Sáb 07.10.2006
espectaculos

CINE

el recuerdo de los colegas

- Víctor Laplace (actor): “Se va extrañar mucho, porque fue un hombre que se acercó al cine desde la literatura. Siendo escritor, se acercó desde ahí al cine y sabemos que es una carencia que tiene el cine: los autores, los verdaderos escritores. En lo personal también es una gran pérdida, porque tuve una relación de amistad por haber hecho Horacio Quiroga, un trabajo magnífico que hicimos hace veinte años. Y Flop... El trabajo con él era fantástico, extraordinario, muy placentero. Con mucho humor y mucha certeza decía cosas muy buenas para el trabajo actoral, y era muy compañero del trabajo de los actores, amaba mucho nuestro trabajo. En Flop ensayamos en el teatro Cervantes los primeros pasos de esa película extraordinaria, con la que ganamos premios afuera y adentro. Y la manera en que él se asomaba a los personajes era muy arriesgada en cuanto a la gestualidad, y me hacía unas marcaciones muy fantásticas para componer el personaje. Era muy austero y cuidadoso en cómo decía las cosas, un espíritu muy sensible. Cuando hicimos Horacio Quiroga, terminábamos de filmar y nos íbamos a jugar al fútbol con todo el equipo. Era muy amigo del equipo, de los técnicos, muy compañero de los actores, muy de hablar los trabajos, muy obstinado, no regalaba nada, muy cuidadoso del trabajo y, a la vez, muy divertido y muy humano. Esto lo convierte en una de las personas que más voy a extrañar en mi vida y en mi profesión”.

- Santiago Carlos Oves (guionista y director): “Los dos somos hijos únicos, así que puedo decir que desde que lo conocí era una especie de hermano mayor. Era un tipo talentoso para vivir y hacer lo que hacía, por lo cual yo sentí bastante admiración. Siempre dejó una estela de gran ternura. Además de la pasión, siempre dejó en cualquiera de las películas y audiovisuales que hizo un testimonio de ternura, porque era un tierno. Tenía un gran humor: parecía un tipo serio, pero tenía un humor maravilloso, trabajar con él era muy divertido. En el trato cotidiano era amable. Si de repente no le gustaba algo, era muy pudoroso. Jamás se pasaba de la raya, tenía una especie de medida y altura para plantear momentos ásperos. Dejó obras muy importantes: se perdió un peso pesado del cine argentino. Por sobre todas las cosas, más que un cineasta era un ser humano extraordinario”.

- Graciela Maglie (guionista): “Era un creador extraordinario, mi maestro, con quien aprendí a escribir guiones. Era un tipo muy generoso intelectualmente. Yo empecé trabajando como investigadora cuando empezó la democracia, y rápidamente quiso integrarme al mundo del guión e hicimos juntos Flop. El había hecho Evita, quien quiera oír que oiga, y me había convocado como socióloga. Así empezó nuestro vínculo profesional. No amistoso porque yo lo conocía desde mi adolescencia, desde antes que se fuera al exilio. Fue toda una vida de amistad y de colaboración. Es indescriptible su pérdida, porque está asociada a una larga vida. Era un director estupendo y, además, un excelente escritor de narrativa, un excelente guionista. Y un tipo sensacional, muy vital, gracioso, simpático. Trabajamos muchos años, incluso compartiendo el espacio físico: nos dedicábamos a escribir guiones para España y él hacía documentales para TV, docudramas como se llamaban en esa época. Básicamente, era una fiesta: los momentos de risa más grandes de mi vida los recuerdo trabajando con él. Como realizador aportó un cine muy sensible, con mucha fluidez narrativa, algo que tenía en la literatura. Lo que me apacigua un poco el dolor que tengo es que fue un tipo que se dedicó a lo que le gustaba: a dirigir y a escribir guiones”.

-David Blaustein (cineasta): “Nos conocimos en la época de Evita... Era un tipo de una inteligencia fuera de lo común y de una enorme calidez, creo que lo que voy a extrañar es esa calidez, las tertulias con él. Era un conversador, a su estilo un tipo excepcionalmente comprometido. Me entristece mucho pensar quién va a hacer ahora La rabia, que se iba a tratar de los bombardeos a la Plaza de Mayo. Me entristece pensar que ese proyecto quede trunco, u otro como La señal. Me parece terriblemente injusto que hayan desaparecido dos hombres como Eduardo y Fabián Bielinsky. Es horripilante hablar de los amigos que se mueren, uno no está acostumbrado a enterrar a los amigos de su edad”.

- Aída Bortnik (guionista): “Lo conocí en el exilio en 1976, cuando él estaba trabajando con Lautaro Murúa en la segunda película sobre La Raulito. Me invitaron a participar y fui a varias reuniones, pero después decidí que no era el proyecto que quería hacer. Lo conozco desde entonces, era enormemente inteligente... Es autor de Cuatro cajas, cuentos con los que ganó un premio y que, leídos todos juntos, forman una novela. Escribía exquisitamente, y era un director interesante. Era alguien muy bien dispuesto para el trabajo en equipo: era muy agradable trabajar con él, sabía escuchar y explicar sus ideas. Yo le dije alguna vez que me apenaba que no siguiera escribiendo, no porque no me gustaba como director sino porque creía que como escritor alcanzaba alturas enormes”.

- Tristán Bauer (cineasta): “Un cineasta de una enorme sensibilidad humana, que supo vincular como pocos artistas el mundo del cine y la literatura. Estoy hecho mierda, muy golpeado. La muerte de Mignogna es un golpe tremendo para todos los que hacemos cine en la Argentina. Era un cineasta de enorme sensibilidad humana. Tenía un trabajo muy profundo con los actores, sacaba lo mejor de ellos y lograba transmitir el mundo de pequeñas relaciones que había entre sus personajes. Estaba muy entusiasmado con la preproducción de La señal, que era un policial negro porteño ambientado en los ’50. Era un gran tipo, siempre abierto y muy solidario. En España poseía un reconocimiento extraordinario, mientras que acá no lo estimaban tanto como se merecía”.

- Inés Estévez (actriz): “Estoy muy shockeada. Era un tipo muy demostrativo y muy sensible, y fue muy discreto con el tema de su enfermedad. Lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en él es el clima de amistad que generaba en la filmación. Cuando empezábamos a filmar temprano, a media mañana hacía traer una picadita para todo el mundo... Era un tipo que disfrutaba mucho de la vida. Viajamos juntos a San Sebastián por La fuga y recuerdo su hedonismo, su capacidad de disfrutar de cenas interminables entre amigos. Era una persona extremadamente cálida y el clima de rodaje siempre era distendido. Nunca lo vi enojado. Tenía la sonrisa fácil y era muy contenedor a la hora del trabajo. Es una gran pérdida”.

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