Sáb 20.08.2011
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VIDEO › EDICIóN LOCAL DE UNA LOCA CONVENCIóN Y AMOR POR CONTRATO

Dos comedias con final feliz

Ambas arrancan con un espíritu revulsivo –una empieza con un suicidio y la otra es una sátira al hiperconsumismo estadounidense–, pero hacia la mitad sucumben a la costumbre hollywoodense de convertir todo en “modelos de vida”.

› Por Horacio Bernades

“Todo está bien si termina bien.” Hollywood siempre se tomó muy al pie de la letra el título de la obra de Shakespeare, y por lo visto lo hace cada vez más. Las películas que se producen en aquellas colinas pueden ser ácidas, irreverentes, subversivas incluso... pero sólo durante un rato. Hasta la mitad, más precisamente. De allí en más todo comienza a revertirse, hasta terminar borrando con una mano lo que se escribió con la otra. Lo que importa es que al final, el orden establecido, sus instituciones y valores queden en pie, como si lo que se quisiera fuera no ofender a los votantes del Tea Party. Esa doble moral se vuelve particularmente visible en las comedias, por la sencilla razón de que ése es el género potencialmente más subversivo de todos. Un ejemplo reciente en cine: Loco y estúpido amor, que empieza con la muerte del amor matrimonial y termina con su resurrección. Dos ejemplos flamantes en DVD: Cedar Rapids, que Fox Video lanzó con el título Una loca convención, y The Joneses, que para el mercado local AVH tituló Amor por contrato.

Una loca convención comienza con el suicidio de un tipo al que se le fue la mano con la práctica del estrangulamiento erótico, mientras que en una de las escenas iniciales de Amor por contrato, la hija veinteañera se mete en la cama matrimonial del padre, sin intenciones de dormir la siesta. ¿Cómo es, entonces, que la primera deriva a una miniépica de dignidad personal, y la segunda termina con la formación de una pareja, y su renuncia a la vida de lucro e interés que hasta entonces habían llevado? Muy sencillo: a cierta altura de su transcurso, ambas resultan infectadas por lo que podría llamarse “virus del modelo”, no en referencia a un sistema político, sino a la costumbre hollywoodense de convertir todo en “modelos de vida”.

Con puntos de contacto con Virgen a los 40, ¿Qué pasó ayer? y la mencionada Loco y estúpido amor, la premisa de Una loca convención pasa por la educación sentimental, sexual y hasta política de un hombrecito que parece no haber salido nunca del útero materno. Encarnado por Ed Helms (el dentista de ¿Qué pasó ayer?), este empleado de seguros es enviado por su compañía a una convención anual, con la misión de volver a ganar la medalla al mérito con la que resultaron premiados tres años seguidos. En Cedar Rapids, Tim –suerte de Forest Gump sin caja de bombones– perderá su inocencia y hasta su (casi) virginidad, a manos de un colega zarpadísimo ( John C. Reilly), una colega zarpadísima (Anne Heche) y un superior bastante menos virtuoso de lo que pretende hacer creer (Kurtwood Smith).

Dirigida por el boricua Miguel Arteta (autor de un par de iconos del cine indie, como Chuck & Buck y The Good Girl), durante toda su primera mitad Cedar Rapids propone el goce de la transgresión (lúdica, pero transgresión al fin), para ir encaminando las cosas al reino de la Resolución Ejemplar. Amor por contrato es, a su turno, lo que se llama “película de concepto”. El concepto es el siguiente: una familia de gente linda, sexy y recontramillonaria (David Duchovny, Demi Moore, Amber Heard y Ben Hollingsworth) se muda a una zona residencial, de ésas en las que no tener una mansión parecería el peor de los pecados. Rápidamente, los Jones se convierten en los más populares de la zona y sus riquísimos vecinos empiezan a desear lo que ellos tienen, desde el calzado hasta el Audi, pasando por todos los accesorios, gadgets y productos imaginables. Que es, justamente, el motivo por el cual los Jones fueron enviados allí.

Sí, fueron enviados: los Jones no son una familia sino los miembros de un equipo de ventas, que simulan ser tales para venderle todo a la gente del lugar. ¿Sátira al hiperconsumismo yanqui? Obviamente. Pero sólo hasta la mitad, momento a partir del cual el amor y la virtud empezarán a hacer de las suyas... deshaciendo todo lo que la película había construido. Lo cual confirma que, tratándose de Hollywood, todo está mal si termina bien.

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