Sáb 02.10.2010

SOCIEDAD • SUBNOTA  › BUSCAN A DOS JóVENES QUE SERíAN LOS CAPTORES DE MATíAS

El trabajo sucio en la Panamericana

Santiago García, un herrero de 70 años, fue indagado anoche por el fiscal de Campana Orlando Bosca, en relación con el secuestro y asesinato de Matías Berardi. García, socio de la herrería que funcionaba en una casa de la localidad de Benavídez y en la que habría estado cautivo el chico Berardi, aseguró que “nada tiene que ver con los hechos”, según dijeron fuentes judiciales. El imputado fue asistido por la defensora oficial Mara Hortensis. Los otros detenidos, que todavía no fueron indagados, son Richard Souto, de 40 años, un ciudadano uruguayo radicado en el país, su esposa Anada y las dos hijas del matrimonio, de 19 y 17 años. Los cuatro se entrevistaron ayer por separado con otra defensora oficial y seguían incomunicados entre sí, dado que todavía no fueron indagados.

Ayer trascendió, en fuentes judiciales, que dos jóvenes, que serían hermanos, eran buscados por haber sido los que se encargaron de secuestrar a Matías, cuando bajó de una combi –que lo trajo desde la Capital Federal– en el cruce de Panamericana con la Ruta 26. Todo parece indicar que el matrimonio Souto y sus hijas fueron “los guardadores” de la víctima y los que salieron a buscarlo luego de que se escapara del lugar donde lo mantenían cautivo. En cuanto a Santiago García, el único que fue indagado hasta ahora, está involucrado por un celular hallado en la herrería y por ser dueño de un automóvil que fue visto en la zona, el día de los hechos.

Ayer, la fiscalía a cargo de Bosca confirmó que el secuestro se produjo en la madrugada del martes, cuando Matías regresaba a su casa, luego de participar de una fiesta de egresados en la disco Pacha, en la Costanera Norte. Bajó a las 5.30 en Ruta 26 y Panamericana, en el ramal a Pilar. A las 6.20 de ese día los padres del joven recibieron el primer llamado de los secuestradores, que pedían 500 pesos. El padre llegó a ofrecer seis mil pesos, pero la negociación fue suspendida por los secuestradores.

Los padres hicieron la denuncia del secuestro a las 8 del martes, a través del 911. A las 20.20 de ese día, la fiscalía pudo grabar una de las cuatro conversaciones. Ese fue el último contacto con los delincuentes. El hallazgo del cuerpo fue posible por el llamado de un testigo al 911. El que llamó “afirmó haber escuchado los gritos del secuestrado”.

La Policía Científica “levantó rastros y huellas de una habitación de la herrería donde podría haber estado” Matías. Se encontraron “manchas presuntamente de sangre en una pared” que ahora están “bajo análisis”. La autopsia confirmó que el chico “fue ejecutado por la espalda”. La bala “entró por el omóplato, salió por el cuello y debido a que fue disparada a corta distancia o apoyada sobre su espalda no se pudo aún determinar el calibre del arma ejecutora”. Podría ser “calibre 38, 9 o 45 milímetros”. Tampoco pudo determinarse si es una pistola o un revólver.

En el lugar donde apareció el cadáver se encontraron dos vainas servidas de un calibre “no determinado aún, pero posiblemente 45 milímetros”, y la carcasa de un celular. Por otra parte, la fiscalía le pidió al juez de la causa, Adrián González Charvay, que investigue a los policías que custodiaban la herrería y que habrían permitido que dos canales de televisión tomaran escenas del lugar. El escenario debería haber sido preservado por orden del fiscal Bosca.

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