Jue 20.05.2010
espectaculos

CULTURA › LA MUESTRA LA PATRIA DIBUJADA, EN EL PALAIS DE GLACE

Diez plazas para explicar un país

La impactante exposición, abierta hasta el 30, es un repaso desde las viñetas que abre camino al asombro y al debate.

› Por Andrés Valenzuela

En una pared del Palais de Glace (Posadas 1725, Capital Federal) hay un gorila enorme. Lleva sus brazos extendidos como alas, cruces blancas en las manos y de sus fauces caen bombas de muerte. No es el único: otros siete simios sobrevuelan Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955. “Tenemos nuestro Guernica”, asegura rotundo Jorge Coscia, secretario de Cultura de la Nación. La gigantesca imagen pertenece al humorista gráfico Niño Rodríguez y forma parte de La patria dibujada, una impactante exposición de historieta y humor gráfico organizada por la cartera nacional que inaugura hoy a las 19 y permanecerá abierta hasta el 30 de este mes. La exposición articula historieta en relatos de ocho páginas y humor gráfico en murales. También incluye una sala que homenajea a la revista Fierro en su etapa original y en la actual (que acompaña cada mes a Página/12).

El mural del rosarino sobre el bombardeo no está solo. Lo acompañan nueve imágenes más que retratan otras tantas Plazas históricas. Es una exposición potente: ninguna de las imágenes es amable con el espectador ni supone un retrato edulcorado de la historia. El mismo espíritu anima las historietas, reunidas en un libro. En cambio, concentran en sí las contradicciones de una nación en desarrollo, con gestos de grandeza y miserias. “Con el mayor de los respetos, esto no es Billiken ni Anteojito, no es simple”, señala con tino Juan Sasturain, quien dirigió la puesta. Cada cuadro, cada historieta expuesta puede (debe) generar un debate.

Para la ocasión participaron treinta dibujantes y guionistas. Hay representantes de las páginas de chistes de los diarios nacionales, como Rep, Crist, Liniers, Daniel Paz, Gustavo Sala, Langer y el mismo Rodríguez. También fueron de la partida guionistas “del palo”, como Carlos Trillo, Diego Agrimbau y Pablo De Santis, junto a otros que no suelen firmar viñetas, como José Pablo Feinmann, Marcelo Birmajer y Alejandro Dolina. Con los dibujantes directamente se podría armar una selección nacional del comic, entregándole la casaca a hombres como Domingo “Cacho” Mandrafina, Francisco Solano López, Horacio Altuna, Oscar Zárate, Carlos Nine, Eduardo Risso y Salvador Sanz, entre otros.

Los murales que propone Una patria de diez Plazas son frescos de época, imágenes para reflexionar. Aun en los instantes celebratorios sus responsables quisieron apuntar alguna contradicción, algún claroscuro de la historia. Ahí está la Plaza de la vuelta de la democracia de Daniel Paz, en la que dos militares se preguntan “en qué nos equivocamos”, autocrítica que no llegaría hasta años más tarde. O la Plaza del ’82, por Malvinas, con esos rostros de sonrisas enajenadas con las que Liniers recuerda que una guerra jamás debe celebrarse. Diego Parés, por otro lado, muestra con sobriedad la primera caminata de las Madres por veredas que tres décadas más tarde enarbolan sus pañuelos blancos. Está la increíble Plaza del ’92, la primera del orgullo gay, la única festiva de cuantas componen la muestra firmada por Sergio Langer, quien hace poco fue insólitamente acusado de “homófobo”.

Si en el humor gráfico la reflexión aparece a partir de un instante clave e identificable, en las historietas el foco está puesto en relatos desde los márgenes, historias que miran la Historia con mayúsculas desde el costado. Todas trabajan con casos ficcionales y hasta fantásticos, pero tan genuinos como la más rigurosa de las investigaciones. Ahí está el romance de musas e inmortales que Alejandro Dolina le propone a Carlos Nine, o el realismo mágico que la aceitada dupla Trillo-Mandrafina propone en La cajita, ambientada en la calurosa tarde del 17 de octubre de 1945. Si las historietas de turno tienen páginas alegres, también muestran rostros menos lustrosos de la historia nacional. Seguramente si la efigie de Sarmiento que se muestra a los alumnos no fuese la de los manuales escolares, sino la de Solano López en el relato sobre la oprobiosa Guerra de la Triple Alianza, otra sería la opinión general sobre el antiguo presidente. Lo mismo el “cuento gráfico” sobre la Guerra de Malvinas, guionado por Jorge Zentner y dibujado por Salvador Sanz.

Todo ello en la planta baja del Palais. En el piso superior se encuentra Fierro. Ida y vuelta, que homenajea la existencia de una revista fundamental para la historieta contemporánea. Allí conviven representantes de la primera etapa, como el enorme Copi y su Mujer sentada o las portadas alucinantes de Oscar Chichoni, con los exponentes actuales. El visitante podrá encontrar gigantografías de páginas y viñetas, pero también figuras a tamaño natural con personajes fundamentales de la nueva etapa: desde el infernal Paolo Pinoccho, de Lucas Varela, hasta la espía amateur Dora Bardavid, de Ignacio Minaverry. “Dedicar en el Bicentenario una muestra a la historieta es un signo de que la cultura de masas es mirada con un signo distinto al de décadas atrás”, comenta Sasturain. Alcanza con mirar en torno de las salas circulares del Palais para comprenderlo. Diez Plazas, diez relatos y muchas viñetas proponen pensar la Argentina.

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