Jue 20.05.2010
espectaculos

OPINIóN

Al fondo a la derecha

› Por Norberto Gonzalo *

No por previsible, menos indignante. Hay hechos que, lejos de producir sorpresa, sólo ratifican lo inequívoco de su procedencia. Alquilar el San Martín para un cumpleaños es, seguramente, producto de los tiempos que corren, de los gobiernos que corren y, particularmente, de las políticas culturales que esos gobiernos ejercen. Cuando en la campaña macrista advertíamos sobre la “privatización de la cultura”, sabíamos de qué hablábamos. No traducíamos vaticinios destituyentes como los de cierta oposición, ni magnificábamos los apetitos de la derecha, ni sus aspiraciones monopólicas. Nada de eso. Sólo nos hacíamos eco del más simple razonamiento: el sentido común, entendiendo por eso “el sentir de la comunidad”. Esa comunidad asiste hoy a su expropiación cultural de manos de una suerte de “libre empresa” que, aunque devenida gobierno, sigue sin admitir las pérdidas en sus inversiones, aunque éstas se nutran del erario público, y del cada vez más insignificante presupuesto para Cultura.

Yendo un poquito más atrás, cuando antes de la era macrista muchos proponíamos un proyecto de descentralización para el San Martín, la respuesta de entonces fue todo lo contrario: la creación del Complejo Teatral de Buenos Aires. O sea: más decisión en menos manos. Más poder en un solo sillón, a pesar de que su antiguo ocupante –promocionadamente eficaz– haya acompañado dictaduras y gobiernos en igual medida, y hoy, expresando la necesidad de un merecido descanso, se prepara a emigrar –por propia voluntad– de “su compromiso teatral”. No sin antes asegurarse de su reemplazante, permaneciendo en ese mismo sillón hasta finales de año.

Frente a los hechos, algunas reflexiones. ¿Será ésta la nombrada coherencia de la derecha, para no cejar en su proyecto de ir “por todo”? ¿Será el producto de nuestra lamentable fragmentación que no encuentra síntesis para oponerle? ¿Será el “proyecto de mecenazgo” que algunos impulsan, aunque los Médicis transmuten hoy en Von Buch o Blaquier o Soldati? ¿Será por algo de esto que la Ley de Medios está secuestrada, ya que viene a democratizar la expresión, poniéndola en más voces y menos manos? Quizá debamos volver al principio. Los hechos, casi siempre, ratifican una ideología. La de las minorías está clara. En cuanto a nosotros, si los trabajadores de la cultura –y los trabajadores todos– asumimos de una vez el debate por la recuperación de lo que nos pertenece, recordando que nadie nos lo regaló, quizá logremos esa síntesis para enfrentar el proyecto hegemónico que hoy cierra fábricas y centros culturales, acumula medios de difusión y/o alquila campos de soja y teatros que son del pueblo.

* Actor, secretario de Cultura de la CTA.

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