Mié 19.05.2010
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CINE › LUIS BARONE Y ZENITRAM, LA PELíCULA QUE SE ESTRENA MAñANA

“Este no es un superhéroe devaluado”

Coautor del guión junto a Juan Sasturain y Jesús de la Vega, el director traza un perfil del héroe argentino, que lucha por el agua, se transforma utilizando el olmediano “¡De acá!” y no puede evitar que los políticos y los medios lo usen y tiren.

› Por Oscar Ranzani

Si hay que hablar de la tierra de los superhéroes, ineludible es la mención a Estados Unidos, verdadera factoría de personajes sobrehumanos. Pero Argentina ya tiene el suyo: se llama Zenitram y, a diferencia de los clásicos, no es invulnerable. Zenitram se titula también el largometraje de ficción, dirigido por Luis Barone, que se estrena mañana. El nombre del superhéroe es el vesre de Martínez, el apellido del elegido para transformarse: un muchacho recolector de basura (Juan Minujín) que un día pierde su trabajo, y en un baño público de Constitución se topa con su nuevo destino que le permitirá volar y dominar el poder del agua, que escasea terriblemente.

Situado en la Buenos Aires de 2025, el film muestra que el agua está en manos de corporaciones multinacionales que bloquearon el acceso gratuito a la gente. La misión del superhéroe, entonces, consistirá en modificar esa situación y que el pueblo pueda volver a tener el preciado elemento. En medio de su batalla, deberá sortear la utilización política de su figura por parte de un gobierno populista (el presidente, interpretado por Daniel Fanego, lo nombra “Ministro de Asuntos Excepcionales”) y enfrentarse a la consagración y degradación de los medios de comunicación. Basado en un cuento del escritor y periodista de Página/12 Juan Sasturain, el guión del film fue escrito por el propio Sasturain, junto con Barone y el español Jesús de la Vega. “Zenitram era una marca de depósito de agua. Ahora no hay tantos, pero cuando yo era más joven en todos los baños de los bares se veía el depósito de Zenitram. De allí inventó Juan el nombre del superhéroe”, afirma Barone, quien sostiene que el proyecto del largometraje “comenzó en 2001”.

–¿Qué vio de cinematográfico en el cuento?

–La situación era bastante cinematográfica, bastante de género, y contenía un boceto de quién podía ser el superhéroe, pero no daba demasiados datos. Y hubo que construir quién era ese superhéroe. Zenitram vuela, tiene superoído, superfuerza, pero no es invulnerable. Volar le da miedo y para superarlo tiene que ayudarse con una droga, como una manera de contrapesar ese momento de vértigo. Es un superhéroe en un momento en que está aprendiendo a usar sus superpoderes. El no los sabe usar hasta el final de la película: recién ahí descubre sus superpoderes en plenitud.

–¿Cómo fue el trabajo de escritura del guión junto a Sasturain y De la Vega?

–Fue divertido. Con Juan fuimos a España, nos encontramos con Jesús, que estaba interesado en el libro y le había gustado un primer boceto. Los españoles se interesaron en participar en la producción. Después, Jesús vino muchas veces a la Argentina. Fue un trabajo agradable en el que comimos, bebimos y escribimos.

–¿Cuáles son las principales diferencias entre un formato y otro?

–En realidad, Juan y yo teníamos una sensación más negra de la película que Jesús. El aportó todo el paso de comedia que tiene el film, que es muy bueno y que finalmente sentó muy bien. Con Juan habíamos pensado en algo más de género. Y mucho del humor que tiene Zenitram es por el aporte de Jesús.

–¿El film parte de una premisa de ciencia ficción para hablar de temas actuales?

–El tema del agua aparece porque utilizamos personajes de otra novela de Juan titulada Los sentidos del agua. Cuando nos pusimos a investigar alrededor del tema del agua, nos dimos cuenta de que todo lo que fantaseábamos para la ficción era muy pequeño alrededor de lo que, en realidad, estaba sucediendo. De allí salió un subproducto que dirigió mi mujer, Mausi Martínez, que es el documental Sed, invasión gota a gota. Eso salió de la investigación sobre Zenitram. Por ejemplo, descubrimos el acuífero Guaraní y nos conectamos un poco con toda la temática geopolítica de los recursos naturales.

–¿Zenitram reflexiona metafóricamente sobre la defensa del medioambiente y de la calidad de vida?

–En realidad, no hay una reflexión en torno de eso, sino que está como contexto. Está sólo el hecho contundente y un poco brutal de esa imagen donde se pasa una tarjeta de crédito por la canilla para que salga un chorrito de agua.

–El film también parece reflexionar sobre dos aspectos muy en boga en estos tiempos: el aprovechamiento político y mediático de una situación inusual. ¿Considera que es la parte más realista de la película?

–Creo que sí. El film pivotea sobre una dinámica de las tres M: masas, mitos y media. Es decir, pivotea sobre la dinámica que en la sociedad moderna se produce sobre esos tres elementos como articulación de la realidad y como partes inevitables para definir qué sería la realidad.

–A diferencia de los grandes superhéroes que tienen características sobrenaturales, Zenitram está más humanizado, al punto de que comete errores. ¿Por qué lo pensaron así?

–Nos imaginamos cómo sería la idea de un superhéroe argentino.

–¿Un superhéroe devaluado?

–No creo que devaluado, sino que formara parte de esta realidad. O sea, cómo sería el cotidiano de este superhéroe. El rito de transformarse consiste en agarrarse los genitales y decir: “¡De acá!”. Superman se mete en la cabina telefónica, Batman tiene la baticueva y baja para allí, y Zenitram, al transformarse, tiene el gesto rosarino de Olmedo, el famoso “¡De acá!”. Ese es el punto de partida para pasar a ser el “otro”, para convertirse en el otro lado de su espejo.

–El film también pone en evidencia el cuestionamiento a los ídolos: Zenitram primero es amado y, en determinado momento, es vapuleado.

–Más que el cuestionamiento sería el tratamiento de los medios en la construcción y deconstrucción de los ídolos. Es un poco como le sucede a Diego Maradona habitualmente: los medios lo ponen arriba, lo ponen abajo. Imagínese que nosotros cuando empezamos a escribir el guión de esta película fue en 2002: todavía estaba la sensación de esos medios omnipotentes, monopólicos, definiendo la realidad política y armando en función de eso. Hoy ese es un escenario que ya lo vemos un poco más resquebrajado y fisurado. Los acontecimientos políticos de los últimos meses han puesto muy en evidencia esa dinámica y esa participación de los medios en la construcción política. Entonces, hoy tal vez no sorprenda tanto que los medios participen de una operación política para devaluar al superhéroe del momento, en combinación con sectores de la política o del poder económico. Eso es lo que se cuenta en la película.

–¿Y dónde radica el verdadero poder: en Zenitram o en las corporaciones?

–Según la película, reside en Zenitram. El termina realizando un milagro y logra conocerse, asumirse, transformarse y convocar a la energía de forma tal de diseñar un nuevo mundo, de entrar a una nueva dimensión de la realidad. Pero toda solución trae un nuevo problema en su interior. Esa es la dinámica de transformación de Zenitram y allí reside el poder de cuándo usar eso oportunamente.

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