familia, más cuando en la calle misma los rechazan.”

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