Dom 07.08.2011
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Conmigo no

› Por Nicolas Arceo, Mariana González y Eduardo Basualdo *

En los últimos años, desde los sectores dominantes se impulsó una activa campaña tendiente a sostener que el incremento salarial sería la principal causa del proceso inflacionario. A la vez, desde esta perspectiva se buscó asociar los aumentos salariales al estancamiento del empleo y a los crecientes problemas de competitividad externa que enfrentan algunos sectores productivos. Incluso algunos de los principales referentes de las grandes firmas se han referido a este tema; tal el caso de Paolo Rocca, del grupo económico Techint, quien recientemente sostuvo:

“... Me parece que debe haber cierta cautela de los sindicatos en los pedidos salariales para que esto sea compatible con un proceso de crecimiento sostenido y con una rentabilidad razonable para las empresas” (Clarín.com, 4/5/2011).

No obstante, parece poco discutible que el propósito central de este discurso es convencer a los propios trabajadores de que sus luchas por lograr un mejor nivel de vida, a través del aumento de sus salarios, no hacen sino empeorar su situación, porque al desconocer el funcionamiento del “mercado” generan inflación.

Debido a la crucial importancia que asume esta problemática para los sectores populares es necesario indagar en las variables económicas que inciden sobre el costo laboral y analizar las evidencias empíricas disponibles. Al respecto, es imprescindible tener en cuenta que la evolución del costo laboral para los empresarios está determinada tanto por la trayectoria de los salarios como por la productividad del trabajo. En otras palabras, lo decisivo es el costo laboral por unidad de producto, que es el resultado de dividir los costos laborales (incluidas las contribuciones patronales) por el valor agregado generado en promedio por cada trabajador.

Se debe destacar que, tal como se puede observar en el gráfico Nº 1, la existencia de elevados niveles de capacidad ociosa en la economía argentina, en una primera instancia, y el incremento en los niveles de inversión, posteriormente, posibilitaron un notorio crecimiento de la productividad por ocupado desde 2001, la cual se expandió a una tasa anual acumulativa del 2,5 por ciento anual entre ese año y 2010, dando como resultado un aumento de la productividad por ocupado del 24,8 por ciento entre esos años. En otras palabras, cada trabajador producía en promedio casi un 25 por ciento más en el 2010 que a fines del régimen de convertibilidad.

Por otra parte, esas mismas evidencias señalan que el costo laboral permaneció prácticamente estancado entre 2001 y 2010 debido a que, si bien los ingresos reales de los trabajadores registraron una sensible recuperación tras la abrupta contracción que habían experimentado en el 2002, en 2010 se ubicaron sólo un 1,5 por ciento por encima de los valores prevalecientes a fines del régimen de convertibilidad. Esto ratifica que el incremento en la participación de los trabajadores en el ingreso durante el período analizado no estuvo sustentado principalmente en el incremento salarial sino en la recuperación del empleo.

Resulta evidente entonces que el sector empresario se apoderó prácticamente de la totalidad del incremento de la productividad logrado durante los últimos años, lo cual es congruente con la significativa expansión que experimentó la rentabilidad. Por lo tanto, las evidencias empíricas indican que el incremento del costo laboral unitario no fue un determinante central del actual proceso inflacionario ya que, aunque se elevó en comparación con el nivel mínimo que había experimentado tras la devaluación de la moneda, en 2010 era un 18,7 por ciento inferior al valor prevaleciente en 2001.

Sin embargo, esta evolución del costo laboral unitario poco dice acerca de su influencia en el nivel de la competitividad externa de nuestro país, ya que no toma en consideración el comportamiento del tipo de cambio. Así, para evaluar este aspecto es preciso incorporar el modo en que no sólo la trayectoria de los salarios sino también la evolución del tipo de cambio real inciden sobre la competitividad de la producción local en el exterior, mediante el costo laboral unitario en moneda extranjera. Tras corregirse la evolución del costo laboral unitario según el tipo de cambio real con respecto al dólar estadounidense, se observa que el mismo se situaba en el 2010 un 26,6 por ciento por debajo del existente en 2001 (Gráfico Nº 2). Es más, si dicha relación se realiza tomando en consideración el tipo de cambio real multilateral, la reducción resulta aún más significativa: en 2010 el costo laboral unitario corregido por el tipo de cambio real multilateral fue 48,8 por ciento más reducido que el prevaleciente a finales del régimen de convertibilidad.

En síntesis, las evidencias mostradas implican que difícilmente se pueda considerar al costo laboral como el responsable del impulso inflacionario que sufrió nuestra economía en los últimos años, así como tampoco se lo puede asociar linealmente con la pérdida de competitividad experimentada en numerosos sectores manufactureros, más aún en un contexto de notables incrementos en la productividad media de la economía. Si bien las condiciones de vida de la clase trabajadora mejoraron sensiblemente a lo largo de la posconvertibilidad, dicho proceso se sustentó centralmente en el aumento en el nivel de empleo, ya que los ingresos reales de los ocupados, a pesar del extraordinario nivel de crecimiento económico experimentado en esta etapa, sólo recuperaron lo perdido en el marco de la crisis final del régimen de convertibilidad.

En este sentido, se debe destacar que la consolidación de un patrón de crecimiento inclusivo y sustentable en el largo plazo requiere de una sensible mejora en los salarios de los trabajadores, para de esta forma revertir la inequitativa estructura distributiva heredada tras casi tres décadas de hegemonía neoliberal. Más aún cuando los reducidos costos laborales, cuya contracara es la persistencia de elevados niveles de beneficios en el sector empresario, no constituyen una traba para la inmensa mayoría de los sectores productores de bienes en nuestro país

* Economistas de Cifra.

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