Vie 12.07.2002

SOCIEDAD  › POR QUE ES TAN IMPORTANTE EL FOSIL DESCUBIERTO

El eslabón perdido no existió

El cráneo de Chad es el descubrimiento más importante en más de medio siglo. Muestra que la idea del eslabón perdido es insostenible.

Por Henry Gee *
Desde Londres

El cráneo de siete millones de años encontrado en un desierto de Africa central es probablemente el descubrimiento más importante en la búsqueda de los orígenes del hombre desde que Raymond Dart anunció el “hombre mono” Australopithecus afircanus en 1925. Sin embargo, sus efectos iniciales pueden ser confusos más que iluminadores. Sea cual fuere el resultado, el cráneo muestra, de una vez y para siempre, que la vieja idea de un “eslabón perdido” es pura palabrería.
El cazador de fósiles Michel Brunet, de la Universidad de Poitiers, Francia, y sus colegas describen en la edición de ayer de Nature el cráneo prácticamente perfecto del Sahelanthropus tchadensis, encontrado luego de una década de duro trabajo en Chad, en los límites sur del Sahara. Cuando el dueño del cráneo vivía, el área era una margen exuberante del lago Chad, aunque las dunas no estaban lejos. Hoy el lago retrocedió hacia el sur, las dunas cubrieron todo y el paisaje debe estar entre los sitios de investigación menos confortables del mundo fuera de la Antártida.
Los investigadores que salían de la zona se veían como si hubieran sido bañados con arena. Pero los fósiles son perfectos y revelan la abundancia de animales grandes y pequeños que vivieron una vez en el lugar. Sin mencionar el premio, al que los investigadores apodaron Toumai.
¿Por qué es Toumai tan importante? Primero, es el más antiguo vestigio creíble de un homínido, un miembro del grupo de criaturas más estrechamente relacionadas a los seres humanos que a cualquier otro animal. También dobla en antigüedad al más viejo cráneo conocido: el record anterior lo ostentaba uno de Kenia, de 3,3 millones de años. Segundo, encaja precisamente en la parte más crucial, pero menos conocida de la historia de la evolución humana. Se sospecha que el último ancestro común de los humanos, nuestros parientes vivos más cercanos los chimpancés, vivió alrededor de 7 millones de años atrás. No sabemos esto a partir de una evidencia fósil directa, sino por el estudio de las pequeñas diferencias en los genes de humanos y chimpancés, y estimando el tiempo necesario para que estas diferencias de acentúen.
Observando la evidencia fósil vemos una enorme y frustrante brecha. Hace diez millones de años, el mundo estaba lleno de simios, pero no hay acuerdo sobre cuál de éstos se acerca más a la evolución de los humanos. En cualquier caso, un linaje distintivo que conduzca a los humanos, diferenciados de los chimpancés, no puede haber existido entonces.
Seis millones de años atrás vemos los primeros signos de un linaje humano, en fósiles fragmentarios descubiertos en Etiopía y Kenia. En el medio, toda la trayectoria humana se conoce a partir de dos o tres fragmentos antiguos. Se ha convertido en un cliché decir que todo lo que sabemos de la vida del homínido en este importante período puede caber en un caja de zapatos, y en verdad sería una pequeña.
Y de pronto tenemos a Toumai, un cráneo completo. ¿Cómo es? Tiene una mezcla de rasgos primitivos y desconcertantemente avanzados. El cráneo tiene el mismo tamaño y forma que el de un chimpancé. La cara, sin embargo, es lo interesante. No tiene una trompa proyectada hacia adelante con grandes caninos, sino que es plana y los dientes son muy pequeños y asociados con nuestro Homo, lo que hasta ahora no se habían visto en nada más antiguo de los dos millones de años. ¿Esto significa que, por fin, tenemos un signo de que las raíces de la humanidad van directamente hacia la divergencia con los chimpancés y que las legiones de hombres-mono y casi-humanos descubiertos en los últimos 70 años son un asunto lateral, irrelevante al curso central de la evolución humana?
La respuesta es no. Según el profesor Bernard Wood, de la Universidad George Washington, el aspecto mezclado del rostro de Toumai significa que estamos viendo la pequeña punta de un gigantesco iceberg, simplemente el ejemplo de lo que puede haber sido una enorme diversidad de criaturas que vivieron entre 4 y 10 millones de años atrás.
La gente y los publicistas tienden a ver a la evolución humana como una línea que va de los monos al hombre, en el cual uno puede encajar cada nuevo fósil encontrado tan fácilmente como los eslabones de una cadena. Hasta los antropólogos modernos caen en esta trampa, aceptando que se abren algunas ramificaciones en el árbol familiar humano entre los 3 y los 2 millones de años atrás, cuando el Homo genus emergió pero considerando la evolución humana anterior básicamente lineal. Wood piensa que estuvo cubierto de ramas en todo el trayecto. Las últimas investigaciones ponen en evidencia lo poco que sabemos del pasado: sugieren que tenemos evidencia directa sólo del 7 por ciento de todas las especies de primates que existieron.
Esto significa tres cosas. Primero, que tendemos a observar esas pistas que conocemos, las conectamos con líneas y las convertimos en una secuencia lineal de ancestros y descendientes que nunca existió. Pero ahora debería quedar bastante claro que la idea del eslabón perdido, siempre temblorosa, es completamente insostenible.
Segundo, que sabemos desesperadamente poco del curso de la evolución humana. Tercero, que allá afuera hay probablemente muchos más fósiles como Toumai para quienes tienen la perseverancia y paciencia de Michel Brunet y su equipo.

* De The Guardian. Especial para Página/12. Henry Gee es editor de la revista Nature.

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