Vie 29.07.2011
las12

EL MEGáFONO)))

¿Hogar, dulce hogar? Hoguera, sedienta hoguera

› Por Silvana Trotta *

A las mujeres les queman las palabras en las gargantas anudadas de te quieros y monstruos. Balbucean delirios de justicias vanas y no creen en los crímenes pasionales de las novelas rosa de la tarde, ni de los noticieros amarillos de la noche. Saben que los amores blancos ya no existen. Ni los besos lánguidos, sellando pactos de Cupido al que sólo le quedaron sus alas rotas.

Sirenas ensordecedoras serpentean las autopistas colapsadas, los corazones desgastados y dudan de las bellas mujeres desangeladas. Heladas están sus almas por orden judicial. Hirviendo sus nombres es letras de molde: Wanda. Fátima. Gladys. Natalia. Vanessa. Norma. Analía. O vos. O yo.

Falsamente maltrechos, irónicamente malheridos van los machos con sus doncellas en brazos. Las reinas del hogar balbucean dolorosamente leche en polvo y jazmines frescos. Mentiras verdaderas y vecinos ciegos en cuerpo y alma. La Inquisición moderna muestra su brutalidad antes del amanecer, en el primer noticiero diario. Durante el día, en cualquier lugar. A cualquier mujer. La casita de la villa puede mutar de hogar en hoguera. El chalet del barrio silenciado y silencioso, en el golpeteo ensordecedor del martillo de las brujas. El departamento modesto del hijo del bancario y buen vecino, del verdulero sonriente y prolijo, puede ser combustible para el inquisidor.

Vil paradoja. El fuego apaga el agua y apaga algunas, muchas mujeres, tatuadas con el estigma que legalizó el patriarcado. Las ingratas palabras del inconsciente colectivo inventan mitos acerca de su condición. Y a ellas las declaran culpables de portación femenina. Brujas, pecadoras, putas, santas, locas, enfermas, anoréxicas, raritas, faloperas, amas de casa inútiles, “andá a lavar las platos que no servís para nada”, “andá a cuidar a los chicos que es para lo único que estás”, “si no fuera por mí, no serías nadie”, “vos sos mía y con vos hago lo que quiero”.

El macho abraza un televisor encendido y le sube el volumen. Tiene la cínica certeza de que las brujas existen, pero nadie tiene por qué enterarse. ¿Hogar dulce hogar? Hoguera sedienta hoguera. El fuego apaga el agua, evapora el silencio de las falsas pecadoras y las condena a saciar inquisidores. A saciar noticias de falsos amores convertidos en ramas secas y leyendas urbanas de que lo que no te mata te fortalece.

La paradoja de Hestia (diosa griega del hogar y del fuego) sigue iluminando con ironía los noticieros y los pasillos infinitos hacia la guardia de los hospitales descascarados.

Primero fue hogar, después hoguera. La ceguera del macho arrebató la tibieza de las cortinas floreadas y las transformó en cenizas. También transformó en cenizas las súplicas. Los llantos. Los dibujos infantiles de acuarelas y crayones fluorescentes. Al rímel y al rush color caramelo. A los peluches agrietados por el humo que no saben pedir auxilio por la ventana. Que tosen polvo de inocencia desde los estantes del fin del mundo...

* Psicóloga social. Orientadora en Sexualidad Humana desde la perspectiva de género y diplomada en estudios de género.

Más información: www.expulsadadeleden.blogspot.com

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