Dom 14.08.2011
libros

El equipo revelación

Es probable que Eduardo Sacheri mantenga un halo de anonimato a pesar del éxito de películas y guiones que lo tienen como factor insoslayable. En su última novela, algo de las pequeñas grandezas más ocultas del fútbol son el pilar de una ficción entrañable y marginal.

› Por Juan Pablo Bertazza

En los 126 minutos que dura El secreto de sus ojos, hay una frase lanzada por Soledad Villamil que, por alguna razón, se fue destacando sobre las demás, acaso por resumir el corazón de la película: “Mi vida entera fue mirar para adelante, atrás no es mi jurisdicción. Me declaro incompetente”. Papeles en el viento, la tercera novela de Eduardo Sacheri, cuenta con una frase bastante similar, en un momento narrativo notable en que un matrimonio en pugna se reconcilia tras haber tomado su primera y última sesión de terapia de pareja, no porque hubiera sido buena, sino porque los dos se ponen de acuerdo en burlarse de la terapeuta: “Y al final feliz, porque lo de la terapia ha sido flor de un día y en el expediente caratulado como Soledad puede considerarse, si no absuelto, por lo menos sobreseído”. Estilos parecidos en lo que refiere a esa especial mixtura entre jerga tribunalesca y reflexión amorosa.

Sin lugar a dudas, el estilo Sacheri constituye ya un dominio registrado, aun cuando se trate de un escritor que es una especie de ghost writer de su propia obra, de su propio nombre. Aun hoy, con todos los resultados puestos, sería interesante averiguar cuántos de los espectadores record de la película dirigida por Campanella leyeron o incluso saben que detrás de la misma había un libro y un escritor que, además, fue el coguionista del film. Antes, Alejandro Apo había hecho conocidos algunos de los relatos tempranos de Sacheri en su programa de Radio Continental. Después, Aráoz y la verdad –con actuación de Diego Peretti y Luis Brandoni, y dirección de Gabriela Izcovich– emergía de la segunda novela de Sacheri. ¿Pero Sacheri es leído o sólo es entrevisto por estas disímiles adaptaciones? Además de haber ganado en cierta forma nada menos que un Oscar, ¿Sacheri es un gran escritor o una especie de apuntador que dispara ideas, argumentos y frases para que otros las acomoden al gran público?

Papeles en el viento. Eduardo Sacheri Alfaguara 413 páginas

Para empezar, Sacheri es un magistral escritor de fútbol, de todo lo que implica y proyecta su atmósfera, su estética y su recepción. El fútbol es el gran hilo conductor de toda su obra, aun en los momentos en que, a priori, menos lo parece: durante la primera etapa de su carrera, el fútbol es el tema por excelencia de sus libros de relatos; en Araóz y la verdad una absurda jugada que había mandado a un poderoso equipo a la B y luego a la extinción (¿Sacheri además es vidente?) era el desencadenante de una gran historia. En Papeles al viento, Sacheri repite un poco los juegos y paredes entre presente y pasado de El secreto de sus ojos, aunque con un tema mucho más similar al de Aráoz y la verdad, pero nunca deja de lado la pelota: luego de su muerte a causa de un cáncer, los amigos de toda la vida de El Mono –un treintañero que siempre había soñado con ser jugador y que lo terminan dejando libre en la cuarta de Vélez– descubren que poco antes de morir el frustrado crack había gastado todo su dinero en adquirir el pase de una supuesta promesa: Mario Juan Bautista Pittilanga, que tuvo su segundito de gloria al ser convocado a una selección sub 17 y que actualmente se desempeña en Presidente Mitre, equipo santiagueño del Torneo Argentino. Además de indagar en los vínculos de ese infalible grupo de amigos fanáticos de Independiente (club del cual es hincha su autor) que recuerda un poco a Río místico, de Clint Eastwood, basada en la novela de Dennis Lehane, el libro transcurrirá en torno de los actos entre miserables y heroicos, egoístas y generosos que los sobrevivientes realizan para tratar de recuperar la inversión de ese verdadero paquete.

Con un vértigo notable a la hora de contar y una estética tan marginal como atractiva, Papeles en el viento se luce además con montones de metáforas y referencias futbolísticas –peleas que se definen por penales, esa escena pospartido inefable que da título al libro– que, en su conjunto, coronan a Sacheri como un escritor argentino singular, personal e inconfundible de eso que se denomina la pasión de multitudes.

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