Sáb 16.10.2010
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TEATRO › ENTREVISTA AL DIRECTOR TEATRAL ALBERTO FELIX ALBERTO

“Lo que me importa es que el espectáculo esté vivo”

En su última creación, Extasis o dale de comer al pato, el teatrista vuelve a romper las convenciones escénicas. Con la ambigüedad narrativa como herramienta, Alberto propone como tema “la muerte y la angustia que causa”.

› Por Cecilia Hopkins

Creador de espectáculos que inauguraron un estilo en Buenos Aires, el director Alberto Félix Alberto afianzó en los ’80 el llamado teatro de imagen, con el estreno de sus obras La pestilería, Tango Varsoviano y En los zaguanes, ángeles muertos. Con una formación que incluye estudios de filosofía, cine, danza y régie de ópera, Alberto supo construir un formato personal, una marca distintiva a partir de los procedimientos de narración que empleó a lo largo de su obra. Una de sus características principales sigue siendo la secuenciación de las escenas en forma cinematográfica, reiteraciones y anticipaciones mediante. Y aunque continuó dirigiendo ópera en el Colón y en el Teatro Argentino de La Plata, el director sigue fiel al modo artesanal de producción que eligió cuando decidió dirigir teatro de prosa en su propia sala, el Teatro del Sur, en Venezuela al 2200. En ese espacio está presentando su última creación, Extasis o dale de comer al pato, con un elenco integrado por María Alejandra Figueroa, Carlos Miceli y Juan Santiago Privitera.

El ámbito donde tiene lugar la historia –la habitación de una clínica– parece salido de un sueño. La sabia puesta de luces, obra del director, y algunos detalles expresionistas que transforman el mobiliario vuelven extraño un ambiente que, en otras circunstancias, bien podría ser definido como un “no lugar”. Allí acude diariamente un hombre para acompañar a su joven amado –ya inconsciente– en los que serán sus últimos días. Una enfermera lo asiste solícita, le da consejos e intenta esperanzarlo con un vago discurso religioso. Pero como en las puestas de Alberto un personaje puede representar a muchos otros, muy pronto la narración planteada se diversifica en recuerdos y fantasías, de los cuales sobresalen los que protagoniza la actriz que hasta el momento interpreta a la enfermera. En sus intervenciones hay profusas alusiones a la historia de Santa Teresa de Avila, religiosa fundadora de las Carmelitas descalzas en el siglo XVI, famosa por las descripciones literarias que realizó sobre sus éxtasis místicos, desmembrada al morir en un cierto número de reliquias que fueron repartidas en diversos templos europeos.

“Todo lo que dice el personaje de la enfermera está sacado literalmente de los escritos de Santa Teresa –advierte Alberto en una entrevista con Página/12–, y a veces esos textos parecen surrealistas”, subraya. En cuanto al viaje en tren –se trata de la única escena que sale de los límites de la habitación de la clínica–, el director apunta: “Siempre me he sentido tentado por poner en escena un viaje en tren. Así lo hice en otra obra mía, La pasajera. Me inspiró la lectura de La modificación, novela del francés Michel Butor, donde se destruye una relación amorosa a lo largo de un trayecto en tren; la idea de los vagones y el viaje me fascinan”. Para concretar el diseño de iluminación, Alberto cuenta que se basó en el efecto que producen ciertos cuadros impresionistas: “Quería que se viera la habitación iluminada según los diferentes momentos del día, para transformar el entorno blanco y frío de una clínica”, y resume: “En esta obra se muestra todo lo que yo hago habitualmente”.

–¿Cómo definiría lo que usted hace habitualmente?

–Tengo una estética muy personal. El rigor en los aspectos técnicos es muy importante. Lo visual predomina, y se puede decir que hay mucho de cinematográfico allí. También la música es muy relevante y, aunque aquí se habla más que en otras obras, lo usual es que haya poco texto.

–El trabajo que usted propone con el tiempo también es muy singular...

–Siempre hay un juego con el tiempo en mis obras. Nunca se sabe bien si lo que ocurre en escena es el delirio o el sueño del personaje. La temática siempre queda en la ambigüedad porque no está claro el punto de vista. Lo que más me importa es que el espectáculo esté vivo, que la gente se identifique desde algún lugar. Que verlo no sea como comerse un caramelo. Que les exija a todos una atención especial.

–¿Busca expresamente que cada cual arme su versión de lo que ve?

–Sí, me interesa que el espectador analice desde el lugar que elija para colocarse y que diga: “Para mí, ese personaje está muerto y aquel otro está soñando...” Yo tiendo a borrar los contornos de los personajes, a esfumarlos, para que los niveles de significación se entremezclen.

–¿Le interesa conocer las diferentes historias que arman los espectadores?

–Yo sé que si uno les pregunta, siempre habrá coincidencias. Un profesor mío hablaba del “referente oscurecido” para referirse al núcleo más importante de una obra. En mis espectáculos, si el espectador saca los artilugios llega siempre a ese referente.

–¿Cuál sería el referente oscurecido de Extasis?

–La muerte y la angustia que causa. Todos estamos próximos a morir, siempre, pero aquí muere un joven y hay otro, de mayor edad, que sobrevive y espera. Estoy hablando de la injusticia de la parca.

–¿Es la primera vez que toma ese tema?

–A medida que pasa el tiempo, naturalmente, veo la muerte de otra manera. Entramos en este universo, permanecemos y luego salimos de él y no hay vuelta atrás en esa dinámica. Y cuando uno se vuelve mayor no es posible hacerse el distraído. A pesar de que ame la vida y sienta que tengo muchas cosas para realizar. Por otra parte, en este último tiempo tuve la ocasión de vivir la muerte de varias personas muy queridas.

–¿De esas experiencias surge el personaje de la enfermera?

–Sí. Tuve la oportunidad de estar con enfermeras muy solidarias. En general no son valoradas lo suficientemente, porque son ellas las que están con el enfermo y sus familiares, y por general tienen un gran afán de servir. Algunas tienen un discurso esperanzado, un mensaje de consuelo religioso muy ingenuo, muy extraño para mí. ¿Desde dónde hablan?, me preguntaba cuando las escuchaba hablar.

–¿De allí la conexión con la historia de Santa Teresa de Avila?

–Sí, una mujer que a pesar de pertenecer a la aristocracia española crea la orden de las carmelitas descalzas y tiene una enorme voluntad de servicio. Tiene experiencias de éxtasis, algo que tampoco comprendo, porque no soy religioso. Ese encandilamiento por una fantasía está visto con cierto humor en la obra. De todos modos el que quiere ver ese aspecto religioso desde otro lugar, puede hacerlo, sin dudas. Hay gente que salió convencida de que el personaje pudo realizar un milagro.

–¿Por qué es tan importante la referencia a la reconstrucción de la santa?

–Teresa fue desmembrada y repartida por el mundo cristiano en forma de reliquias. La institución la usó como mejor le parecía. En la obra se da una doble situación: por un lado, una pareja se va destruyendo por la enfermedad de uno de ellos y, por el otro, una mujer viene a reconstruirse a sí misma.

* Extasis o dale de comer al pato va viernes y sábados a las 20 en el Teatro del Sur, Venezuela 2255.

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