Dom 12.09.2010
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MUSICA › A LOS 62 AÑOS, ROBERT PLANT RETOMA EL ESPIRITU DE SUS 17 CON BAND OF JOY

“Hoy como ayer, sólo quiero cantar”

El ex vocalista de Led Zeppelin publicará la semana próxima su primer álbum como solista en cinco años. Es un disco de versiones que reafirma su compromiso musical.

› Por Mónica Maristain

Los 62 años y las arrugas en el rostro que ostenta el ex líder de Led Zeppelin son el testimonio de su status de estrella de rock global desde tiempos remotos, sobre todo aquellos en que no existían las estrellas globales. Y en este volver a los 17 privado, con un disco solista cuyo lanzamiento mundial está previsto para el próximo 14 de septiembre, Robert Plant se toma un tiempo para reflexionar sobre sí mismo y sobre su modo de entender la música que lleva más de cuarenta años haciendo. “Todavía me impresionan las sorpresas que brinda la música. No tiene sentido que los músicos viejos como yo digan que ya no es como antes, porque sí, es como antes. Simplemente, tenés que encontrarlo. Este disco de alguna manera busca invocar la emoción de mis 17 años. Al fin de cuentas, es como era ayer: ¡sólo quiero cantar!”, dice.

Y no se trata de nostalgia de abuelo. Se trata de su relativismo nietzscheano de siempre, de esa especie de desapego por las hipérboles que un negocio al que suele despreciar insiste en sembrar y hacer germinar a su lado. No hay encuesta sobre las mejores voces de la historia del rock que no lo tengan en los primeros puestos. La última fue la realizada el año pasado por la radio online Planet Rock, en la que volvió a reinar por encima de voces con estilos absolutamente diferentes. Entre los primeros 40 de esa tabla, el más joven es Chris Cornell, acaso uno de sus deudores directos. Y en esa tabla no aparece Eddie Vedder, el líder de Pearl Jam, un claro espejo (aunque no prístino) de ese modo de cantar a lo Plant. Pero él no se detiene en eso, prefiere pensar en que mañana es mejor. “Quería imprimirles mi personalidad a canciones de otros autores y abrirlas a mi estilo. Tengo una manera particular de cantar y debía enfrentar estas canciones de la única manera que conozco, cantándolas con el estilo Plant”, dice a propósito de Band of Joy, su primer solista en cinco años. También será el primero después de que en 2009 arrasara con los premios Grammy, llevándose seis estatuillas a su casa... y otros tantos fueran a parar a la de Alison Krauss, la reina del bluegrass con la que Plant construyó el imprescindible Raising Sand.

El desdén histórico por los refulgentes brillos del mainstream del rock que él, sus compañeros de Led Zeppelin y algunos colegas ilustres inventaron, se ha ido ahondando en el interior de Plant con el paso del tiempo. Si de algo no quiere escuchar hablar el cantante es de la posible unión de Led Zeppelin, aun cuando el guitarrista Jimmy Page y el bajista John Paul Jones (muy feliz con Them Crooked Vultures, la banda de próceres convocada por Dave Grohl) anunciaron el año pasado una gira mundial y un disco con Led Zep, ¡sin Plant! La cosa no se concretó, aunque el baterista Jason Bonham, el hijo de Bonzo, confirmó en julio pasado que el intento se hizo. “Estuvimos un año componiendo y armando todo y la verdad es que disfruté mucho de trabajar con Jimmy y John Paul. Fue muy divertido”, dijo el músico. Pero si Plant tiene pocas ganas de oír hablar de Led Zeppelin, hay miles que sí quieren oír hablar de Plant. Saber, por ejemplo, cómo conserva la voz potente de su juventud, acaso sin la estridencia, pero con el mismo fervor misterioso y profundo con que regala unos fraseos inverosímiles, unos agudos capaces de doblegar cualquier espíritu sensible.

El título del nuevo disco, Band of Joy, alude a la banda de blues formada en Birmingham en 1965, que Robert Plant lideraba antes de que se fundara Led Zeppelin, y en la que también estaba John “Bonzo” Bonham. Plant es el único sobreviviente de la agrupación original, pero decidió reinstaurar el nombre en su nuevo grupo de acompañamiento. “Band of Joy representa un intento por crear, diversificar y celebrar la gran dinámica de la escena musical de mediados de los ’60. Quería traerla de regreso al presente, a este punto en mi carrera”, dice Plant a propósito de su álbum, grabado en Nashville, producido por él mismo y el legendario guitarrista estadounidense Buddy Miller. “Me acerqué a Buddy porque es una especie de curador del museo del rock”, confiesa el cantante. “Con su colaboración encontré la sección rítmica ideal para el proyecto. La mezcla e interacción que surgen del bajo y la batería son esenciales para hacer que estas canciones vivan en otra parte.”

“Las diferentes experiencias que he vivido durante los últimos años me han acercado al tipo de conocimiento musical y técnico de Nashville”, sigue el ex Zeppelin. “Está ahí, listo para ser desempolvado. Así lo pensé, la mezcla entre acústico y poderosamente eléctrico.” El primer single es “Angel Dance”, de Los Lobos, un tema que al decir del intérprete inglés es “muy seguro de sí mismo y orgulloso”. La canción dice que “mañana llegará un nuevo día y podremos correr y jugar... / todos se han ido adonde pertenecen / vamos a cantar nuestra canción...” Y Plant comenta: “Una letra como ésa es una gran forma de abrir la puerta a esta etapa particular de la carrera tan diversa que he tenido”.

El repertorio es variado y de diversos orígenes. Está la canción “You Can’t Buy my Love”, sacada de un álbum de los ’70 de un músico llamado Bunger Joe. “El disco se llama I Wish I Could Sing y el tema es la respuesta a ‘Can’t Buy Me Love’, de Lennon y McCartney. Me pareció muy linda, es como una canción pop, así que le agregué un puentecito con ‘uh uh uh’ y te lleva directamente a lo que se hacía en 1963. Abrís la puerta y entra gritándote.” La banda formada por Plant –que incluye a Buddy Miller, Byron House, Darrell Scott, Marco Giovino y Patty Griffin– hace también “Falling in Love Again”, una gran balada negra de The Kelly Brothers, con todo el estilo de 1964. “Es una canción hipnótica que permite incorporar coros. Si uno analiza mi carrera, nunca hubo suficiente tiempo para agregar otras voces a la mía. Los coros se usaron muy poco en Led Zeppelin. Para este tema, fue genial tener los coros y adosarle un profundo tono de barítono, que le da un carácter muy particular.”

La hermosa voz de la estadounidense Patti Griffin deslumbra en la versión de “Monkey”, del grupo indie Low, formado en Minnesota en 1993. “Ella se acercó a la canción con una forma libre y directa. Fue perfecta”, dice Plant. En la reciente gira que el cantante hizo por Memphis para presentar el disco en vivo, hizo “Monkey” sin Griffin e igual sonó impresionante, con un dejo melancólico y una cadencia amorosa y envolvente que el genial Miller intensifica con unos riffs inolvidables. En el disco, Plant y Griffin también hacen otro tema de Low, “Silver Rider”, seco y evocador, de un rock a media máquina, inspirado en el blues y el folk estadounidenses. Miller le puso banjo a la versión de “Satan your Kingdom Must Come Down”, la canción desoladora y absolutamente adictiva de la banda alt-country Uncle Tupelo, que el ex Zeppelin canta como si estuviera adentro de una iglesia, a un tempo mucho más lento que la grabación original.

Está la balada folk “Cindy, I’ll Marry You Some Day”, y un punto alto del disco sin dudas lo constituye la interpretación de “Central Two-O-Nine”, un tema triste y oscuro de Townes Van Zandt (1944-1977), el cantautor texano maníaco-depresivo y alcohólico que inspiró, entre otros, a Bob Dylan. De Van Zandt, Plant también hace “Harm’s Swift Way”. “La canción te toma por sorpresa y te destroza. Es una pieza muy sombría. Pensé si habría una forma diferente de hacerla. Queríamos convertirla en algo que no fuera necesariamente un monumento a su autor, sino en una reflexión diferente de su trabajo”, cuenta el cantante. “‘Central Two-O-Nine’ es la reinterpretación de muchas canciones geniales que cambiaron mi vida, incorporadas en la misma pieza. El enigma alrededor de la historia de Van Zandt sigue abriéndose ante mí diariamente. Toda su visión de compromiso sobre lo que se debe hacer todos los días para sobrevivir es espectacular. La sensibilidad y también la futilidad del asunto. ¿Realmente importa si asimilamos este compromiso?”, se pregunta Plant. Y acaso la mejor respuesta positiva sea su formidable disco.

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